La actividad minera tiene que ser manejada con criterios de previsión. Es importante frenar el contrabando, que es otra forma de evasión del pago de impuestos. Nadie, por ningún motivo, debe dejar de pagar impuestos por la explotación de recursos naturales no renovables.
E l Gobierno ha empezado a encarar las repercusiones sociales de la brusca caída de los precios de los minerales. A los pocos días de haber dispuesto seis millones de dólares para un fondo destinado a ayudar a las cooperativas que se dedican a la explotación de minerales de zinc, la atención de las autoridades debe ahora dirigirse a otros sectores de la minería.
Como medida previa, se decidió dejar sin efecto la aplicación de un sistema de sobretasas para las exportaciones mineras, en vista de que los altos precios que las justificaron han dado paso a los de la crisis. Los recursos para ayudar a los mineros del zinc fueron obtenidos de un fondo que estaba pensado para financiar nuevas actividades, promoviendo investigaciones o cubriendo costos para maquinaria.
Dirigentes sindicales opinan que para estas circunstancias sería bueno que el país contara con un fondo especial, formado con aportes que se realicen en los tiempos de precios altos. Ese criterio parece correcto, y coincide con el concepto de que en las épocas de vacas gordas se tiene que ahorrar para las épocas de vacas flacas; es decir que se debe ser capaz de tomar previsiones.
Según la experiencia de los viejos mineros, los buenos precios duran por lo general dos años y las épocas de depresión, el doble, o sea, cuatro años. Ojalá esta vez la depresión de precios dure menos, pero el dato podría servir como punto de partida.
Quizá no sea posible cargar todo el peso de las previsiones en los tiempos de precios altos, que duran tan poco, y sí elaborar un plan que consista en aplicar criterios permanentes de previsión, que se acentuarían en los momentos del auge de precios.
Es decir que se debería plantear que todas las empresas que participan en la extracción de minerales paguen siempre un impuesto básico. Que nadie esté exento del pago de ese tributo sería una medida apropiada para encarar este tipo de contingencias y para que, después, no todo sea queja.
Las cooperativas mineras fueron eximidas del pago del impuesto especial aplicado para que tenga vigencia en los precios altos. Algunos cooperativistas, inclusive, llegaron a incendiar edificios públicos en la ciudad de Potosí cuando el Gobierno propuso que ellos también paguen esa sobretasa.
Ahora, los dirigentes del sector de las cooperativas mineras exigen el desembolso de recursos para compensarles por los precios bajos. Si ellos hubieran aceptado pagar la sobretasa, tendrían ahora mucho más derecho a exigir lo que piden.
El destrozo de las oficinas públicas de Potosí deberá ser reparado con recursos del Estado boliviano, pues sería difícil que los mineros paguen algo ahora que están con tan bajos ingresos.
El caso de las cooperativas es extremo, pero sirve para ilustrar el comportamiento del sector. El pago de impuestos tendría que ser una obligación universal, ya que habilitaría a todos los ciudadanos para exigir por sus derechos. La vida en sociedad, al fin de cuentas, está hecha de obligaciones y derechos; cuando un individuo falla, lo lógico sería que el sistema tambalee.
La actividad minera tiene que ser manejada con criterios de previsión. Es importante frenar el contrabando de minerales, que es otra forma de evasión del pago de impuestos y de aranceles. Nadie, por ningún motivo, debe dejar de pagar impuestos por la explotación de recursos naturales no renovables.