Sincretismo en el Día de los Difuntos En una conmemoración como la de hoy, es bueno aspirar a que la otra vida sea gloriosa para los seres queridos que se fueron para siempre. Y que, desde el más allá, velen por la paz, la salud y el bienestar de los suyos que se han quedado en la Tierra.
La conmemoración del Día de los Difuntos, que la Iglesia Católica estableció para que se cumpla en una jornada como hoy, 1 de noviembre, tiene como finalidad recordar y rendir tributo a los seres queridos que han dejado esta vida para acogerse al reino de los cielos.
Este acontecimiento de tan entrañable característica y sentimiento quedó instituido en el siglo V, por una devoción propagada en Francia que después la Iglesia oficializó para que se asista a las misas en los templos cristianos y se visiten las tumbas de las personas que han pasado a la eternidad, con la finalidad de orar por sus almas y depositar en ellas las ofrendas florales que sirvan de testimonio del recuerdo que se les guarda.
En nuestro medio, en especial en la región occidental del país, esta celebración cobra mayor fuerza que la solemnidad de Todos los Santos debido al sincretismo que existe entre la religiosidad aymara y la fe cristiana.
A propósito, el presbítero Hugo Trujillo explicó que en el mundo andino se tiene mucho respeto por los difuntos; en el altiplano son dos veces al año que se realiza esta conmemoración: el Jueves Santo y el 1 de noviembre. Esto es así porque, en la cosmovisión aymara, la persona que muere pasa a otra vida, en la cual se considera que tiene las mismas necesidades que tenía en este mundo, una de ellas, por ejemplo, los alimentos.
Por esta razón se instalan mesas con masas, comida, bebidas y otras cosas que eran del gusto del difunto. Aparte, se arman altares con sus fotografías, según lo expresado por dicho religioso y que el Arzobispado de La Paz se ha encargado de difundir.
Otra anotación de Trujillo es que existe una mezcla entre las creencias, ya que, para la religión católica, la persona que muere descansa en la paz del Señor hasta el día de la resurrección, mientras que, para la religiosidad aymara, el difunto regresa cada seis meses para estar con los vivos.
De acuerdo con la tradición paceña, las almas llegan el 1 de noviembre al mediodía y permanecen en los hogares de las familias hasta el mediodía del 2, es decir, hasta mañana, motivo por el que se instalan aquellos altares y las mesas de alimentos, para que sus almas se sirvan de éstos.
El papa Benedicto XVI, en ocasión de una homilía que pronunció en el Vaticano el miércoles 29 de octubre, ha instado a que en los hogares de los católicos y no católicos se medite en la eternidad de este Día de los Difuntos. Además, la máxima autoridad eclesiástica orientó a las personas en el sentido de que los valores humanos nunca perecen.
Por su parte, el padre Raniero Cantalamessa, en su condición de predicador de la Casa Pontificia, se aprestaba a decir en la liturgia de hoy, en el Vaticano, que Jesús explica el motivo por el que debe haber vida después de la muerte. También afirma que si Dios se define como un Dios de vivos y no de muertos, entonces esto significa que Abraham, Isaac y Jacob viven en algún lugar; si bien en el momento en que Dios habla de Moisés, aquéllos están muertos desde hace siglos.
En una conmemoración como la de hoy, es bueno aspirar a que la otra vida sea gloriosa para los seres queridos que se fueron para siempre. Y que, desde el más allá, velen por la paz, la salud y el bienestar de los suyos que se han quedado en la Tierra.