Antes que nada, ¡ya era hora de la negociación y de dejar atrás el cuento del diálogo! Aunque sea difícil negociar con presión —como siempre dijo el Gobierno— es un paso adelante. Todos tenemos claro que basta una llamada del presidente Morales para que los “movimientos sociales” se replieguen y dejen de cercar a Santa Cruz, pero el Gobierno funcionó así desde que se instaló la Asamblea Constituyente y seguro será la estrategia mientras dure su periodo.
Segundo, lástima que tuvieron que haber tantos muertos, pero aún eso es una sola confusión: el primer día eran 16 del Porvenir, el segundo día se denunciaron 30 en total con los de Filadelfia. Ahora existen 10 cadáveres y sólo seis con nombre: Pedro Oshiro (de la Prefectura de Pando), Alfonso Cruz, Wilson Castillo, Johnny Cari (normalistas), Ramiro Tinini (conscripto) y el pastor evangélico Luis Antonio Rivero. ¿Y los otros 24? Era poco creíble acusar a Leopoldo Fernández de genocidio con tres muertos, pero ¿qué pasó? Dicen que al menos cinco de los del primer día eran venezolanos y por eso ya no están; pero, ¿y los demás?
Hoy existen tres refugiados políticos en plena democracia: en Perú (David Sánchez), Brasil (Ana Melena) y Estados Unidos (Jorge Gumucio), y queda claro que el nombramiento de Bandeira es ilegal ya que, en el peor de los casos, debió quedarse de Prefecto el Secretario General de la Prefectura. Pero, como el Prefecto electo no renunció, sigue en ejercicio. Como dice el Vicepresidente, ¡esto es una chacota!, pero una chacota que cuesta vidas y quita libertades. El Gobierno pone en riesgo su credibilidad de ser gobierno democrático ante los ojos del mundo, sin darse cuenta de que —le guste o no— vivimos en un mundo globalizado, y todos miran mucho —por diversas razones— a Evo Morales.
En medio de la entropía, ¿por qué no firman el acuerdo los prefectos? Creo entenderlo y debo aclarar que no tengo partido —ni nunca lo tuve— ni agrupación ciudadana. No soy de Podemos, ni de UN, ni del MNR ni de nada, nadita de nada; no soy oligarca, no soy cruceña —soy ch’uquta sanpedrina—. Soy simple ciudadana boliviana que nada más leyendo la Constitución propuesta por el Gobierno y actualmente en debate, tampoco firmaría.
Antes, a los prefectos sólo les interesaba una cosa: la autonomía. Se les reclamó no tener visión nacional; ahora ya la tienen.
Antes y ahora al Gobierno sólo le interesan dos cosas: la reelección inmediata (Art.169) y la modificación total o parcial de la Constitución por mayoría absoluta de votos —ya no dos tercios— en el Congreso o Asamblea Legislativa Plurinacional (Art.411).
Ahí está el problema, pongan lo que pongan sobre autonomías o sobre cualquier tema, 180 días después podrá ser modificado (Disposiciones Transitorias) nada más por el MAS. ¡Los prefectos estarían locos si firman! Pero el Gobierno, a su vez, está loco si cree que una Constitución se impone por la fuerza de las armas, el cerco o el estado de sitio.
Yo no le veo problema a la reelección, pero la historia política nos ha probado que o se logran consensos o hay sangre, y la vieja historia de los dos tercios para decisiones de fondo está presente para obligarnos a ponernos de acuerdo, por tanto, para evitar que intentemos imponernos por la fuerza. Mientras unos pensamos en cómo evitar la violencia, otros siguen enfrentando, agrediendo, confrontando. Así, ¡sólo deslegitiman su Constitución!
*Jimena Costa B. es analista .
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El Congreso de EEUU se dispone a aprobar el plan de rescate del sistema financiero americano, calculado en $us 700.000 millones, después del crispado llamamiento del presidente George W. Bush al país —y a los diputados reticentes de ambos bandos—
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Ante la nueva parálisis que se ha producido en el diálogo abierto en Cochabamba, puede ser de utilidad recordar aquellos otros acuerdos nacionales que, con el nombre de Mariscal Andrés de Santa Cruz, alcanzó el incipiente sistema democrático boliviano el 9 de julio de 1992.
El gran embuste
Todos los bolivianos sabíamos que los famosos “movimientos sociales” no eran sino milicias financiadas por el gobierno del MAS, que a una orden de Evo Morales avanzaban o se replegaban, obedientes con el jefe.