Bolivia logra altura en Río Bolivia empató con Brasil en un reconfortante resultado. Marca, orden y garra fueron los argumentos. La selección sacó un punto por segunda ocasión.
Ya sonó el silbato del ecuatoriano Intriago y es tiempo de la alegría. Arias, Flores, Robles, Raldes, Escobar y Gutiérrez se funden en un abrazo.
La actitud guerrera en la marca, el orden táctico y el cambio de mentalidad demostraron que Bolivia es capaz de conseguir un gran resultado, tal como ocurrió anoche en Río de Janeiro, cuando empató con Brasil 0-0 y dejó al gigante mundial sin bailar la samba que su torcida esperaba.
El desempeño de Bolivia no fue casual, aunque sí insólito. Pese a jugar con un hombre menos casi todo el segundo tiempo, la selección mostró orden, serenidad y garra, para sorpresa de propios y extraños.
La primera parte ya marcó el inicio de la sorpresa. Porque la férrea marca boliviana apenas le permitió al rival una llegada de gol, fue a los 17 minutos un cabezazo de Fabiano.
Dunga se tomó la cabeza, protestó y no ocultó sus gestos de preocupación y enfado. No era para menos, Brasil jugaba su peor partido en las eliminatorias. Sin ideas, sin individualidades, sin conjunto y aquello que más sorprendió a todos: sin llegadas con real peligro de gol
Para mayor sorpresa de todos, la selección boliviana no sólo se defendió en esta etapa, sino que se atrevió a llegar al arco rival nada más y nada menos que en cinco ocasiones: Ronald García remató a los 7 y 17 minutos, en este segundo tiro el arquero Julio César contuvo el balón a medias, Ignacio García tiró a los 25\' y Marcelo Martins generó dos opciones, a los 30 y 34.
Con ese desempeño, Bolivia dio la impresión que la selección, sin Erwin Sánchez en el banco, jugó menos tensionada, más serena y confiada en sí misma. Tuvo en el asistente técnico William Ramallo al hombre que instruyó, arengó y apoyó al equipo desde la pista de tartán.
En el complemento, dio la impresión de que el árbitro volvía a cruzarse en el camino. El ecuatoriano Alfredo Intriago expulsó a Ignacio García a los 4 minutos y dejó al visitante con 10.
Sin embargo, esa baja multiplicó el empeño, la disciplina y entrega del resto, que como leones heridos se defendieron ante un rival cada vez más agresivo y desesperado.
Diego reclamaba, Robinho se enojaba, Ronaldinho no acertaba una y el gigante Luis Fabiano no pudo con Ronald Raldes. Entró el gigante Julio Baptista, pero tampoco pudo pasar la muralla.
Al frente, todo el equipo boliviano se mostró compacto, con cuatro columnas vertebrales a destacar, como la seguridad de Carlos Arias, la fortaleza de Raldes, la potencia de Ronald García y el esfuerzo de Wálter Flores.
A miles de kilómetros de La Paz, lejos del vetado estadio Hernando Siles y sin la temida altura de por medio, el pentacampeón del mundo sintió esta vez los efectos de un fútbol boliviano sacrificado, sereno y sólido en su juego defensivo.
Tal como ocurrió en 1993, cuando en Miraflores Brasil sufrió una pesadilla tras perder su invicto de 40 años, anoche, en el lujoso estadio Joao Havelange, los verdeamarillos volvieron a padecer otra pesadilla. Esta vez no fue derrota, pero para ellos el resultado tiene ese sabor, porque perdieron dos puntos de local ante el último de la tabla.
Tal como ocurrió con el histórico empate 1-1 en el Morumbí de Sao Paulo, hace 23 años, ayer la selección nacional volvió a igualar en uno de sus peores momentos de su historia.
Líneas compactas
CANDADO: Carlos Arias jugó uno de sus mejores partidos en la selección. Transmitió seguridad en el juego por arriba y tapó dos balones decisivos en el segundo tiempo.
MURALLA: La defensa verde se aplicó como un solo hombre. Ronald Raldes lideró la garra boliviana, pese a estar lesionado, siguió en el partido. Rivero, Hoyos y García fueron sus escuderos.
CONTENCIÓN: Ronald García fue la figura en el medio campo. Robles y Flores le secundaron en la marca, aunque con cierta torpeza que fue reclamada por las estrellas brasileñas.
INOFENSIVO: Como era de esperar, en su juego ofensivo, Bolivia apostó a los remates de distancia y generó peligro. Martins incomodó a los zagueros locales y fue uno más en la sólida marca.
Los tres pilares
Carlos Arias II Arquero El guardameta de Bolívar aprobó el examen cuando más lo necesitó la selección. Al inicio fue exigido muy poco, pero en el segundo tiempo respondió con seguras salidas en el juego por arriba y además siempre mostró gran sentido de ubicación.
Ronald Raldes II Zaguero Demostró por qué es el capitán de la selección. Se dio modos para controlar al gigante Luis Fabiano, a quien superó en el duelo. Estuvo preciso en los relevos y pese a lesionarse en el segundo tiempo, mostró mucho temple y coraje hasta el final del partido.
Ronald García II Volante Luego de muchos encuentros, el volante del Aris Salónica griego impuso su potencia física. Al inicio fue golpeado, pero fue el hombre que marcó la pausa cuando los brasileños quisieron acelerar el ritmo. García tuvo dos remates con los que inquietó a Julio César.