La columna de un acreditado antropólogo jesuita publicada en La Razón el domingo 5 de octubre ha suscitado diversas críticas debido a la sorprendente apología que en ella se hace del palo —el alter ego de la zanahoria— cuando se lo aplica a prefectos-mulas que se atascan en el camino hacia el luminoso porvenir que nos depara la inefable Constitución Política del MAS (Copolma).
Se ha querido relacionar pérfidamente dicha columna con la escuela ética de la Casa Campestre (“O firman o van presos”), sin embargo, siento que no se ha entendido la fina pedagogía de recurrir a animales para describir los vicios políticos; pedagogía ya utilizada por Esopo y también por el “gobernador” Costas, cuando implicó unos benéficos simios en las relaciones internacionales. Por tanto, permítanme “sumarme” a ese “zoo-análisis” para describir lo que vivimos hoy en Bolivia.
Si el dicho “El huésped es como el pez: después de 500 años apesta” no precisa aclaraciones (aunque prefiero: “El buey no es de donde nace, sino de donde pace”), más recóndito es el vínculo de “El zorro cambia de pelo pero no de vicio” con cazadores de osos, campesinos y cívicos que no deberían olvidar que se pueden hacer fechorías por mucho tiempo, pero “A cada chancho su San Martín”; con referencia al día en que en España se suelen faenar los marranos. De hecho, “Al cuervo no le agrada el burro vivo, sino muerto”, antes de que se lo coman los gusanos (metafóricos, desde luego).
La curiosa tolerancia del Gobierno hacia los delictivos actos cívicos previos al 9-11 pandino, me trae a la mente que “Bueno es que haya ratones, para que se sepa quién se come el queso”. Además, ¿cómo no relacionar el coro de loros de los dirigentes de los SS (sectores sociales) con el refrán “Bien sabe el asno en qué casa rebuzna”? Me recuerda las ínfulas de algunos dirigentes de partidos olvidados, hoy subidos al carro oficialista: “Aramos, dijo la mosca al buey”.
Volviendo a la columna de marras, si es cierto que “Buey viejo no pisa mata, y si la pisa no la mata”, no es menos cierto que “Gato con guantes no caza, pero amenaza”. Buena es la zanahoria del diálogo (“Gana más el perro lamiendo que mordiendo”), pero no hay que ilusionarse, cuando “Más puede negar un asno que probar un filósofo”, sin olvidar que “Perro amoroso, perro venenoso”. Dice el cura: “A Dios rogando y con el mazo dando”, pero “El burro hambriento no le teme al palo”. Y no sólo de pan vive el hombre.
Hay quienes se esfuerzan en mejorar el texto de la Copolma, mientras otros creen que la inconsistencia será su tumba, porque “Llamar al toro desde la barrera lo hace cualquiera”, mientras “El pez nada en agua y se ahoga en aceite”.
En fin, nos encaminamos hacia una era mesiánica en la que “El león y el cordero se acostarán juntos…”, profetiza Isaías, “…Pero el cordero dormirá muy poco”, añade un apócrifo. O si no ¿por qué al pavo engordado no le da felicidad que le digan “Feliz Navidad”?
Acá mejor me quedo y le hago caso a mi abuela cuando me decía socarronamente: “Más vale un físico vivo que un burro (metafóricamente) muerto”. Porque sepultureros faltan, si “la letra mata”.
*Francesco Zaratti es físico y “zoo-analista”.
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