Brasil 2014

Después del fútbol llega el tiempo de la celebración

Vila Madalena es el barrio de la movida nocturna en Sao Paulo

La Razón (Edición Impresa) / AFP / Sao Paulo

00:00 / 20 de junio de 2014

Para eliminar el estrés de un partido difícil, ahogar las penas o saborear el triunfo, ¿qué mejor que irse de fiesta al corazón de la bohemia de Sao Paulo? Apenas se puede caminar por las calles repletas de la Vila Madalena, el barrio con la vida nocturna más intensa de esta metrópolis sudamericana. Hay que abrirse paso en medio de una multitud y un suelo tapizado de latas de cerveza, de botellas y de vasos plásticos.

El barrio se ha convertido en el corazón de la ‘movida’ mundialista en Sao Paulo, una de las ciudades sede de la Copa que en total acoge seis partidos, entre ellos el inaugural entre Brasil y Croacia que los anfitriones ganaron 3-1.   

“Después de los nervios, de estar rodeado de brasileños que me hacían callar, después de todo eso, ahora quiero fiesta”, dice el mexicano Pablo Valdés, un estudiante de 22 años que sufrió con el partido sin goles de su país contra Brasil el martes.

Con un vaso de cerveza en la mano y la bandera tricolor de su país en la otra, Pablo se pierde en medio de la multitud que festeja en Vila Madalena. Va abrazado con una chica y asegura que además de mucho fútbol, también hay romance.   

“Lo de la semana pasada fue terrible”, plantea con sufrimiento el español Guillermo Chamizo, de 27 años, recordando la goleada 5-1 que le propinó Holanda al actual campeón del mundo, ya eliminado del Mundial por Chile.   “Pero eso ya pasó. Ya fue. Ahora, vamos de fiesta”, agrega este ingeniero español.

La estudiante brasileña Marina Rodrigues, de 20 años, tenía una receta para el desengaño después del juego entre su país y México: “Si Brasil gana, celebro con caipirinha. Si Brasil pierde, me consuelo con tequila”.  De esa manera, el ambiente está preparado para “paquerar”, ese verbo que los brasileños usan para describir las conquistas románticas. El amor no respeta fronteras ni banderas y en medio del tumulto también hay que abrirse paso entre los apasionados que se besan y abrazan como si no hubiera mañana.

Los grados etílicos están asegurados en la Vila Madalena, un barrio en el oeste de Sao Paulo que de día y de noche siempre está lleno de gente. Cientos de restaurantes, bares, galerías de arte y muchísimas tiendas de moda la convierten en destino obligatorio para los paulistanos.

Ciudad sin playa y sin las bellezas naturales de Río de Janeiro, Sao Paulo se enorgullece de la riqueza cultural de su gente y de su agitada vida nocturna.Según publicó el diario O’Globo, para el secretario municipal para Asuntos de Turismo, Wilson Poit, la vida de los turistas está siendo positiva para Sao Paulo. “Ellos pasean por la (avenida) Paulista y por la Vila Madalena, es positivo ver que Sao Paulo está llena de turistas, que están aprovechando y mucho la ciudad. Según los informes que tenemos, están muy felices”.

Sin embargo, para las personas que viven en el barrio, la concentración de hinchas es un “infierno”, debido a que su calidad de vida ha bajado, por la falta de control que existe y los desmanes que ocurren en todo este tiempo.

Los datos

Fan fest

En las ciudades sede la FIFA ha dispuesto los sitios denominados fan fest, donde se reúne la gente para ver los partidos en pantallas gigantes.

Música

En las previas de los cotejos hay también conciertos con artistas brasileños cuya música está de moda en el país del fútbol.

En la playa

En Río de Janeiro se instaló un escenario de 150 metros cuadrados con una enorme pantalla para poder ver el fútbol.Cultura

También hay actividades culturales, donde se puede conocer las costumbres y formas de vida de los países mundialistas.

Una amplia oferta en los carritos ambulantes

AFP - Sao Paulo

En medio de la multitud que colma las calles sobresalen unos pequeños carritos, una especie de bares ambulantes con una amplia oferta de tragos, cervezas y refrescos.

“Ha subido muchísimo el movimiento. Aquí todo el mundo bebe mucho y de todo”, dice André Silva, un barman ambulante de 45 años.

La calle está que arde y los tragos se venden a precios muy asequibles: seis dólares un vaso de whisky, 12 dólares uno grande de vodka. Dos dólares un trago de cachaza, el aguardiente brasileño. Incluso, algunos preparan las famosas ‘caipirinhas’ ahí mismo.

Hay mezclas con refrescos o bebidas energéticas y ningún tipo de control oficial sobre este comercio.   

En medio del tumulto asoma un par de estudiantes de Londres que llevan una semana en Sao Paulo. No tienen boletos para juego alguno, pero eso no les disminuye en nada el ánimo. “Mucha gente decía que era peligroso . Pero la verdad es que ha sido todo fantástico”, comenta uno de ellos.

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