Brasil 2014

El oficio de Argentina en semifinales

La albiceleste logró el primer objetivo al salir de Buenos Aires: jugar los siete partidos, arribar a semifinales, no quedarse atascado en cuartos. No está mal. Ahora renueva el desafío: llegar a la final. Para el jugador rioplatense, es más complicado la ruta previa que la propia definición.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

00:00 / 06 de julio de 2014

Primero Alemania, luego Brasil, ahora Argentina y por último Holanda… Ya están en semifinales. Mucho se habla de que el fútbol se igualó para abajo, pero este Mundial en particular, y todos los torneos en general, lo desmienten: los de abajo evolucionan y están cada vez mejor, pero los grandes tienen el oficio, conocen el camino y saben cómo llegar arriba. Y siempre llegan.

Argentina logró ya el primer objetivo trazado al salir de Buenos Aires: jugar los siete partidos, arribar a semifinales, no quedarse otra vez atascado en cuartos. No está mal. Ahora renueva el desafío: llegar a la final. Para el jugador rioplatense, es mucho más complicado toda la ruta previa que la propia definición. Si arriba a la instancia decisiva, crece desmesuradamente y se torna peligroso para cualquier adversario. Se convierte en lobo. Es parte de su idiosincrasia.

Ruud Gullit regaló hace un par de días dos definiciones muy inspiradas: 1) “Argentina solo puede mejorar, pero si mejora…” y 2) “Tiene los mejores jugadores y el peor equipo”. Es verdad que tiene mucho margen para optimizar su juego, y que posee mejores individualidades que conjunto. Pero ha ganado sus cinco partidos Argentina, es el único equipo de los 32 del torneo que lo ha conseguido, algo debe tener, algún mérito que no le advertimos a simple vista.

“No fuimos impresionados por los argentinos. Fue un equipo ordinario”, comentó, acaso con cierto despecho, Marc Wilmots, técnico belga. Tampoco a nosotros nos seduce el equipo de Sabella, pero cabría preguntarle a Wilmots: ¿Y si era tan ordinario por qué no le ganaron…? Bélgica creó una sola jugada de peligro en 90 minutos. Un cabezazo que se perdió cerca de un palo. Nada que merezca recordarse.

Aconteció que salió un partido chato porque nadie quiere cometer errores a esta altura dado que los espera el chárter a la salida. Y porque Argentina evitó cuidadosamente no repetir el juego de Estados Unidos frente a Bélgica. Es decir, salirle a cambiar ataque por ataque. Eso le cerró espacios a los descendientes del rey Leopoldo. Y sin terreno libre a todos se les complica. A ellos, más.

Esta no es una buena camada de futbolistas argentinos. Tiene a Messi, es verdad, y un par de subalternos, los demás son tan desabridos que podrían jugar tranquilamente en cualquiera de esos competitivos aunque toscos equipos europeos sin imaginación, hablamos de Grecia, Suiza, Bosnia, Rusia, Portugal, Inglaterra, la misma Italia. Pero Bélgica, con su generación de oro (tal vez tenga otra dentro de veinte años), no inquietó nunca a Argentina. No mereció pasar de ronda.

Argentina perdió a Di María, Brasil a Neymar y Thiago Silva, la mesa parece servida para Alemania, que muestra la confiabilidad de un Mercedes.

INOLVIDABLE COSTA RICA. Le igualó al cuco de este campeonato —Holanda—, cayó apenas en los penales, pero se ganó el corazón, la admiración, la simpatía del mundo el equipo centroamericano. Y los ganó con ese factor tan seductor que es la garra, la entrega, la hombría, la personalidad, el aguante… Y también el fútbol. Cuando pasen los años, una y otra vez sonará la frase “¿Te acuerdas de Costa Rica… aquel equipazo de Campbell, Ruiz, Bolaños, Umaña, Navas, Borges, Junior Díaz…?”.

¿Cómo olvidarse…? Desde México a la Patagonia, todo el continente se encolumnó detrás del sueño de Costa Rica semifinalista. No se dio, pero entran en la galería de los héroes de su país y en el afecto futbolero de Latinoamérica. La belleza en el fútbol tiene muchos rostros. Costa Rica nos enamoró con el suyo. ¡Se marcha invicto del Mundial…! Laureles para Jorge Luis Pinto, excepcional lo suyo. Entra en la galería de los grandes entrenadores con esto.

El bronce no es solo para los que ganan, esta es una prueba irrefutable. Y un 0 a 0 puede ser un bellísimo partido. Holanda-Costa Rica es un paradigma.

SUPERKEYLOR.  Al cierre de esta columna, la figura de Keylor Navas frente a Holanda adquiría ribetes heroicos, legendarios casi. El portero costarricense vino como para ser destaque del Mundial y lo ha logrado ampliamente. Lo curioso es que cuando se habla de figuras no se mencionan arqueros, y estos han sido extraordinarios. Más curioso es todavía que el Levante, donde milita Navas, no tiene problemas en negociarlo, pero nadie se interesa demasiado por él. Apenas ha aparecido una oferta de Portugal por 3 millones de euros, considerada insuficiente. El insólito Índice Castrol, de la FIFA, que mide a los mejores del torneo, no registra ningún golero entre los primeros 19. Recién en el puesto 20 aparece Claudio Bravo, el también sensacional portero chileno y ahora del Barcelona.

ZÚÑIGA: SE PRESUME INOCENTE. Según anunció ayer la FIFA, su Comité de Disciplina está estudiando la jugada en la cual Camilo Zúñiga fracturó a Neymar en la espalda. Sin embargo, es un lance muy común del juego. Para determinar la intencionalidad hay que apreciar la cara de quien golpea. Zúñiga no estaba mirando a Neymar sino a la pelota. La furia de los reclamos proviene de otro lado: de la descomunal sanción a Suárez por el mordisco a Chiellini. Si por eso casi le dieron pena de muerte, ahora parece que no sanciona con el mismo rigor. Pero el Comité no puede cometer, en cada caso, la misma estupidez que con el uruguayo.

Como dijimos, ahora es víctima de su propia rigurosidad. Además, si el Comité quiere analizar lo de Zúñiga, también Colombia puede pedir que evalúe el codazo de Neymar a Modric en el cotejo inaugural. Allí Neymar sí lo miró al croata, lo calculó bien y le metió el codo en la cara. Los problemas, como siempre, son dos: la idiotez y las conveniencias. El lío lo arman los árbitros incapaces, pusilánimes o que acomodan los tantos (como Nishimura) y el Comité de Disciplina, que pretendió jugar al severo y ahora no sabe cómo reaccionar. La carga de Zúñiga no fue ni el 10% de violenta de la Thiago Silva a ‘Chicharito” Hernández. Eso era para sacarlo del fútbol por una temporada. Pero Thiago, como Neymar, recibió apenas la amarillita cómplice, la que no castiga, premia.

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