El gimnasio llega a los barrios El afán de modelar el cuerpo ha hecho que el negocio se acerque a las zonas populares. El gancho está en que se puede pagar por día precios que van desde los seis bolivianos. La demanda crea la profesión de instructores.
Ponte en forma!”. El colorido cartel en la calle Illampu se disputa la atención de los peatones que pasan por una de las vías más comerciales y populares del oeste paceño. En medio de verduleras asentadas en las aceras o de tiendas que ofrecen cotillón para fiestas, el anzuelo del gimnasio Strong Gym compite, además, con otros negocios barriales en el ramo. A pocas cuadras, un pasacalles invita a desarrollar los músculos al estilo de Rocky Balboa y así, lo que antes era un asunto de élite se ha popularizado y abaratado.
Una característica de los gimnasios de barrio es que uno puede pagar por día, cada vez que las monedas que se lleva en el bolsillo lo permitan. El Strong Gym, por ejemplo —que ofrece fisicoculturismo, gimnasia aeróbica, spinning, steps y kick boxing—, acepta clientes por Bs 6 la sesión de una hora para que practiquen aeróbicos o pasen alguna clase, y por un boliviano más permite usar las máquinas. “Por todo un mes se cobra 50, 60 y 90 bolivianos, según la disciplina”, explica Lorena, encargada del lugar.
Un gimnasio en la zona Sur, en cambio, no acepta clientes “al raleo”. Hay que elegir un plan mensual que puede costar entre Bs 120 y 180. En su favor cuenta el asesoramiento que brindan los instructores sobre combinaciones ideales entre pesas y máquinas, el momento adecuado y la forma de usar la bicicleta estacionaria y otros detalles.
Miguel (31) compara: “Casi muero haciendo spinning (bicicleta) en un gimnasio de mi zona (ladera este). El instructor me decía que suba y listo. Pensé que era una tortura y dejé todo. Unas amigas me llevaron a otro lugar, más caro ciertamente, pero no me arrepiento, pues la dificultad de las rutinas ha ido creciendo de a poco y he absorbido todo sin problemas”.
“El cuidado de la salud y la apariencia está de moda entre la gente. “La llegada del gimnasio a los barrios donde antes no había uno se debe a que es una actividad que no discrimina”, explica la directora municipal del Deporte, Jannet Ferrufino.
Que gente de distinta edad y ocupación acepta la invitación de cultivar su cuerpo se ratifica por la amplitud de horarios de estos centros. Marcia, que asiste a Energym de la avenida Sánchez Lima, en Sopocachi, dice que este lugar abre a las 07.00 y cierra a las 22.00, “lo que me da opción de ir antes o después del trabajo”. Hay sitios que abren sus puertas a las 06.00 por los clientes, como sucede en la av. 6 de Agosto.
Juan Murillo Castrillo es instructor hace 12 años; él explica que en el último tiempo algunas disciplinas se han puesto de moda y, de ellas, algunas distinguen inclusive a los barrios.
En el norte, los jóvenes son quienes asisten a los gimnasios. Lo que se refleja en la práctica preferencial del fitness de combate (que combina movimientos básicos de las artes marciales con aeróbicos) y la gimnasia de piso como son los steps (para las piernas y caderas) y aeróbicos.
En el sur, donde se ve a gente de distinta edad, inclusive ancianos haciendo ejercicios cardiovasculares en trotadoras, las disciplinas favoritas son los pilates —relacionados con el yoga— y el spinning para “perder rollitos” y engrosar las piernas, entre las mujeres, y las máquinas entre los varones, para marcar músculos.
Como dice Luis, un joven de 22 años que asiste a un gimnasio de San Pedro, “si no invirtiese mi dinero en el gimnasio, estaría comiendo comida chatarra con mis amigos”. Clara y Jessica, estudiantes de Odontología, con ganas de perder kilos en el espacio de la Illampu, confiesan que “gastamos en ejercicios lo que podrían estar invirtiendo en material para nuestra carrera... pero vale la pena sentirse y verse bien”.
Una escuela para instructores
La demanda de buenos guías para los gimnasios crece. “Ser entrenador es una carrera que muchos han aprendido de manera empírica”, explica Saúl Gutiérrez, director de la consultora Oxígeno Fitness. Por eso, este 17 de octubre se iniciará el primer curso de la especialidad.
“Lamentablemente la mayoría de los instructores se basan en videos, programas de televisión e internet para desarrollar su trabajo y esto repercute en la salud de los usuarios”, argumenta Saúl Gutiérrez.
El curso que se dictará en la Universidad de Los Andes (Obrajes) y en Oxígeno (Calacoto) se desarrollará en tres niveles, cada uno con duración de un mes. Quienes aprueben este primer nivel obtendrán el título de conductor en fitness y será capaz de afrontar el entrenamiento básico para gimnasio.
Vencer el segundo nivel permitirá obtener el título de instructor, y quienes aprueben el tercero tendrán en título de entrenador profesional. En cuanto a las materias que se impartirán, Gutiérrez explica que el pénsum incluye fisiología, anatomía, biomecánica y nutrición, entre otras.