A propósito de la geopolítica Vocablo acuñado por el sueco Rudolf Kjellén en 1899, la geopolítica, hija de la geografía, conoce un notable éxito entre las dos guerras mundiales. Los nombres de los alemanes Friedrich Ratzel (1844-1904) y Karl Haushofer (1869-1946), del británico Sir Harford J. Mackinder (1861-1947) y de los norteamericanos Alfred Mahan (1840-1914) y Nocholas Spykman (1893-1943) están íntimamente asociados a sus primeras concepciones. Y será por las orientaciones de Haushofer, que inspira la justificación del expansionismo nacionalista germánico con la geopolitik alemana, que la geopolítica terminará de estar estrechamente ligada con el horror del nazismo y el racismo engendrado en el IIIer Reich. Después vendrá una larga hibernación, pues nunca un vocablo estuvo tan cargado de oprobio y horror.
Pierre Gallois, en las primeras líneas de su impresionante obra “Geopolitique, les voies de la puissance” sentencia:
“La geopolitik ha muerto con el derrumbe del IIIer Reich. La geopolítica, ahora adolescente, ha nacido de la oposición de la sociedad liberal y de la sociedad de economía planificada” (Gallois, 1990, Geopolitique, les voies de la puissance, Plon, p.13).
En efecto, después de los años 1970 y sobre todo después del fin de la guerra fría, la geopolítica, rama de la ciencia social y estrechamente emparentada con la geografía política, vuelve con fuerza dejando detrás una interpretación y una práctica para dar paso a nuevos fundamentos y objetivos. Y es gracias al trabajo de muchos geógrafos y cientistas políticos que se ha podido sistematizar el campo de análisis de la geopolítica. El geógrafo francés Yves Lacoste es uno de ellos.
“Sea cual sea la extensión territorial (planetaria, continental, estatal, regional, local) y la complejidad de los datos geográficos (relieve, clima, vegetación, distribución de la población y de sus actividades), una situación geopolítica se define, a un momento dado de una evolución histórica, por las rivalidades de poderes, de más o menos gran envergadura, y por las relaciones entre las fuerzas que se encuentran sobre las diferentes partes del territorio en cuestión”. (Lacoste, 1995, CD-Rom Dictionnaire de Geopolitique, Flammarion.).
Estas rivalidades de poderes sobre el territorio —nos dice Lacoste— se manifiestan a nivel de Estados en la disputa por el control de territorios, pero también pueden manifestarse al interior de un mismo Estado en las reivindicaciones regionales o en su caso pueden manifestarse en el seno mismo de una nación, donde las rivalidades geopolíticas existen entre los partidos políticos que buscan extender su influencia o conservar alguna circunscripción electoral. Aquí, el rol de los medios de comunicación y de los instrumentos que tiene la población para poder expresarse en los asuntos del Estado son también importantes a la hora de comprender la relación poderes y territorio. Así, prensa y democracia están estrechamente ligadas a las situaciones geopolíticas.
Pero para terminar de comprender el sujeto de nuestra reflexión (geopolítica de partidos políticos), no podemos dejar de mencionar otro de los aportes de Lacoste. Se trata de las ideas geopolíticas o como prefiere llamarlas las representaciones, entendidas éstas como una construcción (colectiva o no), un conjunto de ideas más o menos lógicas y coherentes que tienen la virtud de describir una parte de la realidad de manera borrosa o precisa, deformada o exacta y cuya función primera es que sea compartida por un grupo o por todo un pueblo a fin de motivarlo y movilizarlo.
Aquí, nos quedamos con el concepto de representaciones geopolíticas colectivas que están impregnadas de las prácticas culturales, religiosas, políticas, económicas y de los diversos sentimientos de pertenencia que se generan en la vida cotidiana de los hombres y mujeres que comparten una sociedad y viven en un país.
Es así que para comprender el origen de las situaciones geopolíticas en Bolivia, es importante aceptar que más allá que Bolivia es una constatación jurídica de un estado de hecho territorial, económico y social, es también una representación colectiva que no necesariamente es coincidente para todos. Esto explica que los bolivianos, en función a sus orígenes regionales, estratos sociales, grupos étnicos, influencias religiosas o de identificación partidaria se representen Bolivia de manera diferente y hasta antagónica y generen situaciones geopolíticas que se traducen en rivalidades de poder sobre el territorio y sobre las personas que residen en ellos, llegando a modular las estructuras mismas del poder, de la administración, del sistema de partidos, del sistema electoral, pero también las concepciones de Estado, gobierno y las visiones de desarrollo.
Hacia una geopolítica de los partidos políticos en Bolivia
He aquí una aproximación, diferente ciertamente, para analizar, conocer y comprender parcialmente lo que está viviendo Bolivia en la actualidad. Ciertamente no somos los primeros ni los únicos en proponer una sistematización y una mirada de la realidad socio-política boliviana con estas características. Ahí están los estudios de geografía electoral realizados por algunos pocos cientistas sociales. Pero aún falta aprovechar la riqueza analítica que nos permite la utilización de los conceptos y métodos expuestos líneas más arriba. Nunca es tarde.
Los datos y las herramientas necesarios para emprender investigaciones y estudios de este tipo están al alcance de la mano. La Corte Nacional Electoral (CNE) ya cuenta con registros informatizados a gran detalle (cómputos a nivel de mesas) de las elecciones generales y municipales realizadas durante los últimos 26 años de democracia. De igual manera, el Instituto Geográfico Militar (IGM) como el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) cuentan con una cartografía consistente que es la base para cualquier estudio de esta naturaleza. Ni que decir de los abundantes estudios, monografías y encuestas de opinión y percepción política que dan cuenta de las dinámicas y evoluciones del paisaje político y social boliviano. Finalmente, el mercado nos ofrece una variedad de sistemas de información geográfica que permiten hacer análisis y proyecciones cartográficos de excelente precisión. Al parecer, todo estaría dispuesto para que se pueda avanzar hacia una geopolítica de los partidos políticos en Bolivia.
¿Todo? La verdad que no. Y esto lo he constatado personalmente. Existe una gran falencia que no ha podido ser subsanada o simplemente es ignorada. Me refiero a la harmonización de los datos que manejan las instituciones que hemos nombrado. Así por ejemplo, la codificación de las entidades político-administrativas manejadas por el INE no son las mismas que maneja la CNE. La prueba está en la codificación utilizada por el último Clasificador Presupuestario propuesto por el Ministerio de Hacienda y la codificación utilizada por la CNE para los asientos electorales del Referéndum Revocatorio 2008. Las cosas se complican aún más para quienes deben trabajar con volúmenes importantes de datos y se constata las diferencias ortográficas que existen cuando se trata de escribir los nombres de localidades, cantones y municipios de Bolivia. Aquí, es importante y urgente institucionalizar y oficializar una sola codificación y ortografía armonizada y de uso obligatorio. Subsanadas estas falencias, el camino estará llano para cualquiera que desee incursionar en estudios e investigaciones (aplicadas o no) sobre la geopolítica de partidos políticos en Bolivia.