Brasil 2014

La lección táctica de Van Gaal

Van Gaal sabía perfectamente que la dinámica del equipo de Jorge Sampaoli, necesitaba muchos destructores en la mitad del campo para ser aplacada, sobre todo para frenar las iniciativas individuales de Alexis Sánchez.

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:35 / 24 de junio de 2014

Armó un catenaccio a la holandesa con el que apostó al desgaste de un rival necesitado del triunfo para eludir a Brasil en la siguiente fase, y lo hizo con las garantías que ofrece la velocidad de Arjen Robben para hacer del contraataque la herramienta del triunfo.

Los holandeses deben estar cansados de los homenajes periodísticos a su revolucionario aporte a la modernización del fútbol y de las recurrentes menciones a su pionero totalizador del juego, Rinus Michels, que irrumpió en Alemania 74 con la polifuncionalidad basada en los movimientos circulares de los grandes jugadores que dirigió, encabezados por Johan Cruyff, Willem van Hanegem y Johan Neeskens.  Su innovadora y agresiva propuesta los llevó a trasponer fronteras invadiendo la Ciudad Condal, para influir decisivamente en el Barcelona durante 19 temporadas, obviamente discontinuas, con los aportes del mismo Michels en el banquillo y luego el mismo Cruyff, Louis Van Gaal y Frank Rijkaard, quienes contribuyeron a una fusión de la cultura futbolística construida en los Países Bajos, especialmente en un laboratorio llamado Ajax, con los valores azulgranas. A esos cuatro fundamentales entrenadores se deben sumar nada menos que 18 futbolistas que formaron parte del equipo naranja y que vistieron la camiseta culé en las últimas cuatro décadas.

Si hay alguien que podría dar fe de esta archisabida historia, ese es Josep Guardiola que tuvo en Cruyff a uno de sus principales maestros para convertirse en el entrenador con los valores futbolísticos que ponen el acento en la tenencia de la pelota, el juego asociado, y la búsqueda sin concesiones del arco rival, pero Van Gaal ha salido de ese molde y ahora que tiene la irrepetible oportunidad de romper la chapa del mejor subcampeón de la historia en el mundial con mayor intensidad y calidad futbolísticas, y a menos de un mes de marcharse a dirigir el Manchester United —lo remplazará Gus Hiddink—, no está dispuesto a otorgar ni medio centímetro de ventaja para continuar en el empeño de superar los consoladores elogios sobre el “campeón moral” del 74, la tristeza del desafortunado equipo del 78 contra Argentina o el impotente secundón en todos los aspectos frente a España en Sudáfrica 2010.

Con la película clarísima, consciente de la necesidad de dosificar energías para octavos de final, y con la mitad de la potencia ofensiva fuera del campo por suspensión de Robin Van Persie, Van Gaal armó un catenaccio a la holandesa con el que apostó al desgaste de un rival necesitado del triunfo para eludir a Brasil en la siguiente fase, y lo hizo con  las garantías que ofrece la velocidad de Arjen Robben para hacer del contraataque la herramienta del triunfo tal como quedó demostrado con su escapada por izquierda, en el último minuto del partido, que lo llevó casi hasta la línea de fondo chilena para sacar un envío rasante que recibió Memphis Depay para nada más empujarla y con el 2-0 conseguir puntuación perfecta.

Van Gaal sabía perfectamente que la dinámica del equipo de Jorge Sampaoli, necesitaba muchos destructores en la mitad del campo para ser aplacada, sobre todo para frenar las iniciativas individuales de Alexis Sánchez, que además de soportar el buen trabajo de Eugenio Mena por la banda izquierda en la primera etapa, un par de interesantes movidas de pizarrón con pelota detenida, Chile terminó cayendo en la trampas que lo obligaron a tirar centros hacia un área en que los defensores holandeses salieron casi siempre airosos.

Con una selección chilena a la que le fueron cerrados todos los espacios para atacar de frente y por adentro, y una paciente como eficaz ejecución de un libreto resultadista de parte de Holanda, la Naranja Mecánica de hoy está demostrando cuan útiles pueden ser los dibujos concebidos para cada partido, en función de las características diferenciadas de sus adversarios, pues recuérdese que frente a Australia (3-2) hizo un partido abierto, muy ofensivo y frente a España se pronunció de manera muy parecida a la de ayer, minando las energías de los ibéricos para en la segunda parte liquidarlos de manera terminante, marcándoles cinco goles.

A 40 años del 1-2 frente a Alemania en Múnich, y luego de graduarse como los más grandes innovadores tácticos del juego, basado en una condición física que para esa época aparecía como sobrenatural, la Holanda del siglo XXI y de Louis Van Gaal es pragmática por donde se la mire, pues quiere ganar de una buena vez un mundial y si para ello se hace prioritaria la pulseta basada en maniatar al rival, sin correr los riesgos que implica el romántico juego ofensivo de ayer, se privilegiará tal cosa y las memorables gestas en que comenzó a sonar más fuerte eso de que el segundo es el primero de los últimos, quedarán para el recuerdo, o en el mejor de los casos, para la fundamentación histórica de por qué Holanda se merecía, hace mucho tiempo, ganar su primer mundial. Está por verse.

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