Las relaciones con Libia La cultura y la historia de ambos países son absolutamente distintas, pese a que el canciller David Choquehuanca haya asegurado que tenemos "muchas coincidencias". Sin embargo, se trata de una nación socialista, como aspira a convertirse Bolivia...
Está muy bien que Bolivia haya decidido establecer y mantener relaciones con todos los países del mundo, si es posible hacerlo. Pero lo que se debe tomar en cuenta es que las relaciones diplomáticas respondan, fundamentalmente, al beneficio que le reportarán al país en cuanto al intercambio económico y a la cooperación en diversas áreas, sin dar preferencia a la cuestión política.
El miércoles Bolivia, mediante un memorándum, estableció formalmente relaciones diplomáticas con la República Árabe Libia Popular y Socialista, que, desde 1970, gobierna Muammar Gadafi, militar que un año antes había derrocado al rey libio de la dinastía de los sanusíes.
Parte del imperio otomano, Libia fue escenario de operaciones militares durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, habiendo, antes de este último conflicto, en 1939, quedado incorporada al reino de Italia. Al final de la lucha, los vencedores Estados Unidos y Gran Bretaña establecieron bases en Libia hasta la proclamación de su independencia.
Muammar Gadafi revolucionó la región imponiendo una política antinorteamericana y muy proclive a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Luego de algunas acciones políticas que tuvieron importancia en el Mediterráneo y en sus vecinos, con quienes intentó, infructuosamente, conformar confederaciones árabes, Gadafi se separó de los conflictos armados y su actitud es ahora más conciliadora y pacifista, después de largos años de terrorismo que le fueron imputados a su gobierno y personalmente a él.
Ciertamente, fuera de la enorme distancia, existe muy poco que pueda aproximar a Bolivia y Libia y que no sea la buena voluntad. Libia es una nación donde el 90 por ciento de la población profesa la religión musulmana, en tanto que los cristianos no llegan siquiera al 1 por ciento.
La cultura y la historia de ambos países son absolutamente distintas, pese a que el canciller David Choquehuanca haya asegurado que tenemos "muchas coincidencias". Sin embargo, se trata de una nación socialista, como aspira a convertirse Bolivia en la presente gestión del presidente Evo Morales, y es una región de enorme potencial petrolífero, de donde se podría obtener alguna cooperación técnica.
Hace un año, Bolivia estableció relaciones diplomáticas con Irán, lejano y distinto también. Se definió que habría una cooperación en áreas tan discutibles como la ganadería. Hasta hoy, no se ha sabido de esa colaboración ni de otras inversiones. Es de esperar que con Libia no ocurra lo mismo y que todo no quede en un simbolismo antiimperialista.
Las relaciones internacionales son producto de la decisión de los gobiernos, sobre todo, de los jefes de Estado. Si el Presiente cree que los vínculos políticos priman sobre la economía, es un polémico punto de vista que puede ser discutido; mientras tanto, es mejor fortalecer las relaciones con las naciones que compran productos bolivianos, como los casos de Estados Unidos y Perú, y, simultáneamente, si se quiere y las posibilidades lo permiten, ampliar la acción diplomática a naciones más lejanas, que indudablemente son importantes, ricas y no existen motivos para ignorarlas.