Brasil 2014

Chile despide los restos de España

La Armada Invencible fue derrotada, pero nada de escarnio para ellos: respeto

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

00:56 / 19 de junio de 2014

España nunca se pudo recuperar del nocaut que le propinó Holanda. Estaba muerta. Del funeral y del entierro se encargó Chile. Le dio otra tunda. El once de Del Bosque era un boxeador sentido, tambaleante, con mentón de cristal. Y se encontró contra un fajador.

Ayer miércoles abdicó oficialmente el rey Juan Carlos. Ayer, también, dejó la corona la selección española. Doble abdicación monárquica. El fútbol tiene estas perlas que ningún otro deporte puede igualar: el primero de los 32 participantes en irse de Brasil es el campeón vigente. Increíble. Dos derrotas, cero puntos, siete goles en contra, uno a favor... Números inimaginables. Uno podía suponer que la estrepitosa declinación del Fútbol Club Barcelona y su envejecido tiqui taca podía arrastrar a la selección ibérica, dado que frente a Holanda terminaron en campo siete jugadores del club azulgrana (Jordi Alba, Piqué, Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro y Cesc); pero vaticinar semejante debacle es para astrólogos y pitonisas, no para periodistas. Era uno de los dos “grupos de la muerte”. Y la guadaña le tocó al pasodoble.

España nunca se pudo recuperar del nocaut que le propinó Holanda. Estaba muerta. Del funeral y del entierro se encargó Chile. Le dio otra tunda, y eso sí podía suponerse. El once de Del Bosque era un boxeador sentido, tambaleante, con el mentón de cristal. Y se encontró contra un fajador. Este Chile de Jorge Sampaoli es eso, un peleador bravo que propone palo y palo contra cualquiera. “Chile está obligado a ganarle a Holanda, sino en octavos deberá enfrentar a Brasil”, escuchamos al lado nuestro en el Centro de Prensa. Ya mismo podemos garantizar que, si les toca esa llave, Brasil va a tener problemas con este Chile indomable, agresivo, deseoso, ilusionado, metedor, atlético, que se ve capaz de todo. Es un equipo que atrapa; el mejor de toda su historia futbolística. Si México nos agrada, a Chile lo creemos todavía una fuerza mayor.

UNA PELÍCULA DIFERENTE. En Sudáfrica 2010 también se habían topado España y Chile, pero las circunstancias eran otras. El tiqui taca español estaba en flor, la generación dorada del Barça, en una edad perfecta, y los rivales aún intentaban descifrar cómo desarmar el toque de Xavi, Iniesta y compañía. Ganó la Roja de allá 2 a 1. Y se encaminó al título. El Chile de Bielsa le hizo frente, cayó con dignidad.

Ahora la historia era distinta, llegaba mejor la Roja de acá. Y ratificó en la cancha su presente. Impuso autoridad de entrada, pisando fuerte, trabando con todo, yendo a fondo en cada incursión ofensiva. El campeón parecía Chile. Jugó como un campeón; casi sin fisuras, comenzando por un arquero espectacular como Bravo, la firmeza defensiva de Medel y Gonzalo Jara, la inteligencia de Eugenio Mena y las subidas llenas de vitalidad de Isla. En el medio, el patrón Marcelo Díaz, crack por técnica y temperamento; Silva (el 8) y Aránguiz (20) cortando, trabajando, distribuyendo, y Arturo Vidal, un cacique araucano. Y los dos de arriba: peligroso siempre Vargas, autor del primer gol, impreciso Alexis Sánchez. Pero todos sintonizando la onda de “vamos a ganar que podemos, vamos que son menos”. Lo que definimos como el agrande positivo, el creérsela bien, la fe que ayuda en el salto, en la trabada, en la cuerpeada. Anímicamente no hubo equivalencias: Chile pasó por encima de España.

DEL BOSQUE, DEMUDADO. El rostro y los gestos del veterano entrenador simbolizaban a la perfección el desempeño de España, que parecía apichonada. Es posible que el planteo chileno fuera eficaz (de hecho, España nunca le encontró la vuelta al juego), pero se trató de una derrota mental, psicológica más que futbolística. España no estaba para este Mundial. Y también debe incidir el fárrago de partidos acumulados por sus jugadores en la temporada pasada. Casi todos son del Real Madrid, el Barça o el Atlético, y han jugado hasta la extenuación. Eso se paga.

EL VALOR DE UN DT. Una impresionante multitud de hinchas chilenos, con entrada o sin ella, se allegó hasta el Mundial. Les faltó llegar nadando; fuera de eso, vinieron de cualquier modo, atrapados por la ilusión que les provoca esta Roja ganadora y atrevida. Coparon el Maracaná como antes habían hecho los argentinos. Esta euforia, sin duda, la provoca la audacia de Sampaoli, llamado a mitad de las eliminatorias, y constructor de este presente. Es lo que tiene el valor de un DT, su coraje. El hincha se da cuenta enseguida de lo que un conductor les puede dar. Lo ven capacitado, trabajador y valiente. Es la antípoda de lo que sucede en la Argentina con Sabella. Lo único que los iguala es el pasaporte.

INSÓLITO SUCESO. Antes de que subiéramos al pupitre del estadio a presenciar el juego, mientras trabajábamos en el Centro de Prensa ubicado bajo las tribunas, nos tocó vivir un episodio grave, de alta tensión. Un grupo de alrededor de 200 hinchas chilenos que no tenían entrada decidieron invadir la malla exterior del Maracaná (muy endeble, por cierto) y entraron en malón al Centro de Prensa —donde trabajábamos unos 300 periodistas—, rompiendo vallas y puertas. Buscaban desesperadamente un acceso que los depositara en las tribunas y escabullirse entre el público ya ingresado. Al no encontrarla, fueron cercados por fuerzas de seguridad en un corredor. Para escapar, pugnaron contra las paredes de tabiques del Centro de Prensa y derribaron varias, cayendo éstas sobre los armarios donde se guardan cámaras y computadoras, y sobre las mismas mesas de trabajo. Jamás vimos nada similar en nueve mundiales de fútbol.

HONORES A ESPAÑA. El fútbol debiera despedir a España con una salva de 21 cañonazos. ¡Cae un campeón que ha dado tanto al juego en los últimos años..! Merece el máximo respeto. Como el buenazo Del Bosque, el hidalgo Casillas, los jugones Xavi, Iniesta... La Armada Invencible fue derrotada, pero nada de escarnio para ellos: respeto. Para la prensa es distinto, ellos pedirán cabezas. Bajábamos de la tribuna del Maracaná en el ascensor junto a un colaborador de Del Bosque que, apesadumbrado, comentó: “¡Dios, qué cinco días nos esperan..!” Si por ellos fuera, se tomarían un vuelo ya mismo y adiós a esta pesadilla.

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