La casa data de inicios de 1900 y se halla junto a la plaza de San Francisco. Una intensa restauración le permitió revivir.
Texto: Wilma Pérez Soliz Fotos: David Guzmán y archivo de Raúl Tapia.
El sonido del ascensor en las pruebas de control rompe el silencio. Mientras, en las gradas, la soldadura de las barandas causa una danza de chispas en el aire; el olor a pintura recién secada de las paredes y el barniz de las puertas de madera son el aviso anticipado de que la vetusta y antigua casona de la familia Hinojosa está lista para ser presentada como la nueva Galería La República, un patrimonio paceño rescatado por expertos.
Fueron necesarios cuatro años de terapia intensiva en los que la edificación estuvo a punto de colapsar, y dos en los que un grupo de profesionales la volvió a la vida para mostrarla tal como lucía cuando fue estrenada, hace más de 100 años, a principios de 1900.
Vecina de la iglesia de San Francisco y ubicada en el corazón de la ciudad de La Paz, la casona de la familia Hinojosa vio pasar, durante más de un siglo, la historia paceña y boliviana. Sin embargo, su coraza no tuvo la fuerza para contrarrestar la contaminación ambiental y a los peatones que la dejaron en agonía.
Cuando los muros e interiores de la infraestructura neoclásica francesa empezaron a deteriorarse, mientras la casona se convertía en un conventillo que albergó tiendas, oficinas y restaurantes; nació la iniciativa privada de preservarla a cualquier costo.
El arquitecto Raúl Tapia Bascopé, encargado de restaurar el patrimonio paceño, recuerda que antes de que expire el siglo XX, el año 1998, el edificio fue adquirido por una Sociedad Accidental compuesta por 16 integrantes, entre los que se encuentran artesanos, artistas y profesionales. Los socios decidieron restaurar el edificio en su totalidad e instalar en su interior galerías para solventar la inversión. Es decir que los tres pisos con los que fue construida inicialmente la infraestructura serían convertidos en seis. Además se agregaría un sótano y una terraza.
Según datos de la Alcaldía de La Paz, al igual que la casona de la familia Hinojosa, existen cerca de 500 estructuras patrimoniales en la ciudad. De éstas, el 60 por ciento está en mal estado debido a que sus propietarios no pueden solventar los elevados costos de la refacción o restauración; en cambio, los impuestos son altos.
Cuando los miembros de la Sociedad Accidental definieron rescatar el conventillo deteriorado también establecieron su inversión: un millón de dólares.
Una nueva oportunidad
El año 2000, un contingente de obreros y profesionales inició la demolición interior de la casona y dio paso a la ejecución de un proyecto que presentaba un aspecto distinto al de su origen. Por ello, y por decisión de los propietarios, se suspendieron las obras dos años después, el 2002.
Durante casi cuatro años la construcción volvió a sucumbir en el olvido. Los andamios colgados en el aire, plástico y calaminas rodeando el edificio le dieron un aspecto tétrico y peligroso a la zona, que es frecuentada a diario por cientos de turistas.
A principios del 2006 se renovó el directorio de la Sociedad Accidental y éstos decidieron darle otra oportunidad a su proyecto, pero con algunos cambios. La restauración de los más de 2.000 metros cuadrados pasó a responsabilidad del estudio Zegarra & Tapia. Raúl Tapia tomó la responsabilidad de proyectista y supervisor de la obra, Jimena Solares asumió como especialista en conservación y María Antonieta Zegarra se desempeñó como experta en diseño de interiores.
Los profesionales, junto a más de 40 obreros y maestros especialistas en la restauración de edificios, hoy realizan la valoración de la situación y empiezan a ejecutar el nuevo proyecto en el que impera la recuperación de todos los detalles originales del edificio.
Desde marzo del 2007, en el exterior e interior del edificio se observan cambios trascendentales. Dentro de la infraestructura, el maestro Eladio Mamani se dio modos para elaborar moldes y hacer el vaciado de los detalles que adornan la fachada. Con paciencia y empeño se reconstruyó la fachada, mientras que los carpinteros restauraron las puertas y marcos de las ventanas y ante la falta de algunas piezas se aprovecharon las vigas de los techos.
Las barandas de hierro y las gradas, con descansos en el interior, mantienen también el diseño original que fue copiado por los maestros cerrajeros de algunas fotos de la época o de restos rescatados de los escombros.
El nuevo diseño interior también favorece las áreas de circulación pública para que los clientes tengan espacio entre cada tienda y otorga jerarquía a las escaleras con el estilo neoclásico francés, al igual que los pasillos que tienen iluminación en el piso y el techo.
En la terraza luce su belleza la antigua cúpula que, totalmente restaurada a partir de las planchas de zinc y madera que la sostienen, se constituye en un gran atractivo. Incluso se dejó intactos los dos orificios de bala, testigos mudos de algún hecho de la convulsionada vida paceña.
Los pináculos, cual guardianes del entorno de la terraza, pondrán el límite entre los comensales que vayan a los restaurantes y el paisaje que ofrece vistas de la iglesia de San Francisco.
La entrega inicial está prevista para el 20 de octubre, pero con el compromiso de que este patrimonio sea preservado por todos.