Brasil 2014

Uruguay traba con el alma

La tradición uruguaya dice que, con calidad o no, hay que regar el campo de sudor

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

00:57 / 25 de junio de 2014

Como en Sudáfrica, como en la última Copa América, como en tantas batallas, Uruguay vuelve a reportarle una alegría gigante a su pueblo. Los uruguayos son una rara avis de este deporte: viven, cobran y se preparan como profesionales, pero juegan como amateurs.

Ya se fueron tres campeones del mundo. A Italia lo despachó Uruguay. Era un duelo de catenaccios. El europeo frente al sudamericano. Ganó el de acá porque en el análisis del uno por uno tiene ventaja individual. Mejores laterales (Cáceres, y los dos Pereira superan en calidad a De Sciglio y Darmian), y adelante Suárez y Cavani duplican el poder de fuego de Balotelli e Immobile (¿cómo llega a una selección de estas un atacante tan limitado…?). Se intuía que era un partido de un gol… o ninguno. Fue de uno: un hombrazo de Godín que se le metió a Buffon y partido liquidado. Porque esta Italia no está para dar vuelta ni una media; no tiene con qué. Y menos estando con diez hombres. Italia se escandaliza por la roja a Marchisio, pero fue un acierto del juez mexicano Marco Rodríguez. El volante de Juventus metió un planchazo claro a Arévalo Ríos y se fue bien expulsado. En Italia tal vez no se sancione, acá sí..

LA BATALLA DE NATAL. Lo que se le escapó al árbitro (lejos del lugar del crimen, porque la bola ya estaba en otro lado) fue el increíble mordisco de Suárez a Chiellini. Una locura del goleador, que no escarmienta. ¿Y si la FIFA actúa de oficio y lo saca del Mundial…? También hubo un rodillazo de Balotelli en la nuca de Arévalo Ríos que era roja directa; fue amarilla. Nadie iba a reclamar exquisiteces de este choque. Se esperaba rigor. Y lo hubo. También roces de todo tipo. Lo ganó bien Uruguay, buscó más, llegó con claridad en varias ocasiones. Italia no inquietó nunca.

ESE PLUS QUE VIENE DE LA HISTORIA.  Como en Sudáfrica, como en la última Copa América, como en tantas batallas, Uruguay vuelve a reportarle una alegría gigante a su pueblo, que tiene en el fútbol quizás el único elemento de trascendencia internacional. Los uruguayos son una rara avis de este deporte: viven, cobran y se preparan como profesionales, pero juegan como amateurs. Es el máximo elogio que podemos dedicarles. Lo viven como en un desafío barrial, por el honor de la comarca, poniendo todo. Es un tema cultural, y un plus de ventaja sobre los otros. A la hora señalada, cada uno representa a su barrio, su familia, los amigos, el paisito. Tampoco puede fallarle al propio grupo. La tradición les dice que, con calidad o no, hay que regar el campo de sudor, mancharlo de sangre si fuera el caso. Nadie le quita el cuerpo al compromiso, todos dan el 110 por ciento. La pierna se pone y se deja, se traba hasta con el alma. Es verdad, el fútbol charrúa nunca ha tenido compromiso con el juego, su meta siempre es el resultado. La estética es un problema de los otros. Y mil veces han ido más allá del juego limpio, pero el mundo termina profesándoles respeto igual. Con ellos, los hinchas de todo el mundo abrigan una certeza antes de cada partido: van a ser durísimos. Y lo son.

EL CÉSAR DEL CALCIO.  Con Italia se fue el técnico Prandelli y el presidente de la Federación: renunciaron. Es que van dos eliminaciones mundialistas seguidas en primera fase y entendieron que la situación lo ameritaba. Seguramente es también el adiós a las copas de ese notable arquero que es Buffon, providencial aún hoy a los 36 años. También debe ser el último Mundial de Andrea Pirlo, el César del Calcio. Un jugador de fábula. Tiene todo el mapa del fútbol en la cabeza y la técnica en los pies. Genio del pase, de la pausa que genera espacios y clarifica la maniobra, un artista del desmarque; ahora está por derecha, cinco segundos después en la izquierda, inmediatamente más adelantado o atrasado, jamás ofreciendo una referencia para la marca. Rezuma sabiduría. Es el único futbolista que, aún en esta época, no necesita correr: camina. No hace un metro de más; no lo precisa. Pirlo es capaz de hacer funcionar a este ordinario grupo de futbolistas italianos como un equipo considerable. Tiene ganada con largueza la palabra crack. 

LIPPI LE APUESTA A EUROPA...  El cerebral entrenador de Italia, campeón en 2006, predijo unos días antes del Mundial que un europeo ganará esta vez en nuestro continente. “Pienso que por primera vez en la historia, un europeo será campeón en Sudamérica. Deseo que sea Italia, pero por cábala no pronostico que vamos a estar en la final. Entonces digo Alemania. Guardiola, en el Bayern Múnich, les añadió una nueva dimensión a la recuperación y a la posesión. Son fantásticos, mis favoritos”, comentó en una entrevista con La Gazzetta dello Sport. Y se animó incluso a dar un segundo favorito: “Francia, porque Deschamps logró reunir a las estrellas como Benzema con el poder de los jóvenes talentos como Pogba. Espero mucho de ellos”. ¿Será...?

...KHAN A SUDAMÉRICA.  El gran arquero alemán de la final de 2002, Oliver Khan, tiene otra opinión. Ayer declaró a la prensa germana: “Las selecciones sudamericanas son claramente superiores en este Mundial. En general, se suele pensar que las europeas en los mundiales están siempre perfectamente preparadas, pero acá no se está viendo. Y no es solo la buena preparación, también la superioridad física de los sudamericanos. Al parecer, los europeos no contaban ni siquiera tácticamente con semejante actuación por parte de ellos. Con unos físicos enormes, robustos, en los mano a mano son de primer nivel, y aparte los repentinos cambios de ritmo... Juegan un fútbol muy diferente al que estamos acostumbrados en los últimos años en Europa. Cuando se quieren dar cuenta, algunos equipos europeos ya están eliminados”. Si esta tarde logra pasar Ecuador, le dará la razón a Khan: Sudamérica estaría poniendo en octavos de final a sus seis representantes. Suena extraordinario.

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