Evo Morales estaba en estas horas a punto de entrar en la historia como el presidente que dividió a Bolivia. En el futuro no se hablará de su ropa especial o de su supuesto origen indígena, sino de que fue el destructor de Bolivia. El Gorbachov de los Andes.
Además de este “aporte” a la geografía sudamericana, Evo Morales dejará como herencia graves problemas para este territorio.
En su mandato renunció a la reclamación boliviana de contar con un acceso al Pacífico. Este tema, que se repetía en todos los mensajes bolivianos desde que Chile invadió el territorio costero en 1879, ha sido borrado de la agenda del gobierno de Morales.
A cambio de eso, no ha conseguido absolutamente nada de Chile. Sólo una propuesta, hecha en el parlamento de ese país, por la cual Bolivia tendría un acceso al Pacífico siempre y cuando entregue, a cambio, un territorio similar en el Trapecio Man Césped, junto a la Hidrovía. Otra entrega de territorio boliviano a Chile es la propuesta. Ninguna concesión ni reparación; otro desmembramiento.
En el otro extremo, en Brasil, el presidente Morales dejará un gran problema también. El país vecino había decidido construir dos represas sobre el río Madera, tan cerca de Bolivia que iban a inundar territorio boliviano. En compensación, los proyectistas habían propuesto la construcción de reclusas que tendrían el propósito exclusivo de dar acceso navegable a Bolivia hasta el Amazonas. Tan poca importancia prestó el gobierno de Morales a este proyecto, que ahora la empresa Odebrecht está avanzando en la construcción de las dos represas, pero ya sin las esclusas. Fueron eliminadas porque encarecen el proyecto, sin motivo alguno, pues Bolivia no mostró interés en las esclusas.
Es decir que Bolivia seguirá sin acceder al Amazonas pero tendrá, a cambio, un lago gigantesco en los departamentos de Beni y Pando. Un mare nostrum, regalo de Brasil.
Y ese favor hecho a Brasil, será a cambio de nada. Ni siquiera le regalaron un caballo como habían hecho con Melgarejo en 1867 a cambio de territorios, casualmente, sobre el río Madera y sobre el río Paraguay.
No hay salida al mar por el Pacífico pero tenemos un mar en el Beni, como herencia de Evo. Parece que quienes diseñaron su política exterior tenían alguna confusión. El mar, señores, tenía que estar del otro lado del mapa de Bolivia, no en el Beni.
Ahora queda lo peor: la división del país, que había sido anunciada por Román Loayza antes de la Asamblea Constituyente. Este mentor ideológico de Morales había dicho que la refundación de Bolivia iba a comprender el cambio de nombre: República del Kollasuyo. El proyectista se cayó de cabeza y pareció que había perdido, además del conocimiento, el ímpetu por dividir el país.
Pero poco a poco los asambleístas del MAS le fueron dando la razón. El proyecto está completo. La República del Kollasuyo está naciendo. Ahora, con la ventaja de contar en su territorio con La Paz y Cochabamba, que hasta hace poco estaban con prefectos opositores. Los dos departamentos productores de coca no podían estar fuera del proyecto. La coca será la base económica de la nueva república.
El resto del país seguirá llamándose Bolivia.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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