Paralelamente al ciclo de prosperidad económica que EEUU vivió el 2004, se dice que llegó una onda democratizadora para la concesión de créditos ya que cualquiera tuvo acceso a los mismos, dando origen a los “créditos subprime”, a tasas de interés más altas, diferenciándose de los “primes” que son los créditos seguros canalizados a grandes corporaciones y a tasas de interés más bajas. Incluso se incorporó un nuevo vocablo para referirse a los beneficiarios de estos créditos, los “ninja”, no income, no jobs no assets; es decir, personas sin ingresos ni empleo fijo y sin garantías reales. Sin embargo, como la economía estaba próspera, estos sujetos de crédito podían honrar sus obligaciones
Los “ninja” accedieron a créditos para viviendas, que luego se valorizaron como consecuencia del boom inmobiliario que comenzó a vivir ese país. Las viviendas, en promedio, se duplicaron de precio hasta el 2007 y en algunos casos se triplicaron. Por lo que parecía el inmueble una buena garantía.
Y este proceso se llevó a cabo junto a una extrema liberalización en los mercados financieros, que comenzó en los años 80 como consecuencia del llamado proceso de desregulación bancaria y a título de “mercados desregulados”. Ante la creciente demanda de créditos de los “ninja”, los bancos buscaron captar recursos de todas partes y se endeudaron con bancos del exterior, aprovechando el proceso de plena liberalización mundial de los mercados de capitales, quienes a su vez captaron recursos de todo tipo de gente y de instituciones (personas, cajas, cooperativas, fondos, etc.).
Sin embargo de la desregulación, hay normas bancarias en el mundo que determinan que los bancos deben tener un capital mínimo en relación a sus créditos, con el propósito de que quienes se dediquen a la intermediación financiera, que es riesgosa, también asuman esta situación poniendo patrimonio y así disminuir el riesgo moral. El capital que debe poseer una entidad financiera le permite hacer colocaciones de crédito, de hasta siete veces más, pero punto. A esto se llama “apalancamiento financiero”. Cuando se llega a este límite, los bancos enfrentan la restricción y no pueden seguir captando recursos para prestarlos, porque de hacerlo sobrepasarían el indicador señalado. Es decir, la banca tiene limitado el “apalancamiento financiero”. ¿Qué debe hacer el banco en esta situación? Lo correcto es que aumente su capital, es decir, que los dueños del banco arriesguen un mayor volumen de recursos propios. Pero esto no ha sucedido, lo que hicieron fue “titularizar” los créditos de vivienda y venderlos para aumentar su liquidez.
Al titularizar los créditos otorgados para la vivienda, los bancos vendieron títulos valor por el valor de los créditos otorgados con la garantía de los mismos bienes inmuebles que habían hipotecado a la institución, con lo cual aumentaron su liquidez y disminuyeron su cartera de créditos, con lo que bajó la relación créditos a capital y así pudieron seguir aumentando la captación de depósitos para seguir otorgando créditos para la vivienda para luego titularizarlos.
Cabe la pregunta: ¿Quién compró la titularización? Para cumplir con este propósito los bancos encontraron resquicios legales como es crear una entidad filial independiente para que le compre la titularización siendo su capital el valor de la compra. Pero este capital no pusieron sus propietarios sino que lo financiaron por medio de créditos de otros bancos, con lo que en verdad el “conglomerado” aumentó su apalancamiento a niveles peligrosos, aspecto que no fue detectado por la entidad supervisora de los bancos. A su vez, la entidad filial vendió su cartera de activos a los llamados inversionistas institucionales (bancos de inversión, fondos de inversión, compañías de seguro, etc.) por medio de las bolsas de valores. Como en la bolsa hubo demanda por estos títulos-valor sus precios subieron. Y los fondos de inversión “más agresivos” adquirieron los activos más riesgosos porque rendían más.
En este escenario hicieron su aparición las Agencias Calificadoras de Riesgo para calificar la solvencia de todos los activos financieros titularizados y de todo tipo de institución financiera (banco comercial, banco de inversión, compañía de seguro), de menor a mayor riesgo, para dar seguridad a los inversionistas. Así, ellos sabían que los activos de menor riesgo ganaban menores intereses y los de mayor riesgo mayores intereses. En este contexto, las entidades financieras hicieron paquetes de activos mezclando activos de distinto riesgo. Y todos cotizándose en bolsa, cuyos precios seguían subiendo.
En este escenario se había inventado la calificación de riesgos “por tramos”, de bajo a mayor riesgo, de los activos financieros de los bancos de inversión, lo que había permitido que los de mayor riesgo se vendan con la posibilidad de pérdida, pero a cambio del incentivo de ganar un mayor interés siempre y cuando su emisor no entre en default. Por este mismo hecho se debe suponer que sus tenedores no los mantenían mucho tiempo y los vendían buscando alguna ganancia que provenía de su cotización en bolsa. Seguramente convencidos que todo este creativo proceso financiero no implicaba mucho riesgo hicieron su aparición las compañías de seguro ofreciendo asegurar a estos activos financieros.
Para el colmo se proyectó un grave conflicto de intereses, al fomentarse que los administradores de los bancos de inversión y de los fondos ganasen suculentas comisiones, pero en relación a la rentabilidad del paquete que administraban, o lo que es lo mismo decir, con relación al precio de los títulos valores. De este modo, lo que se hizo es motivar a estos ejecutivos a utilizar toda su creatividad para asegurar que continuamente suban los precios de los activos en las bolsas. Incrementos artificiales de precios. ¡Inflación de precios de activos financieros!
Y toda esta historia se desarrolló a partir de los masivos créditos otorgados a los “ninja” y bajo el supuesto de que eran créditos que se honrarían normalmente y que el valor de las viviendas seguiría subiendo. Pero, ¡acabó la fiesta! A partir del año 2007 los precios de las viviendas se desplomaron y con ello el valor de las hipotecas que estaban garantizando la titularización de activos. Y en este escenario los “ninja” habrían entrado en mora en el cumplimiento de sus obligaciones crediticias, lo que habría llevado a que todos los activos financieros a que dieron lugar estos “subprime” dejen de comprarse, iniciándose el desplome de los precios de todo este andamiaje financiero. ¡Cunde el pánico! Las entidades financieras que mantienen, entre sus activos, estos papeles financieros ven que su valor se desmorona pero no sus pasivos, que, además por el temor, son reclamados para su devolución por los acreedores. En este contexto los bancos se han visto obligados a paralizar la otorgación de nuevos créditos, a revocar líneas de créditos ya otorgados, etc. El precio de las acciones de los bancos comenzó a caer con lo que sus accionistas pierden su riqueza. Quienes tratan de perder menos ofrecen sus acciones con lo que los precios de los mismos caen aún más. En esta situación, los bancos desesperados pusieron a la venta títulos valores que poseían para obtener liquidez y responder a sus acreedores, pero de esta manera arrastraron a la baja a los títulos valor en general. Esto explica la generalizada caída de precios de todos los activos financieros y en todas las bolsas de valores del mundo.
Este sería el cuadro en que el sistema financiero norteamericano habría estado viviendo cuando el presidente Bush presentó su plan al Congreso de ese país. La banca de inversiones al constatar no sólo pérdidas en su capital sino también una apremiante necesidad de obtener dinero para atender sus pasivos, requiere que el Tesoro Americano tenga la potestad de comprar activos de dudoso valor, hoy en manos de los bancos y, de esta manera, los bancos puedan obtener la liquidez necesaria para atender sus obligaciones con sus acreedores y así ofrecer confianza a los acreedores para que no se propague una “corrida bancaria” de trágicas consecuencias. Lo que inicialmente se buscaría con el plan Bush es que se restablezca la confianza en el sistema financiero para que los acreedores no decidan seguir haciendo líquidos sus activos financieros, y no se propague un credit crunch que afecte a la economía real.
La globalización implica que las crisis financieras también son globales.
Armando Méndez fue presidente del Banco Central de Bolivia.