Otra vez hemos transitado el camino más largo para arribar al punto de partida porque, después del agravamiento del conflicto con saldos trágicos, retornamos a la noche del 10 de agosto. A los resultados del referéndum que fueron un mandato para la negociación. Sin embargo, se impusieron las posturas maximalistas en el oficialismo y la oposición, pese a la iniciativa presidencial para propiciar el diálogo. Un aspecto importante para explicar el curso del proceso político tiene que ver con la conducta de la oposición que pone en evidencia la existencia de elementos novedosos en el funcionamiento del sistema político en los últimos años.
Nuestra perspectiva evita una explicación de las causas del actual conflicto y de las posibilidades de su solución a partir de la mera voluntad de los actores políticos o de los intereses que se esconden detrás de sus demandas o propuestas. No nos cansamos en insistir que, desde hace un año y medio, el escenario político muestra la confluencia inédita de dos figuras institucionales novedosas: ´gobierno dividido´ en la relación horizontal entre los poderes Ejecutivo y Legislativo; y ´división vertical de poderes´ en el lazo entre el Gobierno y las regiones. En el primer caso, la oposición controla la Cámara Alta merced a la confluencia de las tres fuerzas parlamentarias (Podemos, MNR y UN) que compiten con el MAS en el ámbito congresal, provocando una situación de bloqueo mutuo entre el Senado y el Poder Ejecutivo, con las consecuentes acciones de dilación congresal, uso de decreto presidencial o, finalmente, cerco con presión social.
En el otro caso, el Presidente de la República mantiene una pugna con los prefectos opositores que, lejos de resolverse con el referéndum revocatorio, se ha agudizado a pesar de que la oposición perdió en dos plazas importantes: La Paz y Cochabamba.
El tema es que la mayoría de los prefectos opositores corresponden a fuerzas políticas distintas a los partidos que tienen representación congresal, por lo tanto, en cada ámbito (horizontal entre los poderes y vertical entre el Gobierno y las regiones) se produce una relación peculiar entre oficialismo y oposición, lo que dificulta el curso del proceso decisional, porque no existe ´la´ oposición, sino varias expresiones y posiciones en su seno que, inclusive, están en competencia.
Este panorama se complicó más aún desde mayo, cuando los vínculos entre la oposición parlamentaria —sobre todo Podemos— y la oposición regional —prefectos y cívicos— se rompieron con la aprobación del referéndum revocatorio en el Senado. Entonces, la débil coordinación de acciones entre estos actores dio paso a la ausencia de una estrategia coherente en la campaña por la revocatoria de mandato. A esta disyunción entre oposición parlamentaria y regional se suma la presencia de los comités cívicos que, en algunos casos, se constituyen en actores que influyen decisivamente en la conducta de los partidos y prefectos.
Estos rasgos de una oposición plural, fragmentada y, en algunas circunstancias, enfrentada internamente permiten explicar el curso radical que tomaron las protestas contra el Gobierno a principios de mes. También permiten entender las dificultades que tuvo la oposición para encauzar la solución del conflicto hacia ámbitos de negociación. Al frente, el gobierno del MAS se fortaleció con los avatares de una oposición que tiende a la mera reacción y carece de iniciativas, excepto cuando decide mirar más allá de sus cercos regionales.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
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