El presidente Evo Morales necesita rehacer la lista de sus amigos y de sus enemigos, de sus aliados y de sus rivales, sobre todo si decide comenzar a ocuparse de los intereses de Bolivia.
El país con el que el Presidente se identifica más es Venezuela, por la amistad que tiene con su presidente, Hugo Chávez, pero las muestras que da ese país no son propias de un aliado.
Esta semana se ha conocido el impulso que está dando Chávez al proyecto de desarrollo del yacimiento petrolífero Mariscal Sucre, desde donde saldrán dentro de un año y medio exportaciones de gas natural licuado (GNL) hacia Argentina y Brasil, entre otros países.
Es decir que el aliado de Bolivia, el país más próximo al corazón del presidente Morales, está empeñado en arrebatar los mercados que ahora cubre el gas boliviano en la región.
El proyecto Mariscal Sucre reemplaza al fracasado inento por construir un gasoducto desde el Orinoco hasta Buenos Aires, con el que también el gobierno venezolano se había propuesto compartir con el gas boliviano en el Cono Sur.
El impacto del proyecto Mariscal Sucre ha sido inmediato en los planes argentinos. Llegó justamente cuando en Buenos Aires se hablaba de la necesidad de dar nuevo impulso al proyecto de conexión del gasoducto del noreste argentino (GNEA) con el sistema boliviano de ductos. La demora, que ha sido denunciada ante la justicia argentina, se debió a las dudas que existían en Argentina de la capacidad de Bolivia de cumplir el compromiso, suscrito el 2007, de elevar sus ventas de 7,7 a 27,7 millones de m3/d.
Pues ahora, el Gobierno argentino ha firmado un acuerdo con Venezuela para comprar el GNL que se produzca en Mariscal Sucre. Con ese acuerdo, Argentina resuelve dos problemas: se libera de las incertidumbres del gas boliviano y entra en el mercado del GNL como comprador, que es la posición más cómoda de este negocio, ahora que se dispara en todo el mundo el auge de las plantas de licuado del gas (en castellano, el acto de convertir algo en líquido se llama licuar, no “licuificar” como dicen algunos traductores apresurados). Este auge, al que se suma el GNL venezolano, ha provocado ya la caída del precio del producto, a $us 3,37/millón BTU.
El amigo Chávez ha firmado también acuerdos para la venta de GNL con Brasil, que construye ahora su tercera planta de regasificación para sus importaciones de GNL. Brasil debería estar recibiendo 31 millones m3/d de gas boliviano aunque por fallas de YPFB Transportes recibe solamente 27 millones.
En este juego parece que Morales pone la ineptitud en el manejo del gas boliviano y Chávez lo aprovecha, porque para él sí, al parecer, lo primero son los intereses de su país. El hecho de que PDVSA no haya invertido todavía en YPFB los 1.500 millones de dólares que Chávez ofreció en marzo del 2006 ayuda a entender el sentido de este juego.
Perú, en cambio, el vecino con el que Morales se propone romper relaciones si fuera necesario, no es un país rival en el campo del gas natural. Si son correctas las cifras que maneja el diario Expreso de Lima, las reservas de Camisea se han caído a 8 TCF y ahora se duda que vayan a servir para cubrir la demanda interna, sin hablar de las exportaciones.
Cuídame Dios de mis amigos, que de mis enemigos me cuido solo.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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