Un milagro salvó a los pasajeros del Fokker del TAM Ni una nube perturbaba el vuelo, hasta que se produjo una explosión que abrió un boquete en la nave. Dos pasajeros relatan los 15 minutos que desde ese momento estuvieron en el aire y la espera posterior por el rescate.
ANTES DE PARTIR • Un grupo de funcionarios de Transportes Aéreos Militares (TAM) sube el equipaje de los pasajeros a un avión Fokker, en el Grupo Aéreo de Caza, ubicado en la ciudad de El Alto. Una nave similar a ésta sufrió el accidente en Beni.
Una pareja de campesinos vio pasar por encima de su vivienda un avión a gran velocidad. Apresurados, llegaron hasta la carretera Guayaramerín-Puerto Siles (Beni), donde fueron testigos de un milagro: los 32 pasajeros y cuatro tripulantes del avión Fokker S-27 que cayó entre los árboles, estaban a salvo.
Ambos auxiliaron a los heridos, según Jimmy Ibáñez y Carlos Safady, dos de los pasajeros de la aeronave que por la explosión de uno de sus motores se precipitó a 400 kilómetros de Guayaramerín, el miércoles 23 de junio.
La nave Fokker S-27, de Transporte Aéreo Militar (TAM), con matrícula FAB 92, despegó de Guayaramerín (Beni, frontera con Brasil) a las 11.58 rumbo a Trinidad. Tras recorrer 170 millas, a las 12.20, advirtió a su base un problema en uno de sus motores y aterrizó en una estancia.
“No había ni una sola nube, ni un solo movimiento. De repente, sentimos una fuerte explosión a la izquierda del avión y vino una descompensación, se abrió un boquete grande, el viento entraba fuerte y dentro parecía un remolino”, relató Ibáñez.
Al interior el pánico se apoderó de la gente. Según el testigo, volaban papeles, maletines, las mujeres gritaban y otros pedían a Dios por sus vidas, algunos por sus familias.
“Empezó a descender en círculos, con bruscos movimientos, el piloto logró controlarlo, así pasaron unos 15 minutos. Sentimos un golpe y nos entramos al monte, fueron segundos de terror, fue indescriptible, pero gracias a unos árboles, paramos”, describió Ibáñez.
Eglen Núñez, los pasajeros dicen que nunca olvidarán ese nombre. Ella era la aeromoza. Con una serenidad impresionante, aplacó la desesperación de los pasajeros, los llevó a la parte trasera de la nave, los hizo sentar en grupos de tres y les puso los cinturones de seguridad.
La nave cayó semidestruida en el lugar, Eglen Núñez abrió una de las puertas de escape y habilitó el paso para la salida de los pasajeros, “llegué a pensar que en el aire se iba a desintegrar el avión, todo temblaba”, complementó Safady.
“Salté del avión y miré al lado del motor y ya no estaba en su lugar, sólo un hueco y pedazos de cable. La gasolina (jet fuel) salía a chorros, como una fuente de agua y las personas que saltaban por la puerta de escape salían bañadas de combustible y todos huían lejos”, precisó Ibáñez.
En medio de la desesperación, parecía que el avión iba a explotar. Muchos de los pasajeros, con la ropa mojada por el jet fuel, corrieron metros más allá, “gracias a Dios no ocurrió eso, no sabíamos dónde estábamos. Luego de una hora apareció un campesino con su señora y una bebé. Me llevaron hasta su vivienda y llamé a mi familia, en Guayaramerín, les dije que estaba bien”, explicó Safady.
Según los testigos, el rescate demoró más de cuatro horas. Las aeronaves de la Fuerza Aérea sobrevolaban la zona sin poder aterrizar. “Veíamos a las avionetas. No sé cómo llegó, pero ahí apareció el mismo comandante de la FAB (general Daniel Salazar)”, recordó Ibáñez.
Según Safady, el rescaté llegó poco después de las 16.00, “el avión de la Fuerza Aérea sobrevoló sobre nosotros y se fue hacia San Joaquín para aterrizar. Luego llegó otra avioneta pero no pudo bajar a la carretera. Otras dos naves sí pudieron, se llevaron a las personas más heridas y golpeadas”, acotó Safady. Para ambos, el desenlace fue “un milagro”. Pero relataron por separado que, aunque no se lamentaron pérdidas humanas, una mujer resultó gravemente herida.
Testimonios
“Todos gritaban y rezaban” JIMMY IBÁÑEZ. Pasajero del Fokker S-27
“El avión, desestabilizado, empezó a descender en círculos, con bruscos movimientos, no se lo podía controlar por el boquete que se abrió. Adentro volaban papeles, maletines, había un remolino, nos agachábamos para no ser golpeados por algo. Veíamos en la turbulencia que el avión descendía a gran velocidad, íbamos a aterrizar en una pista, sentimos el golpe, y nos entramos al monte, fueron segundos de terror, todos gritaban y rezaban. Terrible”.
“Fue un milagro, semejante altura” CARLOS SAFADY. Pasajero del Fokker S-27
“En el momento de la explosión se abrió el fuselaje del avión y todos entraron en pánico, había mucho viento y parecía que se iba a desintegrar el avión porque estábamos muy alto. La aeronave bajaba bastante rápido. Fue un milagro, imagínese, semejante altura que explote un motor, por qué no se desintegró, fueron 15 minutos de pánico. Todos los pasajeros salimos corriendo para evitar la explosión del avión, gracias a Dios eso no pasó, no sabíamos dónde estábamos”.