“No repetir prácticas perversas de hacer política, sino más bien hacer política de verdad. Esa es la única esperanza” El segmento poblacional joven es uno de los menos consultados para el diseño de políticas públicas y demandas sociales, pese a ser destinatario importante de las mismas en el presente y el futuro próximo; forma parte de las mayorías excluidas.
En la actualidad existe un distanciamiento de los jóvenes con la política, desde un punto de vista de participación tradicional. Muchos de ellos se sienten burlados y utilizados. Buscan o tienen la expectativa del surgimiento de un liderazgo juvenil nuevo, no sólo en la imagen del candidato sino en su forma de representar el “hacer política”. No obstante, están lejos de emprender acciones concretas para encontrar o crear dicho liderazgo de forma responsable y entrar, en definitiva, al sistema formal como alternativa joven.
Vemos en ciertas actitudes que algunos de ellos simplemente idealizan la democracia, sin saber cuál es su significado. Otros deciden participar repitiendo consignas, sin que necesariamente demuestren en sus acciones verdadera responsabilidad de conocimiento de sus derechos y, sobre todo, de sus deberes y menos de los conceptos utilizados.
Se encuentran los que ingresan a un partido a modo de inversión personal y, como tal, esperan retribuciones de distinto tipo: cargos en la función pública, cargos dentro de un mismo partido político, ascenso social, dinero, vínculo con un grupo afín, vínculo afectivo, satisfacción de deseos personales de superación, por nombrar algunos. Variables que responden a valores preestablecidos de las distintas culturas, en las cuales los jóvenes se socializan y que se convierten en un conjunto de repeticiones de viejas prácticas políticas vinculadas a intereses particulares mezquinos que hacen que la forma de hacer política caiga en un círculo vicioso.
En esta perspectiva, los jóvenes deberían visualizar su desafío histórico en el sentido de romper paradigmas de la participación política actual y tomar conciencia de lo que nos está pasando para, de esta manera, propender a un cambio en la forma de imaginar, concebir y forjar lo que debe ser su país.
No repetir prácticas perversas de hacer política sino más bien hacer política de verdad. Ésa es la única esperanza que tenemos los bolivianos, una nueva generación que tenga la capacidad de recuperar siempre la memoria, para no repetir los errores cometidos por algunos actores sociales que han provocado, y provocan hasta el día de hoy, enfrentamientos innecesarios: políticos, funcionarios públicos, periodistas, autoridades locales, departamentales, nacionales y otros. Una generación que entienda el proceso en el que nos encontramos para rejuvenecerlo y perfeccionarlo; una generación que no repita acciones y consignas de uno y de otro lado, y que más bien sea acción pensante e innovadora. Ese trabajo debe construirse responsablemente desde ahora.
*Jorge Dulón F. es cientista político y administrador público.
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