Brasil 2014

¿No están exagerando con Suárez...?

Ecuador se fue de pie, luchando, dando todo. Nadie pasó por encima, nadie lo superó

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

01:03 / 26 de junio de 2014

Zidane le pegó un cabezazo tremendo a Materazzi en la final de Alemania 2006 y una hora después recibió el Balón de Oro del torneo. Hemos criticado a los uruguayos por su reciedumbre, a veces desmesurada. Esta vez no vemos grave el episodio de Suárez.

En las últimas horas el mundo se horrorizó de Luis Suárez. Su mordiscón a Giorgio Chiellini reventó las redes sociales. Millones piden su cabeza, gente clamando para que lo sancionen por dos años, que lo echen de la Copa, ¡periodistas de prestigio que lo han llamado antropófago…! Le han dicho caníbal, vampiro y cientos de barbaridades más en pudorosos editoriales. ¡Cuánta hipocresía…! Parece todo muy exagerado. Desde luego Suárez no estuvo bien, pero la suya fue más una bronca de momento, más una reacción nerviosa que una maldad. Chiellini no va a morir por ese mordisco ni está herido ni tendrá convalecencia. Ni sangre le salió. Peor es un codazo que rompe una nariz o una plancha que fractura una tibia. Chiellini logró un efecto: tapar la eliminación con el mordisco.

Zinedine Zidane le pegó un cabezazo tremendo a Materazzi en la final de Alemania 2006 y una hora después recibió el Balón de Oro al mejor jugador del torneo. O sea, lejos de condenarlo, lo condecoraron. Y Zidane también tenía antecedentes: recibió 14 tarjetas rojas en su carrera, 12 de ellas por agresión. Los marcadores sabían que se fastidiaba con las marcas a presión o con las chicanas verbales, y lo buscaban. Y él reaccionaba con codazos o cabezazos. De rabia. Sin embargo nunca pensamos que Zidane fuera un mal deportista o un inadaptado social. No, se embroncaba, nomás. Decenas de veces hemos criticado a los uruguayos por su reciedumbre, a veces desmesurada. Esta vez no vemos tan grave el episodio de Suárez. Pero la FIFA ha recibido una presión brutal para que lo saque de la Copa. Tal vez a algunos les convenga.

CUANDO UNO VALE POR ONCE. “La selección ganó 3-2 solo gracias a Messi”, fue el título de La Nación de Buenos Aires apenas terminó el partido de Argentina frente a Nigeria. Resumió con exactitud lo acontecido en Porto Alegre. Una vez más, el albiceleste se mostró como un equipo pobre, lento y previsible, burocrático, donde el pase hacia atrás parece una religión, y el toque anunciado un dogma. No se ve cambio de ritmo, no hay movilidad, a nadie le sobra una idea, tiene problemas defensivos serios… Hasta que la pelota llega a los pies de Leo. Cuando él la toca, todo florece, sale el sol, se dinamiza la acción, cobra energía la jugada, peligra el arco rival, se ilusionan los hinchas argentinos, se encienden todas las alarmas del adversario, prestan atención los televidentes del mundo… Algo puede suceder. Debe ser muy grande Messi para hacer ganar los tres partidos a esta selección argentina lánguida. Le faltan cuatro más… ¿Podrá…?

EL INFORTUNIO DE LEO.  Haber compartido época en Argentina con malos entrenadores y pobrísimos compañeros. No le tocó nada… Ni Passarella, ni Kempes, ni Maradona, ni Batistuta, ni Caniggia, ni Burruchaga, ni tantos otros buenos que supieron vestir esa camiseta. Está en una orfandad pavorosa. Pese a todo, no se desanima y mantiene la ilusión de ser campeón. Si llegara a lograrlo (muy improbable), sería una hazaña para los tiempos.

¡QUÉ PENA, BOSNIA…! .  De no haber sido por el gol anulado a Edin Dzeko en el partido ante Nigeria —gol perfectamente conseguido, por cierto—, ese partido terminaba empatado y el elenco balcánico hubiese llegado a octavos de final en lugar de los africanos, que hasta ahora no mostraron nada. Siempre es cruel cuando una grave falla arbitral decide un resultado y, en este caso, a un clasificado. El juez fue Peter O’Leary, de Nueva Zelanda, y sus asistentes en las bandas, también.  

REYES DEL SIMULACRO. En este Mundial los partidos se televisan con hasta 36 cámaras; todo se ve. Lo que una cámara no lo toma, lo pesca otra. Se ven gestos, agarrones, faltas, hasta se leen intenciones. No obstante, los futbolistas parecen ignorarlo y simulan todo el tiempo, por todo. Fingen golpes no recibidos, faltas que no fueron, disculpas inaceptables, pegan y se tiran acusando un dolor que no existe… Los árbitros de este torneo son muy malos, pero además deben lidiar contra tantos pillos.

NADA QUE REPROCHARLE A ECUADOR.  Ya está, ya fue. No da para hacer dramas. La rabia, imaginamos, nace del hecho de ser el único sudamericano eliminado en primera fase. Pero la despedida fue con suma dignidad. Ecuador se fue de pie, luchando, dando todo. Ahora se lamenta más que nunca el error individual de Michael Arroyo en el minuto 93 del partido ante Suiza, que le costó la derrota y este temprano adiós. De no ser por ello se podía pasar de ronda. Ayer Francia intentó mil veces el gol, lo buscó por cielo y tierra y chocó contra un arquero y una defensa que le taparon las ansias y la metralla, todo. El mediocampo también bañó el césped de sudor y voluntad. Y arriba, Enner Valencia se debatió solo contra el mundo y generó mucha inquietud a zagueros que actúan en los clubes más grandes del mundo.

No era un grupo imposible, para nada; tampoco fácil. Se dio algo que perfectamente podía suceder. Como también era esperable el pase a octavos. Ahora van a llover críticas sobre varios jugadores, dirigentes y, sobre todo, el técnico Reinaldo Rueda, al que nunca lo quisieron. En nuestra desapasionada opinión, el DT colombiano hizo mucho con un plantel modesto y corto. Clasificó a un mundial. No se trata de una camada brillante ni numerosa. Y en el camino hacia Brasil hubo bajas muy sentidas: el infortunado Chucho Benítez, Jairo Campos y, a último momento, Segundo Castillo, una pieza vital en el centro del campo. Mucho para una dotación escasa de grandes figuras. Varios colegas ecuatorianos insisten en que falló el planteo o en por qué no se buscaron otros jugadores. ¿Cuáles…? Esto es lo que hay. Falta un diez que genere fútbol, un zaguero de gran clase, un atacante más que genere desequilibrio.

La entrega y el valor expuesto ante Francia le confieren al adiós un sabor digerible, nadie pasó por encima a Ecuador, nadie lo superó abiertamente en juego.

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