Brasil 2014

¿Dónde escondieron la roja para Neymar?

Luis Suárez ha recibido el castigo previsible por su reincidencia. Pero Neymar fue perdonado en el primer partido contra Croacia recibiendo una amarilla cuando debió ser expulsado sin atenuantes. Si el mundial está deslumbrando a muchos por el fútbol que se está practicando, por otro lado decepciona porque la calidad del espectáculo debería tener su ineludible correlato en la calidad de la justicia que se imparte en las canchas, lo que no sucede.

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza

08:39 / 27 de junio de 2014

Luis Suárez ha recibido el castigo previsible por su reincidencia. Pero Neymar fue perdonado en el primer partido contra Croacia recibiendo una amarilla cuando debió ser expulsado sin atenuantes. Si el mundial está deslumbrando a muchos por el fútbol que se está practicando, por otro lado decepciona porque la calidad del espectáculo debería tener su ineludible correlato en la calidad de la justicia que se imparte en las canchas, lo que no sucede.Patadas, rodillazos, golpes de puño, codazos y cabezazos son las formas de agresión tipificadas en el reglamento futbolístico. Hasta donde sabemos, los mordiscos no figuran en ningún manual de la buena administración de la justicia futbolística. Neymar le metió un doble codazo a Luka Modric de Croacia en el partido inaugural, y el japonés Yuichi Nishimura se hizo árbitro localista, le tembló la mano y solo se atrevió a mostrarle la amarilla al goleador de la canarinha que de haber sido correctamente sancionado no habría convertido los cuatro goles con los que Brasil se clasificó a octavos de final, facilitada, un poco más tarde, por un penal en el que Fred habría simulado una infracción que no hubo, y paralelamente, beneficiado por la invalidación de dos goles legítimos a México frente a Camerún y que hubiera dado lugar a otros cruces: Brasil vs. Holanda y México vs. Chile.

Como los mordiscos no se cuentan y por si fuera poco, el de Luis Suárez contra Giorgio Chiellini no fue advertido por el árbitro mexicano, Marco Rodríguez, se decidió encarar una sanción a posteriori, con respaldo en los distintos ángulos de la transmisión televisiva que ratificaba algo que el delantero uruguayo ya había intentado en la Copa Confederaciones jugada el pasado año, contra el mismo jugador italiano, metamorfoseándose en una especie de vampiro poco ortodoxo que en lugar de buscar la yugular de su víctima, le fue directo al hombro y que le provocara como respuesta reflejo un codazo que le lastimó la parte superior de la dentadura.

La agresión de Neymar a Modric fue igual de malintencionada que la de Suárez a Chiellini, pero las sanciones han sido rabiosamente distintas. El uno, por llamarse como se llama, y llevar la 10 de la verde amarilla, sufrió una amonestación con cartulina preventiva. El otro, Luisito, el antihéroe, ha acumulado tan tremendos antecedentes que su reincidencia le está costando nueve partidos de suspensión, cuatro meses de no participación en torneo alguno, no ingresar en ningún escenario deportivo durante el lapso que dure el castigo, pagar una gran multa en miles de francos suizos y buscar ayuda profesional con un psicólogo. Es decir, una sanción en combo para ver si con ésta, de una buena vez, se le puede poner freno a esta desconcertante y violenta expresión de la ansiedad y la presión que conduce a la obsesividad de querer ganar, esta vez sin el cuchillo, sino con los dientes mismos.

Cuando expulsaron a Pepe por conducta antideportiva y agresiva en el partido jugado entre Portugal y Alemania, la decisión arbitral se concretó y a otra cosa. Pero sancionar, luego de que el árbitro del partido no lo hiciera, al héroe de Uruguay que se cargó con dos golazos a la mismísima Inglaterra de este vigésimo mundial, era mucha dosis, y como su conducta es indefendible por donde se vea, todos los controles, las vigilancias, y los jueces de la moral y las buenas costumbres le cayeron con todo: Suárez no jugará mañana contra Colombia y así las cosas quedarán igualadas porque el rival no tiene a su principal referente, Radamel Falcao, que no pudo superar la lesión soportada a principios de año.

Quienes viven de exclamaciones y cánticos a las bondades futbolísticas que se vienen advirtiendo en el mundial que se juega, parecen no haber puesto el énfasis necesario en el hecho de que a mayor calidad en el juego, debiera existir, en directa correspondencia, excelencia en la administración de justicia en la cancha y eso, lamentablemente, es lo que está desentonando y en alguna medida, generando respuestas de protesta e impugnación moral, porque no han sido pocos los partidos en los que se produjeron penales mal cobrados, penales no sancionados, perdonazos que merecían expulsiones, equivocadas invalidaciones de goles legítimos, posiciones fuera de juego no advertidas, faltas en tumulto en las áreas cobradas según la intensidad y el tamaño político de los adversarios.

En ese sentido, en el de los arbitrajes y las decisiones disciplinarias posteriores, este mundial está resultando menos que regular y ojalá que esto no termine agrabándose, ahora que comienzan los partidos en los que un yerro arbitral puede significar la condena al trabajo encarado durante cuatro años, eliminatorias incluidas, lo que abriría las compuertas a que el precedente de haber usado el soporte audiovisual para sancionar a Suárez, se convierta en el punto de referencia que sirva para contrapesar las equivocaciones de los colegiados, con los que se escribe esa otra historia del fútbol, la de lo que no fue, o no pudo ser, porque una equivocada utilización del silbato lo impidió.

Hay quienes consideran exagerada la sanción contra Suárez y no están en lo correcto, porque el gran goleador uruguayo ha cometido una gravísima falta, producto, probablemente, de un desorden emocional, porque los antecedentes personales y familiares del jugador dicen que se trata de una muy buena persona, querendona como pocas en el mundo del glamour futbolístico, de su compañera y de sus hijos. Es una lástima porque Luisito iba camino a convertirse en una figura mítica de este mundial, con los grandes antecedentes acumulados en el último tiempo: Mejor jugador y goleador de la mejor liga nacional del planeta, la inglesa.

El que se equivoca, y peor con reincidencia, debe afrontar con madurez y honestidad su camino. Suárez se va de Brasil desconsolado, pero seguro de que sus compañeros, ese equipo de corajudos charrúas, sabrán continuar en la ruta de la competencia y de hacer todo lo mejor para conseguir demostrar, que también, sin su personaje fundamental, pueden llegar lejos.

Julio Peñaloza Bretel es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol.

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