Hace varios meses, desde el fin de la Asamblea Constituyente, algunos parecíamos locos, aves de mal agüero que insistíamos en que venía la violencia, no la violencia de aparatos represivos del Estado defendiendo la institucionalidad sino violencia entre iguales, entre hermanos bolivianos, indios contra indios, cholos contra cholos, campesinos contra mineros… Lo más insólito es que en medio del grito de ¡viene el lobo!, de anunciar que se acercaba la entropía murieron 44 bolivianos —la gran mayoría mineros—, y nadie se alarmó.
Ahora se habla ya de guerra civil. Y al mismo tiempo que la población civil busca sus armas para cazar ante la presencia de colonizadores armados, las Fuerzas Armadas se movilizan acompañadas de cocaleros armados. Los campesinos que junto a los obreros tomaron las armas para hacer la revolución nacional, hoy se enfrentan con esos mismos obreros.
Yo no veo un movimiento regional con un proyecto nacional, por tanto con intenciones de derrocar al presidente Morales, sino un movimiento regional que exige un marco constitucional a sus autonomías y la devolución de sus recursos. Yo no veo a ninguno de los prefectos con ganas de sustituir al Presidente en el Palacio y hacerse cargo de la inflación de expectativas generadas —sobre todo en el occidente— alrededor de la nueva Constitución y del ´cambio´. Digamos, que no debe ser muy atractivo hacerse cargo de un país donde casi todos quieren parte del botín estatal, pero nadie está dispuesto a dar nada a cambio.
Del otro lado, el Gobierno democrático que decidió hacer la revolución optó por usar la fuerza —signo de debilidad—, y probablemente de no prosperar una negociación franca y honesta que acepte que el pueblo cruceño, tarijeño, pandino, chuquisaqueño y beniano no es menos pueblo que el alteño o el cochabambino, tendrá que usarla, y de ese modo renunciar a su propio proyecto político, porque nada bueno se construye con sangre.
El viaje a Libia, las relaciones con Irán, la expulsión del Embajador de Estados Unidos, la amenaza de Chávez de invadir militarmente Bolivia, el rechazo a la mediación de Marco Aurelio propuesta por Lula, son claras señales hacia un mundo que apoya gobiernos democráticos y que creyó que el ´Presidente Indígena´ buscaba ampliar la democracia con la inclusión indígena. Es posible que ya lo vean de otra manera.
¿Cómo lo vemos los bolivianos? Unos lo ven como al mesías y aguantarán lo que tengan que aguantar porque creen que él es el canal de acceso directo al botín estatal. Otros creen que es el peor mal que le tocó a estas tierras y que se propuso como meta destruir la nación, la república y la democracia. ¿Cómo lo veo yo? Como un hombre solitario, desconfiado, confundido que pudo hacer la diferencia, que con su alta legitimidad pudo resolver los dos problemas que arrastró la historia republicana —la inclusión indígena y las autonomías regionales—, sin embargo, optó por hacer la revolución junto a unos guerreros que en 25 años de democracia apenas lograron como máximo el 7,21% de los votos. Esos pocos —siete de cada 100—, se alegrarán por los muertos porque nunca estuvieron tan cerca de alcanzar las ´condiciones históricamente determinadas´ para que todos seamos igualmente pobres y mudos frente al poder.
*Jimena Costa B. es analista.
La solución: ¿Un Atatürk?
Dentro de mi trabajo en los temas de pobreza visité varias veces el oriente de Turquía, bastante equivalente a los departamentos andinos bolivianos.
El incendio de Bolivia
Bolivia vive en estos momentos una grave crisis, pero perfectamente evitable. Los primeros enfrentamientos con armas de fuego han causado al menos 10 muertos en Pando, una de las provincias [departamentos] rebeldes contra el gobierno de Evo Morales.
Consejos para las vacas flacas
Beethoven no tenía iPod. Goethe no supo lo que era la luz eléctrica y quizás por eso murió pidiéndola. Bolívar jamás disparó una pistola.
Melodrama peligroso
Soy el primero en darme cuenta de que no debería escribir sobre estas cosas que mellan la dignidad nacional. Esa “dignidad” a que es tan afecto el presidente Morales y que ya nos ha costado sangre, sudor y dólares.