Brasil 2014

¡Supermessi y Superklose al rescate..!

Aún sin perder, el 0-0 frente a Irán era un ridículo mayúsculo para Argentina, que compuso, quizá, su peor actuación en los casi tres años de Sabella como entrenador argentino. El polaco-alemán Miroslav Klose representa al antiguo “9” tipo tanque, bien de área, y demuestra que la función está viva si se tienen las condiciones.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza es periodista argentino, columnista de La Razón durante el Mundial.

00:00 / 22 de junio de 2014

¿Es un pájaro...?, ¿es un avión...? ¡No, es Messi..! El avión de Argentina, con los motores en llamas, se estrellaba irremediablemente contra el suelo, pero apareció, una vez más, el superhéroe, atajó el aparato y lo depositó con suavidad en tierra firme. No todos salieron ilesos; el técnico Sabella quedó chamuscado, el libreto del equipo se incendió, varios jugadores presentan quemaduras.

Aún sin perder, el 0-0 frente a Irán era un ridículo mayúsculo para Argentina, que compuso, quizá, su peor actuación en los casi tres años de Sabella como entrenador argentino. Hasta el minuto 91, el equipo albiceleste fue un páramo futbolístico, ni una idea ni el oasis de dos pases seguidos, ni una patriada individual. Nada, cero. Lo único, como siempre, Messi, intentando alguna buena jugada, pero totalmente abandonado a su soledad. Todos dicen querer a Messi, pero nadie le devuelve un pase ni se le ofrece para triangular.Los futbolistas tienen olfato canino: cuando ven que el de enfrente no es nada, se le van encima. Eso sucedió con Irán. Se habían situado los 11 atrás previendo un vendaval argentino. Sin embargo, en un momento dado se percataron de la insólita flojedad adversaria y comenzaron a sopesar un plan, hasta ahí impensado: atacarlo. Lo hicieron. Y convirtieron al arquero Romero en figura tapando tres pelotas con claro destino de gol.

Siempre se puede estar peor. La pavorosa presentación ante Irán obró un milagro: que la desabrida faena frente a Bosnia pareciera aceptable. De lo visto hasta ahora, Argentina no alcanza el nivel de candidato. Está en octavos de final porque tiene a Messi (a quien le debe quedar cada vez más claro que será difícil ser campeón del mundo con esta selección). En un momento del primer tiempo, el numeroso público argentino en Belo Horizonte calificó lo que estaba viendo con un canto: “Ooolé, olé, olé, olááá... Irán, Irán...”

El gesto adusto, contrariado de los jugadores albicelestes graficaba su deso- rientación. No hay alegría en su juego ni en sus rostros. No aparece la armonía, que es la madre de todo funcionamiento, de todo sistema o estilo. De la armonía parte el convencimiento y de éste la ilusión. A propósito de ello, el diario Marca, de Madrid, acertó con el titular del partido: “El sistema es Messi”, puso, no hay más. Al menos de momento. Ojalá logre levantar en lo que viene.

Los tres entrenadores argentinos en este Mundial (Pekerman, Sampaoli, Sabella) han disputado dos partidos cada uno. Y ganaron los seis. No obstante, los dos primeros parecen tener las ideas clarísimas respecto al juego, a sus equipos. A Sabella se lo ve confundido, y el plantel parece captar esa turbación.

“Lo bueno es que hizo autocrítica”, comentó un periodista en la sala de prensa. “Sí, pero con autocrítica no salís campeón del mundo”, le respondió otro.De cómo ha cambiado el fútbol, habla este partido. En décadas anteriores, jugando igual de mal, Argentina de todos modos hubiese ganado 4 a 0. Esta vez apenas lo rescató el milagroso zurdazo de Messi, que llevaba tanto efecto que parecía irse lejos del arco y finalmente terminó colándose incluso sin tocar el palo. Irán, aún metido atrás, lució mejor, fue más ofensivamente y mereció llevarse algo. Incluso hubo un penal de Zabaleta a Dejagah que el juez serbio Mazic no vio. Pareció que el marcador había despejado la pelota, pero nunca la tocó, sí le pegó al atacante iraní. Mazic estaba detrás de ambos, por eso no lo vio.

La película argentina tuvo idéntico libreto en las dos primeras presentaciones: diálogo pobre, guión insulso y bostezos hasta que aparece el superhéroe, arranca las únicas sonrisas de la platea y The End.

EL VIEJO “9” DE ÁREA. En tiempos en que se valoriza el “9” y medio, o centrodelantero tirado atrás, Miroslav Klose iguala el récord de goles en Mundiales de Ronaldo con 15. Y con enormes posibilidades de aumentarlo. El polaco-alemán representa al antiguo “9” tipo tanque, bien de área, y demuestra que la función está viva si se tienen las condiciones. Ratificación de que el estilo lo marca el jugador. Lo verdaderamente impresionante de Klose es su condición física a los 36 años, impactante. Luce ágil, fuerte, veloz. Tras marcar el gol dio una vuelta carnero... y sobrevivió. Klose logró empatar para Alemania ante Ghana.

Benzemá, Luis Suárez, Neymar, Müller, Messi, Robben, Van Persie, Mandzukic... A excepción de Cristiano Ronaldo, todos los grandes artilleros del mundo de quienes se esperaban anotaciones, las han conseguido. Cuando el fútbol muestra tendencia ofensiva, los delanteros lo agradecen.

¿UN PICHÓN DE SPENCER...? También Enner Valencia se quitó los anteojos, la corbata, el saco, se puso el ajustado traje de superhéroe y voló a tiempo para salvar a Ecuador del abismo. El 2-1 final sobre Honduras es casi todo mérito suyo, de su notable olfato de gol. Está siempre con las antenas paradas, listo para picar al vacío, pescar el rebote o conectar el centro. Enner es una bendición para el fútbol ecuatoriano, tan árido últimamente en materia de figuras.

En el primer gol pareciera que apenas tuvo que empujarla, pero no es así, hay mucho mérito: venía siguiendo la jugada, anticipó a la marca y definió bien. Otro tal vez la tira afuera; otro no primerea. Eso revela su astucia, su innata condición de artillero. Y en el segundo ratifica su viveza para colocarse en el área, saltar en el momento exacto y darle de pique al suelo, lo que más descalabra a los arqueros.

Y hubo un tercero, para nosotros válido, pues la mano de Antonio Valencia fue casual y la jugada valía. Ahí la definición de Enner fue notable, rápida, de gran precisión, al ángulo alto, inatajable. Vale considerarlo pues para él la jugada seguía y lo hizo espontáneamente. Un talento inmenso para hacer red.

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