Brasil 2014

Caos, ridículo, vergüenza e incredulidad

Desde el punto de vista estrictamente técnico, el análisis es imposible. Vimos un partido de semifinal de Copa del Mundo semejante a un entrenamiento. El planeta fue testigo de algo mucho más que insólito.

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Dorado Vega

08:00 / 09 de julio de 2014

Desde el punto de vista estrictamente técnico, el análisis es imposible. Vimos un partido de semifinal de Copa del Mundo semejante a un entrenamiento. El planeta fue testigo de algo mucho más que insólito. Diríase, asombroso. Brasil desnudó ayer, patéticamente, todas las debilidades que mostró durante el torneo y que Scolari procuró disimular apegado a un discurso tan tozudo como desprovisto de argumentos valederos. Así terminó…

Si ya era complejo el panorama después de la apertura de Muller, lo que se produjo después —cuatro goles en siete minutos— superó, para el local, el guion de la peor película de terror. Klose, Kroos, por doble partida, y Khedira encarnaron el papel de monstruos gigantes,  invencibles.

Si hasta pareció —en un escenario surrealista— que el Flamengo, por la característica de la camiseta, se daba un festín a costa del propio seleccionado de su país.

Podrá argumentarse que sin el líder (Neymar) se extravió el norte. Sin embargo, se dejó sentir mucho más la ausencia de Thiago Silva, que supo, a lo largo de cinco actuaciones, sostener a una zaga limitadísima. Sobró demasiado juego. El impacto en los hombres de camiseta amarilla —y el dolor en las graderías— quedó patente de modo dramático.

Claro, Alemania jugó demasiado bien y tuvo en Kroos y Khedira a dos solistas de un baile al que la historia del fútbol deberá dedicar un capítulo particular. Luego del descanso el abatido perdedor recuperó algo de espíritu propio. Y tuvo tres oportunidades de descontar. En todas Neuer demostró su ya reconocida jerarquía. El castigo lo terminó de completar Shurrle al batir dos veces a Julio César y el descuento de Óscar no lo festejó nadie.

Sobrarán adjetivos para un episodio anormal, por así calificarlo. Este juego admite de tanto en tanto lo increíble. Y está claro que no por el resultado como tal, sino en razón a la magnitud de lo acontecido. Alemania consumó una masacre a domicilio ajena a todo pronóstico o apuesta. Quizás, por más de un motivo, ni siquiera equiparable al “maracanazo”.

Óscar Dorado Vega es corresponsal de Fox Sports.

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