Brasil 2014

Sueños y realidad

¿Colombia, Costa Rica, Argentina y Alemania clasificados? Sería interesantísimo

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:04 / 04 de julio de 2014

Entre lo que uno quiere y lo que vaya a suceder puede existir un mundo de diferencia. Serán partidos durísimos los de cuartos de final, pero nadie aquí en Brasil imagina a la canarinha fuera de la final. Sería peor que el Maracanazo de 1950.

Brasil y Argentina han defraudado en lo que va de Mundial. Es probable que haya sucedido que nuestras expectativas fueran infladas de manera desproporcionada. Felipao ofrecía un equipo rigurosísimo desde la táctica, pero parece que de tanto trabajar la conciencia del orden en sus jugadores, les quitó espontaneidad y frescura para expresarse hacia la meta contraria, y Sabella, en tendencia parecida se ha encontrado con que los rendidores de regular para arriba en los últimos dos años llegaron saturados de fútbol unos y pasados de revoluciones otros, haciendo un total inconexo, entrecortado, muy intermitente en el campo de juego.

Esa vieja y exigente pretensión de que el campeón sea el mejor, o uno de los mejores por calidad de juego, no se ha cristalizado en muchísimas copas del mundo. Si nos pronunciamos desde un ideal latinoamericanista, más cercano a la historia y a la política que al deporte, Colombia debería eliminar a Brasil porque sería bueno un nuevo candidato a campeón y mejor si es de nuestro sur, Costa Rica debería conseguir la hazaña de dejar afuera a la gélida maquinaria holandesa, Argentina debiera jugar un primer gran partido en el que se manifieste no solo el genio de la lámpara, Alemania que es el mejor equipo del torneo tendría que sacar a una Francia con luces y sombras, en la que ha imperado el recurso artero y viciado de nulidad.

Colombia, Costa Rica, Argentina y Alemania clasificados? Para nuestros buenos deseos por supuesto que sería interesantísimo, ¿pero alguien imagina al anfitrión fuera del campeonato en el quinto partido? Si no me encontrara en Río de Janeiro, la antigua capital del país, la ciudad más cosmopolita de todas, durante este mes invadida por ciudadanos de todo el planeta, diría desde el facilismo que provoca la distancia que sería desconcertante y genial, y el hecho se constituiría en la puesta a prueba de una civilidad que se espera de unos territorios hospitalarios y festivos, pero Brasil es el país con más aficionados en el mundo, gran parte de ellos, amargos de fanáticos, y tiene a sus calles, plazas, playas y edificios públicos embanderados, y la infinita variedad en el diseño de la verde amarilla se puede ver todos los días en los lugares más concurridos y en las calles más solitarias y poco transitadas.

Si Brasil quedara afuera frente a Colombia que futbolísticamente ha demostrado una evidente superioridad en lo que va de Mundial, a nadie que se precie de comprender a cabalidad este juego le debería extrañar, pero eso no se le pasa por la cabeza a ninguno que sea torcedor del Flamengo o Corinthians que entre los dos suman aproximadamente 70 millones de militantes. Si sucediera tal cosa, me atrevo a pensar que el Maracanazo del 50 quedaría insignificante en comparación a esta que podría ser una verdadera tragedia nacional.

La Holanda que juega a partir de un contradiscurso a sus grandes postulados iniciados en los 70, y está convencida que con el pragmatismo de hoy puede conseguir lo que no logró en tres oportunidades ayer, se topará con la sensacional y desconcertante Costa Rica, que hasta para ejecutar penales es impecable y se desplaza en los campos con la personalidad de los equipos más experimentados, de los colectivos más matreros. Ejemplo de país con democracia antigua, sin interrupciones, felizmente desprovisto por decisión propia de Fuerzas Armadas, generaría una conmoción que por supuesto tiene soporte local porque al scratch le caería mejor enfrentar a los ticos en semifinales.

El partido de más difícil pronóstico es el que protagonizarán Argentina y Bélgica, que llegan cada uno con cuatro triunfos. Los del Río de la Plata van a enfrentar a una selección a la que se vislumbraba como la sensación del torneo —ese título ya lo ganó con ventaja Costa Rica— pero que tiene al mejor arquero del planeta, Thibaut Cortoise —el mejor es el que lo demuestra en toda una temporada, no el que pueda provocar un boom en la Copa del Mundo— y figuras como Vincent Kompany, Marouane Fellaini, Dries Mertens, Eden Hazard y jóvenes atrevidos como Kevin de Bruyne que anotó el gol de la clasificación frente a Estados Unidos. Si hay un partido difícil de pronosticar es este que se juega en el Nacional de Brasilia.

Será también arduamente disputado el juego entre Alemania y Francia. Futbolísticamente los germanos han desbrozado hasta aquí una propuesta compacta, sólida en todas sus líneas y felizmente con predominancia ofensiva, dicen los acelerados que por la influencia de Pep Guardiola en el Bayern de Munich, aunque intuyo que Joachim Löw es un seleccionador con mucha experiencia y que lleva conduciendo a su equipo nacional prácticamente con la misma base en el último lustro, y que está recibiendo la rotunda respuesta de maduración de Thomas Müller en la zona de definición y en general de las bien concertadas arremetidas en bloque que hacen muy vistosos los movimientos ofensivos de los tricampeones.

Dije al principio que soñar resulta fácil, que Colombia, Costa Rica, Argentina y Alemania jugarían unas semifinales interesantísimas, pero a continuación vayamos de cara, y sin protección, hacia la realidad: Brasil, Holanda, Bélgica y Alemania podrían ser los clasificados porque en contiendas de corta duración como éstas ha sucedido muchas veces que terminan imponiéndose la experiencia, la maña, las situaciones menos esperables del juego, y lamentablemente, por qué no, dados los antecedentes acumulados en los 56 partidos hasta aquí disputados, los arbitrajes que han hecho controvertidos muchos resultados en varios acápites de la administración de justicia en las canchas y que en cierta medida han deslucido este que es calificado como el mejor Mundial de toda la historia.

¿Colombia, Costa Rica, Argentina y Alemania? o ¿Brasil, Holanda, Bélgica y Alemania? Aunque de estas dos pueden salir opciones combinadas, la primera es un deseo casi romántico, la segunda, una posibilidad basada en la experiencia de lectura y en las variables de lo impensado, allá donde no solo se gana por el mejor juego, sino por esos factores que se llaman travesaño, parantes, lesiones, expulsiones, y en gran medida, arbitrajes. Anoche soñé que Colombia y Alemania disputaban la final. Cuando desperté y miré la casa de enfrente que tiene una terraza adornada con banderitas verde y amarillo colgadas en diagonal, tuve que admitir como más grande posibilidad que la final la jugarán Brasil y Alemania.

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