Brasil 2014

Herrera echa la culpa al árbitro

Desazón en filas mexicanas. Brizuela, Ochoa, Pulido, Salcido y Peña no lo pueden creer. Acabó el partido y el ‘Tri’ está eliminado. Foto: AFP

Desazón en filas mexicanas. Brizuela, Ochoa, Pulido, Salcido y Peña no lo pueden creer. Acabó el partido y el ‘Tri’ está eliminado. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / AFP / Brasilia

05:10 / 30 de junio de 2014

Cerca de hacer historia y con un pie en cuartos, los mexicanos pasaron en minutos ayer de la euforia a la incredulidad y de la tristeza a la rabia por un discutido penal en el descuento que acabó con su sueño mundialista. “Nos robaron”, lloraban desconsolados.

“Estoy con mucha rabia... porque nos han robado”, expresaba con los ojos anegados Marcela Sánchez, una limpiadora de 53 años, mientras seguía observando incrédula la pantalla gigante de la céntrica plaza del Zócalo de la Ciudad de México.

El seleccionador mexicano, Miguel Herrera, culpó al árbitro portugués Pedro Proença de la eliminación de su selección.

“El equipo jugó muy bien, pero tuvimos un par de descuidos. De cuatro partidos, hemos tenido tres con arbitrajes desastrosos, con tres clavados. Cuando mandan a un referí de una misma confederación del equipo que está jugando, las decisiones dudosas siempre van en contra de México”, explicó, tras una presunta falta de Rafa Márquez a Arjen Robben, ayer.

“Fue un penal inventado por ellos. Holanda hizo bien las cosas, pero tuvo ayuda del árbitro para pasar a la siguiente fase”, añadió.

Herrera señaló que igual que México quedó eliminado, la FIFA también debería dejar a Proença sin más partidos del Mundial.

En México, el optimismo no podía haber estado más alto entre las más de 7.000 personas que vieron el encuentro bajo el tórrido sol de esta emblemática plaza capitalina. “México trae todo el ánimo. ¡México va a ganar!”, auguraba exultante Israel Olvera, un vendedor de 38 años del popular barrio de Iztapalapa, festejando junto a sus amigos el golazo con el que Giovani dos Santos abrió el marcador.

Los cánticos, de “¡Sí se puede!” o los vítores a las paradas del portero Ochoa no cesaron.

Pero el silbido del referí en el cuarto minuto del tiempo añadido marcando un discutido penal  de Márquez a Robben encendió el griterío en el Zócalo. “¡Se lo regaló!”, gritaba desesperado Juan Carlos Medellín, un mecánico de 38 años, agitando la peluca rizada que llevaba puesta y temiendo el fatal desenlace.

Hubo caras desencajadas y el corazón en un puño antes de que Klaas Jan Huntelaar acabara definiendo el marcador 2-1 a segundos de que terminara el partido. Así acabó el sueño para el México de Miguel Piojo Herrera.

Una cruel eliminación  para que siga  la maldición

AFP

La selección de México sufrió ayer ante Holanda su sexta eliminación consecutiva en los octavos de final de un mundial y lo hizo de la forma más cruel, cuando acariciaba el triunfo a dos minutos del final.

El gol de Giovani dos Santos en el minuto 48 parecía condenar el conservador planteamiento de Louis van Gaal y romper por fin con la “maldición” de octavos que azota a México desde el Mundial de Estados Unidos 1994.

Pero dos despistes mexicanos convocaron de nuevo a su mala fortuna mundialista hacia el estadio Castelao de Fortaleza.

En el 88 el cerebro holandés Wesley Sneijder aprovechó una mala defensa de un saque de córner para fusilar a Ochoa y, cuando el partido se dirigía a la prórroga, el árbitro señaló un innecesario penal del capitán Rafa Márquez a Robben que Huntelaar convirtió en la sentencia de muerte para el “Tri”.

El equipo de Miguel Piojo Herrera puede regresar a México con la cabeza alta por haber mostrado un alto nivel en el Mundial, inesperado para muchos vista su desastrosa fase de clasificación, y contar con una interesante generación de jóvenes jugadores y con su técnico más carismático en décadas.   

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