Varias veces hemos insistido en que la contradicción y la lucha reciente que vive Bolivia no se producen entre oriente y occidente, entre la autonomía departamental y el poder central. Es producto, en cambio, de lo que en sociología llamamos contradicciones de contorno y/o entorno, que tratan de invisibilizar la contradicción entre dos formas de producción: la colonial capitalista y la descolonial comunitaria.
Una vez que el modelo colonial capitalista perdió el poder central, intenta controlar el poder de los departamentos para beneficiar a la burguesía terrateniente, especulativa y rentista. Eso sólo es posible teniendo control absoluto de las siguientes instituciones: instituto de tierras, impuestos, exportaciones, justicia y una parte del aparato represivo (Policía). De ahí la explicación de la toma de estas instituciones en las últimas movilizaciones protagonizadas por las prefecturas y los comités cívicos de los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. Lo que derivó en una patología fascista y racista, que culminó coyunturalmente con un genocidio a los indígenas en el departamento de Pando, protagonizado por el ex prefecto Leopoldo Fernández.
Mientras que el modelo descolonial comunitario, protagonizado fundamentalmente por los indígenas que están ocupados en negocios, empresas de tipo familiar y otros asalariados en las ciudades y en el campo, se basa en la práctica de un modelo de economía de pequeños parcelarios y comunitarios. Los que, para tener soberanía, han planteado la plurinacionalidad, autonomías indígenas y regionales, escritas en la propuesta de la nueva Constitución Política del Estado.
Ellos se han constituido no sólo en el sector de resistencia al golpe cívico-prefectural en septiembre del 2008, sino en la ofensiva que doblegó al fascismo.
Ahora los indígenas de tierras altas, como los aymaras y quechuas, no sólo están concentrados en el occidente de Bolivia, sino que se han irradiado también a las regiones de Santa Cruz, Pando y Beni, principalmente.
En estas zonas se han convertido en fuerza de trabajo, tan determinante para el desarrollo de dichos departamentos. Y desde 1990 han conformado un movimiento social protagónico en la transformación estructural de Bolivia. Por eso la fuerza antagónica de la burguesía terrateniente son los indígenas de las ciudades y del campo que viven en dichas regiones y no los que viven en la región del occidente. Por eso, los cívicos tienen tanta saña y odio a los indígenas ya sean los de tierras bajas o del occidente.
De ahí que no es equivocado plantear la hipótesis de que la derrota de la burguesía terrateniente en las regiones que hoy plantean la autonomía, será protagonizada por los indígenas y los trabajadores de esos departamentos.
En ese sentido, es un falso debate la pugna entre oriente y occidente. Lo que está sucediendo es la lucha de dos modelos de sociedad, como acabamos de mencionar hacia arriba. Por lo que podemos observar, en los cuatro departamentos se está viviendo una contradicción interna que ha de ser difícil de superar de manera estructural, ya que los trabajadores urbanos y los indígenas que viven en el área rural han posicionado la propuesta de autonomía indígena y la constitución de una economía comunitaria.
*Félix Patzi P. es sociólogo. Ex ministro de Educación y actual secretario general de la Prefectura de La Paz.
Movimiento al Siglo XXI
Vivimos el siglo XXI. El trabajo manual cada vez adquiere menor peso en la economía mundial y en la producción de bienes y servicios, al ser reemplazado por robots y computadoras. Los países desarrollados utilizan mayormente controles automáticos.
Neomandamientos
El Presidente de la República expuso hace poco en la ONU un curioso ideario de algunas ONG que gobiernan el país, traducido en “10 Mandamientos para salvar al planeta, la humanidad y la vida”. Analicemos lo que dijo quien quiere el socialismo para Bolivia.