“Más allá de lo que el poder haga o deje de hacer, los periodistas tenemos que revisar nuestra forma de hacer periodismo” La noche en que la madre de Julia Ípamo pudo demostrarle sobre un papel a su hija que ya podía escribirle su nombre, se llenó de estrellas. Fue en San Antonio de Lomerío, en plena Chiquitanía boliviana. La señora no daba más de orgullo: “Hijita, mira, ya sé cómo es Julia”, le decía. Casualmente estaba ahí y fui testigo de la felicidad de ese municipio cuando se declaró libre de analfabetismo. Para mí, ese fue el hecho más importante del año 2009, pero quizá veo la realidad con otros ojos.
Al mismo tiempo me entero que la cantidad de vidrios rotos en las escuelas públicas paceñas ha disminuido en un 80%. La razón: se ha premiado a los vecinos que cuidan la infraestructura de las escuelas en las que estudian sus hijos. Para mí, eso es noticia, y de las buenas, que bien se complementaría con el anuncio de que en la sede del Gobierno el año del Bicentenario habrá cero déficit de aulas escolares.
En el macrodistrito de Max Paredes se ha disminuido la criminalidad en un 50% gracias a la acertada participación de los vecinos en el programa de policía comunitaria. Para el arriba firmante, periodista con 25 años de ejercicio, eso es noticia.
Puedo seguir largamente con ejemplos de temas nodales para la ciudadanía, pero creo que como muestra bastan estos cuatro botones. ¿Cuál fue el tratamiento que le dieron los medios de comunicación? Pues la mayor parte ignoraron estos temas o los minimizaron. La sola declaración de Bolivia libre de analfabetismo debió haber sido apertura plena, con la consiguiente alegría de que potencialmente ahora hay más personas que puedan leer los medios escritos. Pero no. Ahí, estaba la información minimizada en la tapa, con poco tratamiento en los noticiosos radiales y televisivos.
Seguro el caso merecería un tratamiento cuantitativo para ver cuántos centímetros columna o cuántos minutos dedicamos a las noticias que tienen que ver con el escándalo (sobre todo si en éste se ve implicado alguien del actual Gobierno) y cuántos a los logros de los bolivianos, a sus pequeñas y grandes victorias, a la construcción de este país.
Sólo un tarado podría pretender que desde el 52 no hemos avanzado nada. Basta ver la educación, basta ver la electrificación rural.
Pero volvamos a los medios. La verdad es que la actitud del Presidente me pareció un exceso. Eso de andar poniendo a la gente delante de todos es un despropósito condenable. Pero, más allá de lo que el poder haga o deje de hacer, los periodistas tenemos que revisar nuestra forma de hacer periodismo y de priorizar los temas. Mucho me temo que las obsesiones políticas nos están llevando a que, junto al agua sucia, botemos a la guagua.
Necesitamos de un periodismo comprometido con la ciudadanía no sólo en la crítica, sino en el reconocimiento de los grandes logros.
Tan sólo el recordar los ojos de la madre de Julia, anunciando que podía escribir el nombre de su hija, ya demuestra que éste no fue un año perdido. Ni mucho menos.
*Jaime Iturri S. es periodista .
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Las ruedas de prensa con mandatarios —en especial si son mundiales— suelen constituir uno de los espectáculos más repugnantes que ofrece la profesión más simultáneamente antigua del mundo
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