Cartas de los lectores

Sobre el artículo ‘Eduardo Frei y el mar para Bolivia’

Quisiera hacer las siguientes consideraciones a fin de ilustrar a sus lectores sobre lo que fue la política exterior de mi gobierno (1994-2000) y los principios que siempre he defendido

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Frei Ruiz-Tagle - Expresidente de Chile. / La Paz

00:02 / 15 de noviembre de 2014

Estimada señora Directora, en la edición del 1 de noviembre del periódico de su digna dirección se publicó un interesante artículo del ex ministro de Defensa y ex cónsul general de Bolivia en Chile, señor Walker San Miguel, titulado “Eduardo Frei y el mar para Bolivia”, el que contiene conceptos sobre mi persona que agradezco y con cuyo texto, en términos generales, concuerdo. No obstante, quisiera hacer las siguientes consideraciones a fin de ilustrar a sus lectores sobre lo que fue la política exterior de mi gobierno (1994-2000) y los principios que siempre he defendido.

Preocupación prioritaria fue la política exterior hacia nuestra región de las Américas y, muy especialmente, con los países limítrofes. Sería largó enumerar las acciones en beneficio de la integración y desarrollo de nuestros países emprendidas en ese sexenio, así como los infatigables esfuerzos desplegados para una eficiente y útil coordinación regional que nos permitió tener una sola voz en el concierto internacional en los temas más diversos.

La agenda que desarrollamos tanto en el ámbito multilateral como bilateral fue profunda, visionaria y extremadamente eficaz. Con Argentina y Perú, Chile puso fin a todos los temas limítrofes pendientes. Lo anterior Perú lo reconoció por intermedió de su Canciller en Lima en 1999, cuando se firmaron los importantes acuerdos derivados del propio Tratado de Límites de 1929. Que Perú lo haya desconocido y posteriormente recurrido a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) es otra cuestión, y no por ello menos lamentable.

Respecto de Bolivia, siempre nos inspiró promover y desarrollar las mejores relaciones que las circunstancias permitían. Durante sucesivos gobiernos, Chile estuvo dispuesto a conversar diferentes fórmulas y alternativas destinadas a generar confianza y un mayor acercamiento entre nuestros pueblos, como también para incrementar todas aquellas facilidades que Bolivia requiriese. Si éstas fracasaron, no fue precisamente por culpa de Chile. Algunas veces se interpuso Perú, país al que, según lo dispuesto en el artículo quinto del Tratado de 1929, le corresponde dar una opinión, y esto todos lo conocemos; en otras, la propia dinámica de las políticas internas de los países involucrados las obstaculizaron.

Durante mi gobierno siempre tuve abierta las puertas para recibir a los bolivianos, a sus autoridades y representantes con la dignidad y amistad que se merecen. También, cada vez que fui invitado a reuniones que tenían a Bolivia como sede concurrí con la mejor disposición y el mayor agrado; con agenda abierta y sin exclusiones, avanzando confiados en la solución de diversos temas de interés común. Créame señora Directora que la lista sería larga de enumerar.

Un quinto de los países del mundo carecen de litoral. Bolivia es, sin embargo, el que goza del mejor acceso y de los mayores beneficios, los que están reconocidos en el Tratado de Paz y Amistad de 1904. Casi toda la carga que sale por el puerto de Arica es boliviana, como también es muy significativa la que sale por el puerto de Antofagasta. Bolivia tiene sus propias autoridades aduaneras, almacenamiento gratuito en sus mercaderías por un plazo superior al que tienen los propios chilenos, goza de tarifas preferenciales para el uso del muelle, utiliza para su beneficio el oleoducto Sica Sica - Arica, el ferrocarril de Arica a La Paz es subutilizado no por culpa de Chile precisamente, etc. Es decir, Bolivia en la práctica tiene una salida al mar útil y beneficiosa.

Con pesar debo decir que las cosas ahora han cambiado. A la desafortunada iniciativa peruana de recurrir a la Corte Internacional de Justicia y ante la cual no obtuvo lo que buscaba, se suma posteriormente Bolivia, también en una acción peregrina. A las reformas constitucionales y legales para soslayar el Derecho Internacional y caer en el incumplimiento de obligaciones solemnemente pactadas —como lo son los tratados de límites libremente negociados y consentidos— se suma una campaña sin precedentes en nuestra región de diatribas, declaraciones e inexactitudes completamente alejadas de la realidad y contrarias al sano espíritu que debe guiar las relaciones entre dos países limítrofes, llamados por la historia y la geografía a construir un futuro común y a compartir amplios intereses en beneficio de nuestro pueblos y de toda Sudamérica.

La única manera de satisfacer las aspiraciones y necesidades de nuestros pueblos es a través de un diálogo constructivo y permanente que procure la búsqueda y alcance de soluciones realistas y mutuamente consentidas. Estoy seguro de interpretar a la inmensa mayoría de los chilenos y, por qué no decirlo, también a muchos bolivianos. Lo saluda atentamente, Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

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