Brasil 2014

La ‘Ley Suárez’ debe regir para todos

En el minuto 55 de Francia-Nigeria, el volante galo Matuidi fue extremadamente fuerte en plancha contra el nigeriano Onazi y le rompió el tobillo.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

00:25 / 01 de julio de 2014

El terrible planchazo de Matuidi, no sancionado con roja, nos quitó los deseos de comentar la burocrática victoria de Francia. Otro incidente desagradable aconteció en el Brasil-Chile. El jefe de prensa local, Rodrigo Paiva, agredió a Mauricio Pinilla y salió una sanción ligera.

En el minuto 55 de Francia-Nigeria, el volante galo Matuidi fue extremadamente fuerte en plancha contra el nigeriano Onazi y le rompió el tobillo.  A la víctima la sacaron en camilla, el victimario jugó todo el partido, el incapaz réferi estadounidense Mark Geiger, pegado a la jugada, le sacó una benigna amarillita. “Matuidi lesiona a Onazi con una entrada salvaje”, tituló Marca a todo lo ancho de su página de internet. “La criminal patada del francés Matuidi: lesionó al nigeriano Onazi y no fue expulsado”, señaló La Nación de Buenos Aires.

La pregunta que se hizo gran parte del periodismo internacional es: ¿le aplicarán a Matuidi la ley Suárez…? O sea, fue un lance del juego igual que el del uruguayo con Chiellini: ¿actuará la FIFA de oficio y sacará a Matuidi del  Mundial…? Sería muy sano para el espíritu del juego, pero en especial para la justicia deportiva, que Matuidi no pueda jugar lo que resta de la Copa.

Cualquier otra determinación sería una burla al fútbol, sobre todo teniendo en cuenta que Chiellini no sufrió ningún perjuicio físico, en tanto Onazi presenta una grave lesión. En febrero último, según recordó The Times, de Londres, Joseph Blatter advirtió que “el video podrá ser utilizado para graves violaciones de los principios del juego limpio, como peleas, escupir a los opositores, insultos verbales e insultos racistas, o para tarjetas rojas o amarillas mal sacadas. En este contexto, debemos incluir la simulación de una lesión y el piscinazo intencional”.

El hachazo de Matuidi se encuadra en el caso. Otro incidente desagradable aconteció en el Brasil-Chile. Al final del juego hubo un tumulto entre jugadores y auxiliares de ambos equipos, y el jefe de prensa de la selección brasileña, Rodrigo Paiva, le aplicó un puñetazo al jugador Mauricio Pinilla. La delegación chilena presentó una denuncia en la FIFA, aportando un video de la agresión. La pena salió ayer: Paiva no podrá estar en el banco de Brasil en el próximo partido, frente a Colombia. Esto merece algunas reflexiones:

1) ¿Qué hace un jefe de prensa dentro del campo de juego, ésa es un área técnica. 2) Si se lo sanciona es porque existió la agresión, entonces, ¿por qué tanta levedad en este caso…? Una fecha es como decirle “esta noche te vas a dormir sin comer postre”.

Apenas se conoció el infantil castigo a Paiva, Pinilla explotó, como era de suponer. Lanzó una metralla de Twitters: “El señor Rodrigo Paiva jefe de prensa de Brasil me agredió con un puño en el túnel sin razón... La FIFA no puede aguantar a ese delincuente”, arrancó. Agregó: “la FIFA tiene que intervenir es algo gravísimo ... No puede venir cualquier tarado a agredir a un jugador, menos un jefe de prensa...!!!”.

Luego pidió más sanción. “Un partido para Rodrigo Paiva? Vergüenza les debería dar por ese delincuente disfrazado de traje...!! Suárez por una mordida arriesga su carrera... Un jefe de prensa un partido por un puño en la cara? FIFA??”. Y por último escribió: “Exijo a la FIFA una sanción ejemplar para Rodrigo Paiva igual que la de mi colega Suárez ...!!! Esto es más grave aún! Las imágenes están”.

Este es el laberinto al que se enfrenta ahora la matriz del fútbol luego de la desproporcionada sanción al atacante uruguayo, que desde luego merecía un castigo, pero al que trataron como a un forajido. Van a llover casos similares, porque este es un deporte de roce físico y altera emocionalmente. La FIFA será víctima de su propia rigurosidad. El problemita será cuando afecte a europeos. Como puede verse en casi todos los encuentros, los errores arbitrales siempre favorecen a las selecciones del Viejo Mundo. Costa Rica debió luchar heroicamente por dos equivocaciones del juez: primero no le concedió un penal claro por mano de Torosidis, que desvió un remate con la mano a la altura de su cabeza, y luego expulsó a Óscar Duarte, a quien había sacado mal la primera tarjeta amarilla. A su vez, Mark Geiger no pitó un claro penal a favor de Nigeria. Desde el comienzo del Mundial fue así. Stephen Keshi, DT de los africanos, tiene razón: “Un árbitro se puede equivocar, pero no tanto”, se lamentó.

EL DULCE SE TERMINÓ. El terrible planchazo de Matuidi, no sancionado con roja, nos quitó los deseos de comentar la burocrática victoria de Francia. Ante tamaña injusticia, el análisis del juego parece irrelevante. Pero algo está claro: Chile estuvo a diez centímetros de eliminar a Brasil (si el derechazo de Pinilla que pegó en el travesaño iba un poquito más bajo, entraba; y fue en el minuto 120); a Francia la ayudó el juez a ganarle a Nigeria; Holanda venció por milagro a México, Alemania sudó tinta con Argelia. Nadie aplasta a nadie. El único que ganó con claridad fue Colombia.

BALOTELLI. SporTV, cadena de deportes brasileña, puso en el aire un programa con cuatro capitanes campeones del mundo: Carlos Alberto (Brasil), Daniel Passarella (Argentina), Lothar Matthaus (Alemania) y Fabio Cannavaro (Italia). Entre otras cosas, Cannavaro dijo: “Hasta ahora, Balotelli tiene más fama que juego”. Una verdad del tamaño de un transatlántico. Está minado de Balotellis.

FRAGILIDAD. La prensa brasileña muestra enorme preocupación por el desempeño de su selección. El motivo principal: la presión que sienten estos jugadores de afrontar el Mundial de local con la obligación de ser campeones: Tras el cotejo ante Chile terminaron tres jugadores llorando: Julio César, el capitán Thiago Silva y Neymar. El llanto de Thiago fue desconsolado. La portada de Lance de ayer es una inmensa foto de Thiago Silva arrodillado, bañado en lágrimas. Y el título lo dice todo: “Levanta, capitán”.  Y debajo la leyenda: “Brasil demuestra fragilidad emocional en la Copa”. Carlos Alberto, quien llevaba el brazalete en 1970, se quejó del zaguero: “Él tiene que estar en el medio del campo gritando, no cabeza abajo, es el capitán”.

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