Habían transcurrido apenas algunas horas desde ese 16 de julio en que los paceños decidieron constituir el primer gobierno de los libres en Sudamérica y una de las primeras medidas fue la de prohibir el insulto étnico, bajo pena de muerte. Es decir, a partir de ese momento, cualquiera que le dijera ´sambo´ a un afrodescendiente, ´chapetón´ a un español o ´indio´ a un indígena, podía ser llevado a la horca.
Los revolucionarios paceños soñaban con levantar una sociedad de iguales. Las ideas de los enciclopedistas franceses habían llegado hasta estas tierras por canales clandestinos, pero no eran para nada ajenas a los insurrectos. Soñaban también con la felicidad, otra herencia de los hombres de Robespierre, pero también de Danton.
Y es a ese legado al que no renunciamos.
Alguien se escandalizaba porque las primeras autoridades del país y del departamento no hubieran nacido en La Paz. Lo cual es del todo injusto porque si algo caracteriza a esta cuna de valientes y tumba de tiranos es ser el refugio de todos. Es, desde ya, la más cosmopolita de todas las ciudades y es la urbe donde, después de un montón de tiempo, recién nos enteramos de que nuestro mejor amigo tiene padres de Potosí, Oruro, Sucre o de donde sean. Porque la esencia de los paceños es que muchos que no han nacido viendo el Illimani hayan devenido en parte de sus mejores hijos.
Sí, votamos en masas por un Presidente orureño y un Vicepresidente cochabambino. Sí, tenemos un Alcalde que nació en la llajta, aunque vive desde chiquillo en nuestra ciudad, y sí, tenemos un Prefecto nacido en el chaco tarijeño, pero que ostenta el récord de haber sido elegido por la comunidad de la Universidad Mayor de San Andrés como rector cuatro veces.
El Alcalde y el Prefecto de La Paz se reclaman paceños, y lo son. En el caso del Presidente y del vice, no tiene la menor importancia dónde nacieron, pues representan al conjunto de los bolivianos.
Debería hacerse un análisis sobre los paceños en cargos importantes, un recuento de los ministros y viceministros, o incluso de cuántos cruceños nacidos en La Paz hoy son exitosos en la ciudad oriental. Pero, mejor que eso es recuperar el espíritu de nuestros antepasados.
No propongo la pena de muerte, pero por lo menos castigo ejemplar para quien exprese insultos racistas. Acabemos con ´colla de m…´ o ´camba de m….´. Peor aún con frases tan desquiciadas como ´raza maldita´.
Lastimosamente, no guardo mucha esperanza en que esto pase. En un país donde una pandilla de delincuentes puede golpear a un comandante de Policía, con el agravante de que esos pandilleros son alentados desde la Prefectura y el Comité Cívico, lo de las palabras tal vez sea lo de menos. En un país donde reina la impunidad para aquellos que hacen arrodillar a otros bolivianos y los hacen besar el suelo desnudos por el único delito de tener otra cultura, albergo poco optimismo.
Sin embargo, siempre queda el sueño. Nuestros antepasados libertarios murieron en el intento de hacer una sociedad de ciudadanos iguales. Al final, la proclama de Independencia fue asumida por un grupo de abogaduchos (quienes a diferencia de Murillo y los suyos apartaron a los indios —vale decir, a la mayoría nacional— afuera de todo poder de decisión) dejando atrás a los verdaderos luchadores. Pero queda el sueño y ningún despertar borra lo soñado.
*Jaime Iturri S. es periodista.
¿De qué otra forma...?
Antes de indicar a qué me voy a referir, quiero explicar de dónde sale esta pregunta. En realidad se trata de la contracción, en razón del reducido espacio para titular las columnas, de un eslogan publicitario —"¿De qué otra forma se lo tienen que decir?"—
El Síndrome de la Plaza Murillo
No le fue bien a Evo Morales en el referéndum. Aunque haya sido ratificado con el 67%. Lo advertimos oportunamente desde esta columna, provocando espanto en aquellos que se empeñan en seguir viendo al país con la miopía secular del Gobierno central.
Lacrimosa por un país en guerra
No me ninguneen si les confieso que con los años la sensibilidad se ha vuelto vitíligo doloroso en mi piel. Me sacó lágrimas mientras el Réquiem de Mozart acompañaba mi hilar líneas sobre el radialista Carlos Quispe Quispe
Radicalidad suicida
La radicalidad per se, plantear acciones de fuerza cuando éstas no responden a una estrategia de poder, es síntoma de debilitamiento y no de fortaleza.