Brasil 2014

Mascherano y el fútbol

Si Argentina hace el partido de su vida podremos celebrar una nueva conquista

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:16 / 11 de julio de 2014

Los futboleros del sur queremos a Argentina campeona del mundo. Reconocemos a Alemania como al mejor equipo de un campeonato que será un referente por su alto grado de competencia, pero nos resistimos a aceptar que en el corazón futbolero de América del Sur, una selección europea venga para arrebatarnos el invicto.

A Roberto Perfumo le pusieron el sobrenombre de Mariscal, allá por los años 60 cuando jugaba con dos camisetas celeste y blanca, la de su selección y la de Racing de Avellaneda. Defensor central técnicamente impecable, mandaba desde el fondo del campo y cuando dejó la práctica deportiva, luego de formar parte del célebre “equipo de José(Pizzuti)”, se convirtió en comentarista y columnista, de los mejores en el medio bonaerense por su agudeza y precisión para leer partidos, trabajo del cual es producto el libro Hablemos de fútbol escrito en coautoría con el periodista y relator Víctor Hugo Morales como resultado de un ciclo televisivo que difundió hace unos años la red ESPN.

Hoy día, Argentina tiene a su Mariscal sucesor que futbolística e intelectualmente, presenta características muy parecidas a la de Perfumo, se llama Javier Mascherano, participa en su tercer  mundial y es tan líder desde la palabra y la arenga que fue él quien tomó la iniciativa de transferirle la capitanía de su equipo nacional a Lionel Messi, que ofrece otro tipo de liderazgo, más bien silencioso, dada su reconocida calidad de mejor futbolista de este tiempo.

Mascherano es volante central en Argentina, y en el Barcelona, Pep Guardiola determinó que podía jugar en la última línea junto a Gerard Piqué, ocupando nada menos que el lugar dejado por el legendario Carles Puyol. El 5 es el número del jugador que tiene la cabeza y los movimientos alternativamente determinados entre defensa y ataque, y eso, frente a Holanda, el capitán simbólico del equipo lo demostró con creces taponeando, muy bien secundado por Lucas Biglia, los intentos naranjas que naufragaron durante esos interminables 120 minutos que concluyeron con el marcador en blanco.

Fue tan impresionante el rendimiento del “jefecito” como le dicen algunos —con lastimadura anal incluida luego de una estirada, como él mismo lo confesara después— que las redes sociales se encargaron de difundir montajes fotográficos en los que aparece vestido como José de San Martín, el que había salvado a Argentina de un casi gol de Arjen Robben justo el 9 de julio, día de la independencia nacional, día en el que también volvió a recordarse el sobrenombre “Masche” como un juego de palabras en el que aparece con boina y estrella como el “Mas Che”, en alusión al guerrillero argentino, líder de la revolución cubana.

Líder y caudillo en una cultura caudillista, extiende sus aptitudes de futbolista con ciento cuatro partidos jugados con la camiseta argentina, hasta el rol motivador que recuerda en alguna medida a Diego Simeone, y que se evidenció con las palabras transmitidas a su compañero, el guardameta Sergio Romero ante de la tanda de los penales: “Te vas a comer el mundo, hoy te conviertes en héroe”. Y así fue, Romero fue a atajar los disparos holandeses tan acicateado que detuvo los dos necesarios contra los cuatro convertidos por sus compañeros para jugar el domingo 13 de julio la final en el Maracaná Jornalista Mario Filho —ese es el nombre oficial del célebre estadio— frente al mejor equipo del torneo, el alemán dirigido por Joachim Löw que hizo historia en la semana que termina, triturando en su propia casa al Brasil que se autoproclamaba candidato natural al título.

Con Mascherano como principal regulador del juego y conductor emocional del equipo, Alejandro Sabella consiguió solidificar una defensa que fue el talón de Aquiles en Sudáfrica 2010, que en el partido frente a los holandeses hizo gala de una concentración y un notable trabajo en la condición física para no dejar que en momento alguno los de Luis Van Gaal pudieran tener las facilidades que por ejemplo le había concedido España en el inicio del torneo.

Lo que a Luiz Felipe Scolari se le derrumbó en el partido contra Alemania, es decir, que sus dos líneas defensivas perdieran los papeles de una asombrosa manera en tan solo seis minutos, le salió a la perfección a la selección de Sabella que decidió el camino de jugar a no dejar jugar, es decir, a hacer lo mismo que se sabía de antemano los rivales iban a plantear para encorsetar a Messi, con la ventaja que suponía la ausencia de Ángel di María, pieza fundamental para las descargas creativas, dada su ductilidad para ensayar desbordes, meter centros, o balones diagonales para la recepción de Gonzalo Higuaín y Ezequiel Lavezzi que batallaron muchísimo contra una también muy aplicada defensa orange con bastiones descomunales como Ron Vlaar, Stefan de Vrij y Daley Blind.

Aunque me resisto a los títulos militares, dada nuestra trágica historia contemporánea de dictaduras y represión, entiendo lo de Mariscal como título honorífico para Mascherano en el marco del legado independentista, porque no le calzaría ni siquiera algún generalato con muchas condecoraciones. Las frases que mejor lo definen tiene que conmover a todos los futboleros de su país: “No hay nada más lindo que darle felicidad a los otros. No me interesa la felicidad personal. Y hoy sé que todo el mundo está feliz”.

Convencidos todos de que los cuatro fantásticos volverían a aparecer de manera contundente —Messi, Agüero, Higuaín, Di María— comprobamos al cabo de seis partidos jugados, que éstos no alcanzaron las cotas de rendimiento exhibidas en Sudáfrica hace cuatro años, y que serían los encargados de la contención, los relevos, los cruces, los despejes y las salvadas casi en la línea del arco propio los que terminarían encarrilando a Argentina a jugar una tercera final con Alemania en esta cambiante e imprevisible historia de las copas del mundo.

Si Argentina aspira a pelearle en serio el título a los alemanes, deberá jugar, en términos de concentración y actitud, exactamente igual que como lo hizo frente a Holanda que con Guus Hiddink al mando, en lugar de Van Gaal, seguramente se revisarán los libretos para determinar si se continúa en esa línea pragmática que desdice su historia revolucionaria e innovadora inaugurada en los 70, cuando los Robben, Van Persie y Sneijder se hayan marchado para dar paso a una nueva generación que debería recuperar la esencia.

Con Mascherano, Messi y Di María, la celeste y blanca va en busca de su tercer título mundial. Si hacen el partido de su vida, como adelantó Masche, podremos estar celebrando una nueva conquista en la que aparte de los argumentos estrictamente futbolísticos, juegan esos intangibles llamados mística y actitud que el equipo de Sabella tiene para repartir.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia