Momentos difíciles para el país Por el momento, tienen la responsabilidad de frenar la violencia contra las instituciones públicas. Un gesto de desprendimiento de parte de todos los actores devolvería la esperanza a los bolivianos de que se preservará la obra de los libertadores.
A dos semanas del referéndum revocatorio, queda claro que el resultado no podía haber sido peor para el país. Hay un absoluto ganador nacional y, también, cuatro nítidos ganadores regionales; ambos tienen actitudes triunfalistas y han llevado el estado general de las cosas a un punto de quiebre. En ese sentido, los desafíos políticos son grandes.
El Gobierno se ha radicalizado en su posición, a tal punto que anuncia no solamente su intención de seguir echando mano de los recursos del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) que reclaman las prefecturas, sino de realizar un nuevo referéndum, esta vez para aprobar la Constitución Política del Estado (CPE) que incluye la reelección del Presidente.
Los prefectos de Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija, por su lado, también han endurecido su postura, con una estrategia de presiones para lograr que el Gobierno les devuelva los recursos del IDH. Las primeras reuniones de los prefectos ratificados en esos departamentos permiten avizorar que se proponen apelar a todo tipo de armas para lograr sus objetivos.
En el mundo, este panorama ha creado confusión, pues no se entiende cómo el presidente Evo Morales, con 67 por ciento de apoyo nacional, no pueda gobernar con la comodidad que correspondería a tan holgada cifra. En el exterior, al igual que en la misma Bolivia, surgen especulaciones sobre la posibilidad de que el país termine, peligrosamente, dividido.
El momento es especialmente difícil porque Morales está seguro de que ahora podrá imponer su texto de CPE, que es resistido por la oposición. Con el apoyo masivo en La Paz, Oruro y Potosí, podría derrotar a una eventual negativa de los demás departamentos. Una votación casi unánime de las regiones del occidente acabaría imponiendo una CPE a todo el territorio boliviano.
Si bien en las últimas horas voceros gubernamentales han afirmado que podrían aceptar algunos cambios en el texto de la CPE aprobada por el MAS y sus aliados en Oruro, los anuncios de estas concesiones son cada vez menos explícitos y parecen mostrar, por el contrario, un avance en las posiciones radicales del oficialismo.
Desde las regiones opositoras, a su vez, no hay visos de ceder ante las pretensiones del Gobierno. Incluso, líderes de Beni y Santa Cruz, como el presidente del Comité Cívico de este último departamento, Branko Marinkovic, se han arriesgado a plantear el debate acerca de la implantación del federalismo en sustitución del actual Estado unitario.
Todo esto angustia a los bolivianos. La esperanza de que surja una voz que proponga escenarios de diálogo para no agravar más la situación, cuando se registran casos de violencia alentados por grupos de choque del oficialismo y de la oposición, se ha ido diluyendo. Se han impuesto los triunfalismos.
Los líderes de ambos bandos deben meditar sobre este momento. ¿Vale la pena un triunfo a costa de que el país se divida? ¿O es mejor hacer concesiones, llegar a entendimientos, aceptar que Bolivia es diversa y desterrar imposiciones?
Por el momento, tienen la responsabilidad de frenar la violencia contra las instituciones públicas. Un gesto de desprendimiento de parte de todos los actores devolvería la esperanza a los bolivianos de que se preservará la obra de los libertadores.