El problema de las carreteras En este tema crucial, por tratarse del desarrollo de una buena parte de la nación, hace falta más responsabilidad del Gobierno y seriedad de las autoridades respectivas. No se puede seguir improvisando en una materia tan importante como son las carreteras
Es probable que las autoridades de la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) hayan tenido buenos motivos para interrumpir el contrato con la empresa brasileña Queiroz Galvâo, responsable de construir la carretera Potosí-Tarija, pero dos años después de esa decisión no se los reconoce.
La obra fue interrumpida de improviso y quedó trunca una carretera vital, que estaba destinada a conectar, por primera vez, el sistema nacional de carreteras con una de las más importantes capitales de departamento del país, que es Tarija.
Esa ciudad ya había sido marginada de los planes ferroviarios a principios del siglo XX y ahora se le estaba dando la posibilidad de comunicarse con el sistema nacional de carreteras, pero la decisión de la ABC vino a cortar esa gran oportunidad.
Junto con Cobija y Trinidad, Tarija es una de las cuatro capitales de departamento que no están conectadas al sistema nacional de carreteras asfaltadas. Y, por lo que se ha visto hasta ahora, continuará en esa situación por algunos años más.
El debate que mantiene el Gobierno con la empresa brasileña es muy largo y confuso. Un año después de la interrupción de la obra, el Poder Ejecutivo llamó a la compañía para pedirle que reanude el trabajo, quedando sobreentendido que, con esa invitación, tenía que olvidar todos los entredichos pasados, que incluyeron su expulsión.
Eso ocurrió hace un año. Se suponía que la ABC había llegado a un acuerdo para la reanudación de las obras, porque incluso se habló de un sobreprecio de 40 millones de dólares que debía compensar a la empresa por el incremento del precio de los materiales.
Ha pasado un año entero y ahora se sabe que no hubo acuerdo alguno y que las autoridades siguen dudando acerca de si firmarán otro acuerdo o dejarán el contrato anulado y procederán con una nueva licitación en este tema.
En la vorágine de los tiempos actuales, una de las últimas noticias que se supo al respecto es que la firma brasileña tiene hasta el 10 de diciembre para presentar una oferta, porque de lo contrario la ABC llamaría a una nueva licitación.
A todo esto, los habitantes de Tarija, como los demás del sur del país, siguen esperando. Las indecisiones de las autoridades de la ABC demoran el momento en que debe concretarse la anhelada conexión de aquella ciudad con el resto de Bolivia.
Esta vez no se trata de la exclusión de una región por razones económicas —como ocurrió cuando se construían los ferrocarriles—, sino de una serie de imprevisiones, de decisiones mal diseñadas y peor ejecutadas, las que dejan a Tarija marginada.
Cuando se tomó la decisión de interrumpir las obras, hace ya dos años y medio, se supone que las autoridades tenían una solución para el problema. Ahora se ve que no la tenían y que hasta ahora no saben cómo van a resolver el asunto.
Lo único que queda como certeza es que el sur del país se encuentra aislado y que la única conexión de Tarija con una carretera asfaltada es con la República Argentina, pero, aunque parezca increíble, no con los departamentos del sur boliviano.
En este tema crucial, por tratarse del desarrollo de una buena parte de la nación, hace falta más responsabilidad del Gobierno y seriedad de las autoridades respectivas. No se puede seguir improvisando en una materia tan importante como son las carreteras.