Nacidos para triunfar. Así los calificaron a los hermanos Pavol y Peter Hochschorner, auténticos pura sangre para navegar en corrientes indomables. El piragüismo tiene apellido en estos eslovacos, que ganaron su tercera oro.
El poderío eslovaco fue total en aguas bravas con los éxitos de Elena Kaliská en C1 y Michael Martikan en K-1, ambos acapararon el oro.
En la modalidad de aguas tranquilas, no hubo control ni hegemonía y las conquistas fueron más dispersas entre húngaros, bielorrusos, austriacos, rusos, chinos, españoles, ingleses y alemanes.
La gloria olímpica la marcaron dos españoles, los nuevos campeones olímpicos Saúl Craviotto y Carlos Pérez, imparables en sus kayak.