Brasil 2014

Brasil ‘muere’ presionado, sin un líder y sin jugar bien

Fueron muchos los factores que pesaron para el fracaso

Desilusionados. Óscar (11), Fred (9) y en el fondo Marcelo, todos sin explicación por la derrota.

Desilusionados. Óscar (11), Fred (9) y en el fondo Marcelo, todos sin explicación por la derrota. AFP.

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Teresópolis

02:21 / 10 de julio de 2014

La derrota histórica de Brasil en el Mundial tuvo origen en al menos diez grandes problemas que afectaron al equipo del seleccionador Luiz Felipe Scolari. El exceso de presión. Scolari impuso a su equipo un nivel de exigencia máximo y elevó el listón de lo mínimamente aceptable a un nivel tan alto que generó un nerviosismo desaforado entre los jugadores.

La selección brasileña vivió angustiada durante todo su periplo mundialista con la losa de la obligación de hacer olvidar el “maracanazo”. Los nervios, el miedo a perder, fueron patentes en diversos momentos de la competición. Se desataron antes de la tanda de penales contra Chile, cuando varios jugadores lloraron desconsoladamente, y fueron patentes en las semifinales, con la impotencia del equipo para reaccionar ante Alemania.

La ausencia de un líder en el campo. La joven selección brasileña echó de menos un líder en el grupo, un jugador con galones y experiencia para calmar la ansiedad, para poner orden en un banquillo desquiciado. El brazalete de capitán le vino grande a Thiago Silva, postrado en un rincón del campo durante la tanda de penales contra Chile, el jugador abdicó de sus funciones cuando el equipo más le necesitaba.

Los otros veteranos de anteriores mundiales, como Julio César o Fred, tampoco fueron capaces de transmitir la tranquilidad que necesitaban los anfitriones ni de asumir el protagonismo cuando el principal astro, Neymar, se lesionó.

Una preparación deficiente. La selección brasileña se entrenó poco, Scolari canceló varias sesiones dobles que había programado, minimizó la carga física de los ejercicios y en especial redujo el trabajo de los titulares.

Éstos pasaron tres días sin tocar el balón después de los octavos de final y tan solo realizaron una práctica ligera antes de su cita de semifinales contra Alemania. Scolari solo cerró tres entrenamientos a la prensa para preparar tácticas especiales, por tanto en el resto de las sesiones no entrenó jugadas ensayadas a balón parado.

El vigor físico y la intensidad de juego fueron claves el año pasado para explicar el triunfo de Brasil en la Copa Confederaciones y la bajada de revoluciones durante el Mundial ha destapado todas las deficiencias del equipo.

El exceso de confianza. Le faltó humildad a Scolari para admitir errores, trabajar sobre ellos y hacer autocrítica, en lugar de entregarse al engaño de que se podría ganar el Mundial solo con una poderosa interpretación del himno nacional antes de los partidos. El técnico también tuvo fe ciega en el grupo que ganó la Copa Confederaciones y no tomó medidas para mover las piezas que no funcionaron.

De paso, la concentración de Brasil en Teresópolis, lejos del desmadre de Weggis (Suiza) en el Mundial de 2006, ha estado llena de distracciones, con demasiado público desde la calle y visitas de programas de televisión, lo que ha incentivado un clima de euforia que dejó la preparación en segundo plano.

La dependencia de Neymar. Brasil nunca llegó a un Mundial con una estrella tan aislada, con un único jugador que tuviese sobre sus hombros todo el peso de la responsabilidad de ganar el torneo y menos aún con tanta juventud como Neymar.

El joven astro fue el único que aportó algo de magia y alegría dentro del planteamiento industrial de Scolari, pero el delantero de 22 años no fue el salvador que el entrenador esperaba. Es que el ‘10’ de Brasil fue intermitente, solo tuvo dos buenos partidos, en los que anotó cuatro goles, y bajó de producción en los octavos y cuartos de final.

La lesión de Neymar desnudó las limitaciones del equipo brasileño, que pareció asumir la derrota y entregarse al vapuleo alemán. La renuncia al balón. Brasil es el semifinalista que menos toca la pelota y ha terminado con 2.249 pases completos, 1.172 menos que Alemania y solo 546 más que España, equipo eliminado en la primera fase y que jugó la mitad de los encuentros.

Entre los cinco mejores pasadores de Brasil figuran cuatro jugadores de su defensa, Marcelo, David Luiz, Thiago Silva y Daniel Alves, y el medio centro Luiz Gustavo, todo un síntoma de los problemas de juego en el centro del campo. Las estadísticas muestran lo que en realidad se vio en la cancha, un equipo que conecta la zaga con el ataque con pases largos, sin pasar por los centrocampistas.

La incapacidad para cambiar el juego del equipo. Ninguno de los centrocampistas que probó el director técnico durante la competición consiguió lograr un buen funcionamiento en el centro del campo. Paulinho, la primera opción de Scolari, estaba a un nivel más bajo que en la Copa Confederaciones y jugadores de corte más defensivo como Fernandinho o Ramires no fueron una buena alternativa.

Hernanes, el centrocampista que toca mejor el balón, fue el que contó menos para Scolari y solo jugó 31 minutos en dos partidos, mientras que el media punta Óscar, una de las mayores decepciones de la canarinha, solo cuajó un buen partido en el día del debut contra Croacia.

La ausencia de un nueve. Brasil siempre fue tierra fértil para los delanteros centros y ha acudido a su Mundial sin un ariete de garantías. Fred tuvo el apoyo incondicional de Scolari, que lo mantuvo en la titularidad a pesar de que su sequía goleadora y su falta de movilidad en el campo lo habían convertido en el blanco de incontables burlas por parte de los aficionados.

El delantero del Fluminense está por despedirse del Mundial con un único gol, anotado en el día más intrascendente, en el tercer partido de Brasil en la primera fase ante una ya eliminada Camerún.

Su sustituto, Jô, no consiguió tener opciones de gol en los 78 minutos en los que estuvo en el campo, al igual que Hulk, quien tampoco logró inaugurar su casillero. Los problemas en las laterales. Scolari se privó de un instrumento ofensivo al limitar las subidas de sus carrileros, en especial Marcelo, quien sobresale más por sus cualidades ofensivas que defensivas.

En el capítulo defensivo, ninguno de los laterales dio tranquilidad suficiente al equipo, en especial Daniel Alves, que fue un coladero y acabó siendo sustituido a mitad del Mundial por Maicon.

La elección de los laterales fue uno de los capítulos más criticados en la convocatoria de Scolari, por la exclusión de Filipe Luis y de Rafinha. La crispación. Convencidos de la existencia de un complot contra los anfitriones, los miembros de la delegación brasileña discutieron con la FIFA, con la prensa y con los adversarios, lo que tuvo repercusiones en la concentración y preparación del equipo.

Más preocupado en su correcalles particular con la prensa que en corregir las deficiencias del equipo, Scolari reveló que prefirió usar el último entrenamiento antes del partido contra Alemania para “despistar” a los periodistas, en lugar de cerrar las puertas y concentrarse en trabajar en tácticas para ganar a su rival.

La retórica exaltada, las salidas de tono y las provocaciones dieron paso a una trifulca contra la delegación chilena que terminó con una sanción para el jefe de prensa de Brasil, Rodrigo Paiva, por un puñetazo al delantero Mauricio Pinilla.

Los datos

Con cero

El diario brasileño O Globo, en una inédita crítica, calificó con cero a todos los jugadores tras la goleada.

Adjetivos

Julio César quedó ‘enterrado’; Maicon, ‘atropellado’; Dante, ‘perdido’; David Luis, ‘aturdido’; Fernandinho, ‘desgobernado’; Óscar, ‘frágil’; Ramires, ‘irrelevante’; Fred, ‘trágico’, y Scolari ‘vencido’.

Algunas causas de la debacle

Exceso de presión: Scolari elevó las metas

El hecho de ser local, de tener la obligación de no perder por esa condición fue aplicada no solo por el entrenador Felipe Scolari, sino por la misma afición local.

Careció de un líder: Faltó un veterano

Si bien contó con Julio César y Fred, el resto de los jugadores no dio la talla ni el temple a las circunstancias. Thiago Silva no estuvo a la altura de la capitanía.

Dependencia del ‘10’: Neymar aislado y joven

El juego del cinco veces campeón mundial tuvo una excesiva dependencia de Neymar, sin la companía necesaria, por eso acabó solo. Muy joven para mucho peso.

Sin variantes: Ni esquema ni jugadores

Al margen de apostar a un tridente ofensivo, el técnico ensayó variantes, de las cuales ninguna respondió a la exigencia del momento. Además, no tuvo cambios tácticos.

Sin un delantero: Ni Fred ni Jo ni Hulk

Ninguno de los delanteros, excepto Neymar Jr., logró aportar y desequilibrar. Los atacantes Fred, el gigante Jo y el fornido Hulk estuvieron lejos.

Careció de laterales: Ni marca ni proyección

Un ‘arma’ histórica y especial de la canarinha siempre fue la potencia de sus laterales-atacantes, con los que no contó ahora. Fue un detalle que saltó nítidamente a la luz.

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