Las fiestas del Bicentenario de la gesta libertaria del 16 de julio fueron celebradas en La Paz con gran entusiasmo, además, la euforia se extendió a toda la República, tal es el caso de la comunidad paceña en Santa Cruz, donde, cuatro días después, una fraternidad “chucuta”, que presuntamente incumplió con las normas municipales, tuvo que ser intervenida por gendarmes, con lo que se provocó algunos contusos en ambos lados.
“Los paceños hacen lo que les da la gana”, dijo el oficial mayor de Defensa Ciudadana de la Alcaldía cruceña, molesto por tan extensas celebraciones y los excesos con las bebidas. El presidente de los residentes paceños asumió la responsabilidad de los actos, aunque todos los espectadores coincidieron en lo más importante, y es que los bailarines paceños hicieron gala de un hermoso folklore, lleno de colorido, música y gracia.
Como en toda circunstancia, es elemental que impere la moderación en todas nuestras efemérides departamentales, más todavía cuando éstas se extienden a otras regiones del país.
La música y el folklore no tienen por qué estar acompañados de abundante bebida, que, inevitablemente, conduce a riñas innecesarias, cuando no a atropellos abusivos contra el ornato y las buenas costumbres.
Las fiestas julias en La Paz han sido muy importantes y la participación popular realmente grande. Esa imagen del Bicentenario del grito libertario de Pedro Domingo Murillo es la que debería prevalecer en toda Bolivia, para honra de paceños y bolivianos porque aquí se gestó la independencia de América.
Esperamos que las fiestas departamentales se puedan extender por toda la nación y que sean el vehículo para que los bolivianos nos integremos más y aprendamos a respetar nuestras costumbres y apreciar las tradiciones que son tan variadas.