Benedicto XVI, en las palabras que pronunció en la solemnidad de Todos los Santos del 2007, dijo que el cristiano ya es santo, pues el bautismo lo une a Jesús y a su misterio pascual, pero, al mismo tiempo, tiene que llegar a ser santo integrándose con Él cada vez más estrechamente.
La Iglesia Católica celebra hoy, 2 de noviembre, la solemnidad de Todos los Santos, oportunidad propicia para recordar a los santos de los altares que se veneran en los templos, a los anónimos de todos los tiempos y a cada uno de los seres humanos que han recibido el sacramento del bautizo. Porque ellos están llamados, espiritualmente, a llevar una vida al menos cercana a la santidad, partiendo del amor que deben imponer en sus hogares, y a esforzarse para que la convivencia armoniosa se imponga entre los vecinos y, por añadidura, entre los que integran la comunidad boliviana.
En la larga historia del catolicismo, esta solemnidad surgió a principios del siglo IV, como producto de una inquietud que se hizo patente entre los cristianos de aquella lejana época dirigida a recordar a todas las personas que habían muerto en martirio o entregado su existencia humana a la causa de la fe, aunque sus nombres eran desconocidos. A consecuencia de esta actitud virtuosa la Iglesia resolvió dedicar un día del año a los innumerables santos y santas que se entregaron al servicio de sus congéneres y del propio Dios, creador del universo.
Al respecto, en el Episcopado nacional se enfatiza en que los hijos de esta tierra deben ponerse en el camino a la santidad hasta el último día de sus vidas, sin que ello implique exigencias que estén más allá de la disposición que tengan para empeñarse en ser buenos padres y madres, buenos hijos, buenos empleados y trabajadores, buenos conductores de los compromisos que adquieran consigo mismos y con los demás y, por último, buenos fieles de la Iglesia, para honrar la condición de haber sido bautizados.
El papa Benedicto XVI, en las palabras que pronunció en la solemnidad de Todos los Santos del 2007, dijo que el cristiano ya es santo, pues el bautismo lo une a Jesús y a su misterio pascual, pero, al mismo tiempo, tiene que llegar a ser santo integrándose con Él cada vez más estrechamente. Expuso también que, a veces, se piensa que la santidad es un privilegio reservado a unos pocos elegidos; empero, en realidad, llegar a serlo es la tarea de todos los cristianos, es decir, de cada hombre y cada mujer.
“Todos los seres humanos están llamados a la santidad que, en última instancia, consiste en vivir como hijos de Dios, en esa ‘semejanza’ a Él, según la cual han sido creados”, terminó su mensaje el papa Benedicto XVI aquella vez.
El obispo auxiliar de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti, en la homilía del domingo pasado, explicó que “santo” o “santa” es aquella persona que vive para amar, por lo tanto, no es necesario pensar que para ser santos hay que hacer cosas extraordinarias o milagros, sino que ser santos significa solamente llevar una vida ordenada y pacífica. “No pensemos que para ser santos hay que hacer cosas excepcionales, hacer milagros; yo diría que ser santos es realizar bien las cosas de todos los días, tanto en el hogar como en el trabajo”, destacó.
El representante de la Iglesia Católica recordó también que en el Antiguo Testamento, Jesús hace un llamado a los israelitas para que sean santos, considerando que muchas personas, a lo largo de tantos siglos, han acogido con gozo este llamado a ser santos, por voluntad propia y asumiendo que sí lo pueden hacer.
La jornada de hoy invita a reflexionar sobre estas palabras.