Para los medios de comunicación no hay preocupación mayor que la política... es que pareciera que nada importara más, y, en cierta forma, es así. La política significa poder en la administración pública, y de ésta vive mucha gente y dependemos todos, sin excepción.
La política es algo que interesa a todos y en todas partes del mundo. Pero, Bolivia ha sido, desde siempre, una nación cuyos ciudadanos han hecho de la política el eje de sus inquietudes, de sus conversaciones diarias y, peor aún, de su actividad. El boliviano cae en cuenta de esa realidad cuando viaja al exterior y nota que los intereses prioritarios son otros. Existe un motivo evidente para tener esa actitud: aquí se vive la política en cada jornada, y siempre intensa y hasta apasionadamente.
Nada más cambiante y tornadizo que la vida política del país, tanto así que para los medios de comunicación no hay preocupación mayor que la política... es que pareciera que nada importara más, y, en cierta forma, es así. La política significa poder en la administración pública, y de ésta vive mucha gente y dependemos todos, sin excepción. De allí su trascendencia.
En Bolivia, por lo general, un nuevo gobierno trae consigo un cambio en la administración pública, lo que no acontece en otros países porque esto suele perjudicar a la buena marcha del Estado. Aquí no, aquí hasta un relevo democrático tiene grandes consecuencias en la estabilidad doméstica de la gente, por una razón: no se ha hecho una carrera de la administración pública. Entonces, sin carrera pública, cada gobierno que se encumbra ubica en el sector público a sus partidarios y deja cesantes a quienes ocupaban esas funciones. Eso, en cuestión de empleo, no arregla nada.
Este tema no es de ahora, sino de siempre. Cuántas veces, en las últimas décadas, se ha sabido de personas que acceden a cargos de responsabilidad pese a no estar preparadas para ocuparlos, y todo por premios o recompensas a la lealtad política. Hasta en cargos profesionales y técnicos, que requieren estudios, la dádiva política ha hecho estragos. Los campos de los hidrocarburos y de la diplomacia son ejemplos lamentables; la política se ha inmiscuido allí, sin tomar en cuenta la particular delicadeza de esos dos sectores.
Una democracia tan antigua como la norteamericana se torna activa y promueve interés en la política solamente en épocas electorales, como la actual. Hoy, los estadounidenses están pendientes del perfil de los candidatos a la presidencia, de sus programas y de los debates; pero, una vez que se instale el nuevo gobierno, no hablarán más de política interna y se interesarán en otros asuntos, incluso del resto del mundo. Así, se ocuparán por ejemplo de deportes, de cine, del weekend, de su economía personal y hasta de preparar sus vacaciones veraniegas.
Algo similar a lo que ocurre en Europa. España es una nación donde la política ha jugado siempre un rol importante en la vida diaria de sus habitantes, especialmente luego de los largos años de silencio de la dictadura. Pero, en todo caso, no llega a los niveles de politización que a Bolivia no le hace nada bien.
¿Cómo puede ser posible que niños bolivianos sean partícipes activos de la política nacional, a veces incluso actuando, como los mayores que les incitan, en violentas manifestaciones? Aparecen hasta en la propaganda del oficialismo y de la oposición.
Un país no puede vivir pendiente, casi con exclusividad, de la política. Hay tantas cosas de las que ocuparse también, como los innumerables atractivos turísticos o las riquezas históricas que guarda cada ciudad y que son abundantemente valoradas en el exterior, sin que nuestra mirada corta y politizada lo note.