Bolivia regala un empate a Uruguay Bolivia ganaba, estaba con la opción de golear, pero no asumió su rol e igualó con Uruguay 2-2. No pudo romper la combinación de un partido bueno y otro malo.
Inagotable • Abdón Reyes supera a la defensa uruguaya en una tarde brillante para él en el Siles.
Si no matas, mueres, fue la sentencia del DT Erwin Sánchez, el mismo error que Bolivia cometió al mezclar el bien y el mal en una doble fecha. Ayer, la selección abrió la ronda de las revanchas en las eliminatorias hacia Sudáfrica, con un 2-2 ante Uruguay. A la sintomática y temida combinación de un partido sí y otro no, se sumó otro mal del fútbol boliviano, la inmadurez internacional de no liquidar y manejar un resultado, de no asumir una victoria, producto de una falta de competencia y experiencia de jerarquía de los jugadores.
Marcelo Martins tuvo en sus pies el tercero y no definió, Joaquín Botero también, pero perdonó y Christian Vargas careció de aplomo para no liquidar.
“Por qué, por qué, cuando decimos que sí, sí, resulta que vuelve a ser no”, se escuchó ayer en una de las butacas del estadio.
La selección dejó pasar el tren de la ilusión y pasó a la vereda de la casi eliminación de ir al Mundial 2010. En caso de triunfo pudo colocarse en zona de ensueño con 11 puntos, pero no, la victoria se le escurrió como agua entre las manos, empató, tiene 9 unidades y continúa octavo. Cinco protagonistas tuvo ayer el encuentro. Uno excluyente, Abdón Reyes, quien como en los mejores tiempos del brasileño Roberto Carlos, subió, bajó, marcó, desbordó, remató y fue el tubo de escape por la izquierda.
Al inicio, dos goles oportunos de Martins hicieron celebrar al Siles; al final, una locura de Sebastián Abreu lo enmudeció. El aplomo del guardameta uruguayo Juan Castillo evitó la goleada y las únicas dudas del arquero Carlos Arias dejaron resucitar a un rival al que no se le gana hace 11 años.
El viaje de 15 horas en buscama, entre Santa Cruz y La Paz, de la orientista Analía Soliz y un grupo de amigos, quienes querían ver a la selección boliviana, no se vio compensado con el resultado, pese a la frase de consuelo que dejó escapar la estudiante de la Gabriel René Moreno: “Ni modo, fue mita y mita. Lo bueno fue ver a la selección y lo malo no ganar”, explicó la cruceña.
El inicio del encuentro fue de tú a tú. Un centro de Reyes, que Martins no llegó a conectar provocó el primer ensayo de grito de gol en el estadio Siles, fue a los 4 minutos. Luego, el uruguayo Vicente Sánchez se perdió el gol, pudo rematar directo, pero dudó.
Cuando el partido se complicaba, a los 14 minutos Martins cazó un balón perdido, miró, apuntó, remató y el Siles rugió el primer gol de la tarde. El motivador Ricardo Silva se adelantó a todos en el banco y volvió a mostrar la Tricolor. Según el árbitro, se pasó el límite, grave error y fue expulsado.
“Hey, uruguayo, la altura no. La maldita altura no”, gritó un aficionado.
Pero Uruguay no era tan gris como Perú, comenzó a dejar su exagerado temor, se olvidó del juego violento y comenzó a crecer en confianza. Eligió la banda derecha y comenzó a poner en apuros a Christian Vargas.
Cuando los rostros en el Siles se mostraban de preocupación, otra vez volvió la sonrisa. Centro de Ronald García y Martins que conecta de cabeza para celebrar el segundo gol a los 41.
Olé, olé, se coreó en todo el estadio, ante el desconcierto de Diego Lugano y compañía.
En el complemento surgió otra debilidad nacional, se careció de pierna para sostener el ritmo del partido y no se concretó las opciones surgidas. Martins pudo anotar el 3-0 a los 8 minutos, pero Castillo le dijo no.
Los rioplatenses apostaron al pelotazo y el descuento no tardó en llegar. A los 18, Carlos Bueno ganó en el salto a Vargas y Raldes, con cabezazo preciso superó a Carlos Arias que no salió.
En la tribuna, la preocupación ganó espacio y tomó varias formas. Unos se frotaban las manos, otros se agarraban la cabeza y la mayoría optó por un gesto que denotaba preocupación.
Reyes siguió con su inagotable batería de los desbordes; pero sin Botero y con Martins agotado, la ofensiva perdió fuerza.
Cuando se vislumbraba un triunfo apretado, una locura del atacante de River Plate, Sebastián Abreu, salvó a filas uruguayas, que empató a los 43.
Luego vinieron cinco minutos en los que Vargas falló para dar el triunfo a Bolivia. Ni modo.