He pasado unos pocos días en Sao Paulo, invitado para la magnífica Bienal del Libro, y no he podido menos que admirar lo que todos ya sabemos: Brasil va camino de convertirse en potencia mundial. El presidente Lula, socialista desde sus años de obrero metalúrgico, transita por su segundo mandato dedicado a dos asuntos: aliviar la pobreza de su pueblo (ha mejorado la situación de varios millones de brasileños); y dos, no destruir el sistema productivo del Brasil, y, más bien, hacerlo crecer manteniendo una relación estrecha y amable con los poderosos empresarios. En el campo internacional se muestra como el socialista que es, siempre que eso no afecte los negocios multimillonarios que realiza su país. Hombre inteligente.
Mientras en Brasil Lula conduce una política real, en Bolivia Evo Morales aplica el realismo mágico, que en literatura puede ser atractivo, pero que en política es mortal. Evo Morales es, sin duda, un personaje del realismo mágico: trompetista, futbolista, cocalero, sindicalista, bloqueador de caminos, diputado, candidato, y ahora Presidente. ¿Cuándo aprendió a gobernar? ¡Jamás! ¿Quién le pudo enseñar algo? ¡Nadie!
El presidente Lula tiene un equipo de ministros —muchos del Partido de los Trabajadores— que tienen un nivel superior. Y asesores que conocemos y saben de lo que hablan. Mientras que en el gabinete de S.E. las flaquezas son muy grandes y sus asesores, peores. Ni siquiera se podría decir que sea gente del Movimiento al Socialismo, que se las juegue por él. Para qué hablar de sus asesores extranjeros que, sin futuro en sus propios países, se han asentado en Bolivia como unos cráneos privilegiados. Y claro, con el mediocre entorno masista que tiene S.E. estos ´asesores´ brillan.
Y así es como marchamos, provocando, amenazando, haciendo política mezquina, roñosa y sin deseo de gobernar. A S.E. lo único que le interesa es permanecer en el poder todo lo que pueda. Dentro de su realismo mágico es un enamorado del poder y si se lo nota, a veces, malhumorado o con la mirada torva, desconcentrado, es porque se le están cruzando por la mente incertidumbres negras como cuervos, sobre si va a poder conservar el mando como el personaje de El Otoño del Patriarca o como el de La Fiesta del Chivo.
A propósito de los ´asesores´ de S.E., a mi regreso de la Bienal de Sao Paulo (donde se presentó la traducción al portugués de uno de mis libros), me encontré con una nota furibunda en contra mía. La escribía un periodista adulón que tiene apellido de pasta italiana, de espagueti, que produce apetito: Stefanoni. Se trata, como no puede ser de otro modo, de un zurdillo más, que, ciertamente, Lula no lo admitiría ni a cien metros a la redonda de Planalto. Pero aquí es un genio que lo disputan hasta en los canales de la televisión. ¿Cuánto más durará esto, no?
*Manfredo Kempff S. es escritor y diplomático.
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