183 años de vida republicana Aunque en este largo tiempo transcurrido la madurez y la responsabilidad con la patria no termina de germinar en el alma de todos, el desafío de lograrlo seguirá latente, para hacer honor a que Bolívar proclamara a Bolivia como su Hija Predilecta.
Los bolivianos siempre han rendido en esta fecha un reverente homenaje al Libertador Simón Bolívar y al Mariscal Antonio José de Sucre, por haber sido los artífices de la creación de la República, en 1825. A 183 años de vida independiente, este tributo permanece invariable y tendrán que proponerse que continúe siendo así hasta el fin de los días.
Aunque en este largo tiempo transcurrido la madurez y la responsabilidad con la patria no termina de germinar en el alma de todos, el desafío de lograrlo seguirá latente, para hacer honor a que Bolívar proclamara a Bolivia como su Hija Predilecta y que Sucre, en su mensaje de despedida, después de gobernarla durante casi tres años, dejara el mandato de que se mantenga la integridad del territorio nacional.
En la mente y el corazón de los bolivianos se guarda, asimismo, el orgullo de haber tenido como el más fulgurante de sus gobernantes al Mariscal Andrés de Santa Cruz (1829-1939). Fue el genio o el hechicero verdadero de la construcción de la nacionalidad. Además, hizo del ejército boliviano una de las fuerzas más poderosas de Sudamérica.
Santa Cruz —no se sabe hasta hoy si fue para bien o para mal de Bolivia— concretó el sueño de su vida: crear la Confederación Perú-Boliviana. Pese a que se sustentaba en que ambas naciones tuvieron un pasado común, el intento fracasó.
En la celebración de este aniversario patrio cabe destacar a otro gigante que tuvo Bolivia: el general José Ballivián. Al ser el vencedor de la batalla de Ingavi, consolidó la independencia nacional.
Después de que se disolvió la Confederación y Andrés de Santa Cruz partió al exilio, el entonces presidente del Perú, Agustín Gamarra, invadió Bolivia, aprovechando el caos político en que este país se debatía. Gamarra no fue ajeno a la idea de Santa Cruz, pero rechazaba la posibilidad de que la unión fuera dominada por Bolivia.
Ante la inminencia de la invasión de Gamarra, los bolivianos optaron por deponer sus enconos y pusieron sus tropas al mando de Ballivián; entre ellos, José Miguel de Velasco y José Mariano Serrano. Con estos gestos, Bolivia enfrentó la agresión. La batalla se libró en la altiplanicie de Ingavi. Antes de que empezara, Ballivián arengó a sus soldados diciendo: "Los enemigos que veis al frente pronto desaparecerán, como las nubes cuando las bate el viento".
Era el 18 de noviembre de 1841 cuando, a poco de iniciadas las acciones, Gamarra fue alcanzado por un disparo, falleciendo de inmediato. Esto determinó que las tropas peruanas se dispersaran y huyeran en derrota. Ballivián las persiguió y ocupó las provincias peruanas de Tacna, Arica y Tarapacá. Estuvieron bajo su dominio seis meses y luego las abandonó, sin apoderarse ni de un metro cuadrado del Perú.
Ballivián gobernó Bolivia entre 1841 y 1847, continuando la obra de Santa Cruz. Entregó el mando de la nación a Eusebio Guilarte y se fue a Chile; luego estuvo en otros países, entre ellos Panamá, donde contrajo una enfermedad; murió en la pobreza y la soledad en Río de Janeiro, en 1852. No se sabe si empeñó o vendió la espada con la que combatió en Ingavi. Su nacimiento se produjo en una acaudalada familia de La Paz, en 1805. En Bolivia no se le erigió ni un monumento.