Brasil 2014

Cuando llueve las estrellas no se dejan ver

Argentina y Holanda jugaron y esperaron el error del adversario. Y la falla nunca se produjo luego de dos horas de acciones tensas, estudiadas, calculadas de antemano, disputadas con una gran dosis de hombría.

La Razón Digital / Óscar Dorado Vega

07:55 / 10 de julio de 2014

Argentina y Holanda jugaron y esperaron el error del adversario. Y la falla nunca se produjo luego de dos horas de acciones tensas, estudiadas, calculadas de antemano, disputadas con una gran dosis de hombría.

Por eso, en medio de la lluvia caída en San Pablo, las estrellas no emergieron. Messi y Robben quedaron envueltos en la marca. Lo intentaron, pero no pudieron. El holandés, por ejemplo, pudo desequilibrar en el minuto 90, pero Mascherano —un león en el terreno de la lucha, de no dar por perdido ningún balón— se lo impidió gracias a un esfuerzo titánico.

Y sí, vimos un auténtico cotejo de semifinal (no como el de anteayer). Parejo, por sobre todo. Pensado y aplicado al cien por cien o más. Sin desequilibrio de las individualidades, excepto en el caso de Romero, que tapó dos de los cuatro penales a los que se sometió. De algo le habrá servido al arquero —en materia de conocimiento de los ejecutantes— su paso profesional a nivel club por el fútbol holandés.

La Albiceleste reivindicó al fútbol de América. Y se metió a la final del domingo, ofreciendo tanta o más disciplina táctica que la del oponente. Porque si los caminos estaban clausurados de mitad de cancha hacia adelante no cabía ningún descuido del centro para atrás. Prevaleció el contragolpe. El esperar y recuperar. El achique de espacios. El toque y toque sin horizonte diáfano. El control del balón como prioridad absoluta.

Holanda optó por la cobertura hombre a hombre. Los de Sabella apuntaron al freno en zona, distribuidos correctamente a lo ancho del campo. Entonces, la elaboración se hizo tibia a raíz de la interrupción con la que chocaron los pensantes. Los pases entre líneas no abundaron. Todo lo contrario. De ahí que lo distinto —lo que marca diferencia— no tuvo lugar. Y podían seguir toda la noche (dio la impresión) sin vulnerarse…

De lo conceptual a lo emocional. Eso acontece en las prórrogas, durante las que el físico ya no concede respuestas adecuadas. Y a la definición extrema se arriba con enorme tensión a cuestas. Ahí el espíritu del que sí ya fue campeón mundial dos veces afloró por sobre el tres veces frustrado aspirante. Cuatro remates impecables y dos grandes atajadas (en la víspera Van Gaal no le hizo sitio a Krul, el héroe frente a Costa Rica) señalaron el camino correcto, el único despejado,  a Río de Janeiro.

Óscar Dorado Vega es corresponsal de Fox Sports en Bolivia.

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