Brasil 2014

El engañoso tercer partido

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:36 / 26 de junio de 2014

No es lo mismo clasificar ganándoles a Grecia, Costa de Marfil y Japón, o imponiéndose a Bosnia Herzegovina, Irán y Nigeria —con bastante dificultad para el caso— que hacerlo luego de perder con la cenicienta condenada por anticipado y más tarde remontar contra dos campeones mundiales.

No deja de sorprender que opinadores de latitudes diversas con mucho rodaje mundialista terminen ingresando en el terreno del autobombo y la superficialidad: “Apareció Argentina”, “Por fin Messi la rompe”, “Argentina comienza a jugar”, y otros títulos de corte parecido, ya que si existe un territorio relativo en los calendarios mundialistas es el que tiene que ver con los terceros partidos de los equipos que llegan con seis puntos, prácticamente clasificados, y se llaman al relajamiento o a la dosificación, sabedores de que lo importante es lo que viene a continuación y no lo que se está jugando en ese momento.

No es lo mismo clasificar ganándoles a Grecia, Costa de Marfil y Japón, o imponiéndose a Bosnia Herzegovina, Irán y Nigeria —con bastante dificultad para el caso— que hacerlo luego de perder con la cenicienta condenada por anticipado y más tarde remontar contra dos campeones mundiales. Tampoco es comparable llegar a octavos luego de liquidar a Croacia con ayuda arbitral, empatar con México y golear a Camerún que conseguirlo ganándole al último campeón del mundo, y a un muy exigente e intenso Chile. Con estos ejemplos pretendo significar que las maneras de saltar vallas en el fútbol dependen, en gran medida, de los grados de dificultad que sean capaces de plantear los adversarios y por lo tanto de poner en evidencia cuanta versatilidad es capaz de demostrar cada protagonista con credenciales para llegar a últimas instancias.

En ese contexto, la victoria de Argentina sobre Nigeria es un espejismo como pocos en esta Copa del Mundo, selección típicamente africana en lo concerniente a las facilidades que otorga en la marca y en las limitaciones tácticas para ocupar espacios para defender y de esa manera simplificarle las cosas al favorito de turno. Aún así, con tan grandes ventajas, la albiceleste consiguió nada más que un 3-2 en el que retornaron los espectros de los errores defensivos cometidos en Sudáfrica 2010, cosa que se vio especialmente en el segundo gol anotado por Ahmed Musa que ponía el transitorio 2-2.

Lionel Messi parece haber decidido que como el equipo es intermitente, que como sus compañeros de ofensiva no tienen la pólvora cargada como sí la tuvieron en la primera fase del anterior mundial —Higuaín, Agüero—, era imperativo sacar a relucir las opciones de solución enteramente personalista de cada partido, gracias a esa pegada prodigiosa que permitió el gol del triunfo contra Irán, y el segundo gol de ayer que abrió la senda para la tercera victoria que cristalizó en la segunda etapa, Marcos Rojo, con un gol chapucero gracias a un balón que le rebotó en la pierna luego de un mal cabezazo de Ezequiel Garay, producto de un tiro de esquina.

Argentina tiene cuatro goles de Messi, más dos de rebote en el área chica, el primero autogol de Bosnia y el que permitió el tercero del triunfo en el Beira-Rio de Porto Alegre frente a los nigerianos. Ese es el rendimiento de efectividad del equipo de Alejandro Sabella, en el que, aunque a diferencia de los dos primeros juegos, hubo incisividad, llegada y remate, pero lo que no apareció fue la efectiva definición en la última jugada y el desarrollo se tornó administrativo cuando Lio salió reemplazado a los 62 minutos por Ricky Álvarez.

Si a Argentina se le imponen marcas eficaces y planteamientos a lo Diego Simeone en el Atlético de Madrid, tal como lo hizo especialmente Irán, las dificultades se le duplican porque el virtuosísimo de Messi, en circunstancias de esas características, termina chocando rivales como resultado de la buena marca o de la infracción, y lo que queda es la genialidad de última hora o el balón parado para el disparo envenenado e inatajable.

Tal como están las cosas, Messi está sugiriendo que el mundial podría ganarlo él solo, que el equipo está y no está, pero sobre todo no está cuando las papas queman y la soledad acompañada en la que habita el campo resulta peor que la de los individualistas obsesivos que juegan para sí mismos, importándole mucho menos el resto.

Una ventaja tiene Argentina en comparación a la anterior versión mundialista y esta es que la solidaridad, el compañerismo y la buena onda en general ayudan muchísimo a conjurar las crisis que podrían desatarse debido a que su seleccionador, hasta ahora, emite señales de inseguridad antes que de claridad con lo que debe hacer a continuación.

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