Brasil 2014

Un equipo menor

La de Alejandro Sabella es un equipo al que se le pusieron las cosas color hormiga en la medida de las dificultades planteadas por Bosnia-Herzegovina, Irán, Nigeria y ayer Suiza.

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / Brasil

00:38 / 02 de julio de 2014

El torneo ingresa hacia sus últimos tramos, y la albiceleste ha vivido sojuzgada por los choques contra muros defensivos, anticipaciones de marcadores aplicados, contraatacantes que exigieron mucho a los dos de contención del medio y a los cuatro de la línea de fondo.

El Mundial recién comienza” habría declarado Lionel Messi un día antes del partido por octavos, cuando la verdad fría y objetiva es que en el Mundial se computa todo y que comenzó a mediados de junio. Argentina ha jugado ya cuatro partidos y ya está claro hasta aquí que se trata de un equipo de rendimiento mediano, que el tridente ofensivo que hizo una y mil en Sudáfrica 2010 no ha podido revalidar esas actuaciones, más gravemente resentido con Sergio Agüero lesionado y Ezequiel Lavezzi llamado a reemplazarlo que también funcionó a medias y tuvo que ser sustituido por Rodrigo Palacio.

La Argentina de Diego Maradona era un portento de la mitad para adelante, una lágrima de Javier Mascherano hacia atrás, y ésta de Alejandro Sabella es un equipo al que se le pusieron las cosas color hormiga en la medida de las dificultades planteadas por Bosnia-Herzegovina, Irán, Nigeria y ayer Suiza, porque no supo inventar las maneras de romper entre líneas, los muy aplicados planteamientos defensivos de sus muy empeñosos y sacrificados rivales.

Lo que hizo la albiceleste en materia de resultados es provocar un autogol, cuatro anotaciones de Lionel Messi, otro de rebote en la pierna de Marcos Rojo, y ayer, para lograr el pase a cuartos de final, el inapelable remate cruzado de Ángel di María, producto de la habilitación a espacio desguarnecido a cargo de Messi, el único espacio vacío que consiguió durante todo el partido frente a otro rival aplicado en la marca y en la salida para la contraofensiva. Siete goles a favor, tres en contra y una definición con alargue es lo que hasta ahora ha logrado este equipo que vive en canchas brasileras de los chispazos de Messi, y que no ha conseguido hasta aquí un volumen de juego acorde con sus antecedentes y con las credenciales de sus grandes figuras.

A pesar de este frustrante cuadro, un equipo que tiene a un jugador desequilibrante, que ha demostrado hasta aquí que puede hacerse cargo en solitario de los triunfos de su equipo en la mayoría de sus presentaciones, puede conseguir llegar lejos, lo mismo que le está sucediendo al Brasil de Luiz Felipe Scolari que en materia de finalización de jugadas ha pasado a depender casi exclusivamente de lo que pueda hacer Neymar porque Fred, Hulk y Jo son indiscutiblemente actores menos que secundarios.

Las icónicas selecciones de Argentina y Brasil pueden perfectamente llegar a últimas instancias, por las paradojas imprevisibles que encierra el fútbol. Con Messi y Neymar bastaría, piensan sus abnegados seguidores, pero en el fondo, los futboleros de pura sepa saben perfectamente que ninguna de las dos más poderosas de América ha hecho méritos reales para perfilarse en serio hacia el título. Si lo logran, tendrá mucho que ver con lo que sus solistas o concertinos puedan hacer por cuenta propia, con alguna ayudita de Di María u Oscar, porque la propuesta colectiva no ha asomado hasta aquí como si se ha podido ver en los rendimientos expuestos por Colombia, Alemania, Holanda y Costa Rica.

Diego Armando Maradona y Sergio Batista salieron por la ventana de la AFA de sus cargos como seleccionadores. Alejandro Sabella ingresó por la puerta ancha luego de llevar muy lejos a Estudiantes de la Plata en los planos nacional e internacional, pero lo cierto es que prácticamente con la misma plantilla de jugadores, con ostensible mayor armonía dentro del grupo, con una predisposición más distendida para manejar su imagen a través de los medios de comunicación, logró niveles de juego estimables en las eliminatorias sudamericanas que se vinieron abajo en este vigésimo mundial, pues no se consiguió que genio y figuras pudieran corresponderse en el plano de lo que históricamente heredaron: Pelota contra el piso, toque, ataque, gambeta, variantes de llegada con cambios de ritmo, en suma, protagonismo individual y colectivo indiscutibles.

Argentina dirá, a través del propio Messi, que el Mundial recién comenzó con el partido frente a Bélgica, pero lo cierto es que el torneo ingresa hacia sus últimos tramos, y la albiceleste ha vivido sojuzgada por los choques contra muros defensivos, anticipaciones de marcadores aplicados, contraatacantes que exigieron mucho a los dos de contención del medio y a los cuatro de la línea de fondo. Aunque ayer Di María fue un canto al esfuerzo y a la prodigación, estuvo más amarrado que suficientemente liviano para sacarse de encima a sus marcadores suizos que parecían soplarle los oídos y lo tenían visiblemente cabreado.

Si Argentina logra la hasta ahora impredecible aparición de un juego consistente, será, seguro, porque alguna cosa podrá inventar en el camino Lionel Messi porque todo lo exhibido hasta aquí, lo encuadra en la casilla de los equipos que difícilmente pueden hacer historia.

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