Brasil 2014

Histórico Mineiraço

Los duendes brasileños que bendicen su fútbol no aparecieron ayer. Estaba nublado desde muy temprano en muchas zonas del país y prefirieron no salir ante la amenaza de un feo temporal con lluvias y ventarrones invernales.

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

03:11 / 09 de julio de 2014

Los duendes brasileños que bendicen su fútbol no aparecieron. La garra de David Luiz no fue suficiente, la mística del grupo fue sorprendida por una Alemania que tocaba la pelota de la manera en que trabaja la posesión y el pase Pep Guardiola y ahora también lo hace Joachim Löw.

Ayer afirmé lo siguiente: “Ciñéndonos a las evoluciones de las cuatro selecciones que llegan a semifinales, los datos objetivos dicen que Alemania y Holanda van por delante, que en el caso específico de los germanos, se ha podido apreciar hasta ahora la fortaleza propia de su identidad, y a la que se le ha agregado una mayor vocación ofensiva, por lo que mañana deberían imponerse a una muy irregular verde amarilla en la que han jugado los malos arbitrajes, los penales, algún gol fuera de juego (contra Camerún), las simulaciones (Fred) y algún perdonazo gigantesco (el codazo de Neymar a Modric),  mientras que los de Joachim Löw fueron progresando sostenidamente por méritos propios con goleada sobre Portugal (4-0), empatando con Ghana (2-2), imponiéndose a Estados Unidos (1-0), extremándose para ganarle en el alargue a Argelia (2-1) y eliminando a Francia (1-0) sin grandes discusiones.” También dije: “Los teutones sabrán a qué apostar, por dónde, en qué momentos, a quiénes ponerles llave, cuáles son los espacios más penetrables.”

“Alemania es más futbolísticamente que Brasil. Cuenta además, cuándo no, con una consistencia mental que la distingue a la hora de los grandes desafíos”.

Y ayer también me aferré a una ilusión que terminó hecha trizas: “Desde la racionalidad y la acumulación de méritos ganaría Alemania, pero desde la reunión de todos los espíritus que hacen de este país, un lugar al que uno siempre quiere volver, va a ganar la verde amarilla para que Felipao diga ‘solo falta uno’. Así piensan los brasileños y su fe es tan contagiante que se termina por creerles sin mayores trámites.”

Los duendes brasileños que bendicen su fútbol no aparecieron ayer. Estaba nublado desde muy temprano en muchas zonas del país y prefirieron no salir ante la amenaza de un feo temporal con lluvias y ventarrones invernales. La garra de David Luiz no fue suficiente, la mística del grupo que quería homenajear a un Neymar postrado fue sorprendida por una Alemania que tocaba la pelota de la manera en que trabaja la posesión y el pase Pep Guardiola y ahora también lo hace Joachim Löw. Los propios germanos, sorprendidos por la facilidad con la que les salían las cosas, tenían caras de querer restregarse los ojos para comprobar que no estaban soñando, cuando Sammy Khedira marcó el quinto en el minuto 29, es decir, generando el promedio de un gol cada seis minutos durante la primera media hora, momento en que prácticamente se acabó el partido, con Miroslav Klose poniéndole la cereza número 16 a su cuenta personal en mundiales y así superar a Ronaldo Luis Nazario de Lima que comentaba el partido desde una cabina para la televisión local.

En la zona que supuestamente mejor había trabajado Felipao, esa desde la que se machaca con los fundamentos para saber neutralizar a los rivales, es donde se produjeron los desastres. David Luiz cometió exactamente el mismo error que el de los defensores colombianos en el partido anterior para facilitar la apertura del ayer ausente Thiago Silva, con Thomas Müller desmarcado para quedar solo y batir a Julio César muy temprano. Alemania tocó y tocó al estilo Barcelona, al estilo en construcción del Bayern Múnich en el que actúan seis de sus figuras que ayer estuvieron en Belo Horizonte: Manuel Neuer, Jerome Boateng, Philipe Lahm, Bastian Schweinsteiger, Thomas Müller y Tony Kross. Esto marca paralelismo con la gran España que tuvo en el Barça a la mitad de su plantel titular en sus grandes momentos que la llevaron a ganar dos eurocopas y un mundial, lo que vuelve a dejarnos como lección que los grandes proyectos en el fútbol no pueden ser el producto del dogmatismo de un seleccionador, sino de la flexibilidad para combinar dibujos y del trabajo sostenido en el tiempo tal como nos lo permite afirmar este equipo alemán que en Sudáfrica 2010 despachó con un 4-0 a la Argentina de Diego Maradona-Lionel Messi.

Scolari quiso soldados y tuvo soldados, ya lo dije, y así les fue, murieron al pie del cañón, recibiendo en su propia casa la peor paliza de esa multifacética historia ganadora en la que rebalsan triunfos y alegría, y que solo tiene como antecedente en mundiales el 0-3 recibido en París en la final contra Francia en 1998. El seleccionador gaúcho prescindió de históricos que todavía estaban para pintar algunas genialidades propias de su estilo como Ronaldinho, Kaká o Robinho. No. Nada. Ninguna negociación. Reclinado en el antecedente de la Copa Confederaciones ganada de principio a fin, se ratificó con la misma base de jugadores en un torneo que iba a ser necesariamente distinto un año después con Fred que fue el artillero con cinco anotaciones, y que esta vez hizo solamente uno y en fuera de juego contra Camerún.

Brasil vivió este su Mundial con la respiración artificial y engañosa  provista por Neymar hasta el partido frente a Colombia. Sus cuatro goles invitaban a la esperanza. Fue el único que mantuvo la senda abierta con el minimundial jugado el año pasado cuando en la final la verdeamarilla se impuso 3-0 a una España hoy prácticamente concluida luego de un ciclo brillante, de profundo aporte a la calidad del juego futbolístico en las dos primeras décadas del siglo XXI.

A partir de estas horas recrudecerán los cuestionamientos en sentido de que Brasil organizó mal el Mundial en tanto concluyó, y de manera estrepitosa, la narcotizante ilusión del sexto título, y aunque suene redundante es pertinente reiterar que fueron soslayados los fuertes rasgos histórico culturales que dan sentido a una mitología futbolística imparangonable con otras realidades. Sin torcedores y sin jogo bonito es como si se hubiera jugado en las canchas de un mercado cualquiera. Los grandes estadios fueron No Lugares, despersonalizados, fríos, con la escandalosa ausencia del espíritu futbolero del Brasil. Y como todo eso no puede ser pasado por alto por los dioses que están en todas partes y a toda hora, la factura fue encomendada, sin quererlo, a los alemanes que hasta se tomaron la cuidadosa licencia de homenajear a los dueños de casa, vistiendo la camiseta del Flamengo con la que les hicieron 7 goles. En la numerología el 7 significa pensamiento, espiritualidad y sabiduría.

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