
Una vista general del parque en la que se aprecia la vegetación y uno de los ríos navegables.
“La diversidad de plantas en Bolivia aumentó más de la mitad, desde hace unos diez años, cuando se intensificó la investigación en el Parque Nacional Madidi”, asegura el biólogo Freddy Zenteno, del Herbario Nacional.
El investigador ha recorrido los senderos del parque y es quien registró para la ciencia los árboles que producen la resina del incienso, material utilizado en los rituales andinos.
El hallazgo de esta resina, que es utilizada desde la antigüedad, evidencia que los pueblos precolombinos tenían contacto con los habitantes de las tierras bajas, acota el especialista.
Zenteno destaca que el trabajo de los investigadores ha derivado en que el número de especies vegetales conocidas por la ciencia crezca exponencialmente.
Una década atrás, el Herbario Nacional de Bolivia disponía de 20 mil colecciones conservadas en sus predios. Actualmente, la cifra subió a más de 60 mil, en especial de muestras recogidas en el Madidi.
Hasta la fecha, el país cuenta con 18 mil especies identificadas por la ciencia. De ese total, 10 mil ocupan el citado parque. El área abarca 1,8 millones de hectáreas y es uno de los más grandes del territorio boliviano.
Su particular topografía, con altitudes que varían entre los 6.000 metros sobre el nivel del mar (msnm) y descienden hasta menos de los 200 metros sobre los mares, le ha dotado de un sinfín de “espacios propios para la aparición de diferentes hábitats”, añade Zenteno.
El investigador recuerda que, en el sentido Norte-Sur, el parque y los sectores que se ubican fuera del mismo suman decenas de ecorregiones.
En el norte amazónico, el más bajo con relación al nivel oceánico, hay bosques altos, sabanas, pajonales, encerrados (vegetación alta, rodeada de otra más menuda).
En este sector hay castañas, gomas y palmeras muy especiales; de estas dos últimas, Zenteno destaca que existen dos propias de Bolivia (Real Mauritia flexuosa y Palmilla mautaculeata).
También llaman la atención los gigantes vegetales. Los árboles son como catedrales góticas, sus copas superan los 50 metros de altura. Por eso, el suelo es muy oscuro, ya que las hojas superiores forman un techo impenetrable.
Entre los 500 y 1.000 metros de altitud, el bosque recibe el nombre de pie andino. El sitio es más húmedo y acoge a especies que vienen del Amazonas y del norte de los Yungas, es una zona de transición, aclara Zenteno.
La franja más interesante del Madidi, para el biólogo, es la que corresponde al bosque montano, en las inmediaciones de Pelechuco y Apolo. En este sector, la altura promedio es de 1.000 msnm y la gradiente del bosque diversifica las posibilidad de vida. “Hay sectores más húmedos y otros que reciben más luz del sol”.
En niveles más altos, entre los 1.000 y 3.000 msnm, ya hay keñuales y manchas de bosque seco, similares al bosque seco chiquitano, vale decir, vegetación más baja (hasta unos 30 metros de altura).
Casi en los límites del parque, éste se encuentra con el páramo yungueño, similar a Pongo y Unduavi. Aquí hay humedad, musgos, arbustos, pajonales y el clima es más bien frío.
En los sectores más altos, en las inmediaciones del área protegida de Apolobamba, la ecorregión se denomina Altoandino, hay nieve y glaciares y la vegetación crece aislada en las grietas.
Si imaginariamente se atraviesa la cordillera, totalmente fuera de los lindes protegidos, los hábitats se repiten, pero con la condicionante de que en el sector oeste existe un gigantesco humedal, el lago Titicaca, que transforma las características climáticas de la puna andina, más conocida como altiplano.
Palmeras multiuso
Los científicos encontraron, al menos, dos palmeras típicas del bosque boliviano. Éstas son la Real Mauritia flexuosa y Palmilla mautaculeata.
La primera (fotografía) tiene tronco grande, acolumnado y rematado por una enorme y densa corona con hojas dispuestas en abanico, que se podrían describir como cascadas de fuegos artificiales.
Ambas palmeras son auténticos gigantes del bosque amazónico paceño y los límites del Madidi. Las dos desarrollan rápidamente.
Los frutos son comestibles y muy apetecidos por los animales del lugar, primates, aves y otros.
Helechos cercanos a humedales
Una de las especies nuevas del Madidi son los helechos Osmunda cinnamomea (helecho canela). La planta forma colonias en los humedales del parque. Estos helechos entrelazan macizos de raíces densas con otras finas. Esta masa de raíces es un excelente sustrato (lugar que sirve de asiento a una planta o un animal fijo) para muchas otras plantas que circundan al helecho. Además, pueden ser cosechadas por su fibra y usadas en horticultura, especialmente para propagar y hacer crecer orquídeas. Precisamente, estas flores proliferan en el corazón del bosque.
NOMBRES
• Mara. También llamada caoba (swietenia macrophylla). Es un árbol de hasta 35 metros de altura, se distribuye en el bosque amazónico, generalmente por debajo de los 1.200 msnm. Su madera tiene alto valor comercial. Es una especie vulnerable y amenazada por la extracción excesiva .
• Helecho arbóreo. (Cyathea sp.) Es propio del bosque nublado húmedo de montaña, varía de 6 a 15 metros de altura, se desarrolla entre los 1.000 y 3.000 msnm. Existen 41 especies distribuidas desde las Antillas y sur de México, hasta el norte de Argentina.
• Mapajo. Árboles de hasta 30 metros de altura. Las traiciones señalan que si produce muchas flores habrá una buena cosecha. Cuando los frutos revientan, sueltan un algodón que se usa para tejer un ‘mareco’ (bolsita para llevar los animales cazados) o algunas ropas.
• Cattleya rex. Es una orquídea de flores rosadas y fucsias, que superan los cinco centímetros de tamaño. La planta fue encontrada en el Madidi en el 2007. El Festival de la Orquídea (Santa Cruz, 2008) fue su presentación en sociedad.
El incienso es un tesoro oculto en el norte paceño
FREDDY SANTIAGO ZENTENO-RUIZ, Herbario Nacional de Bolivia
La mayoría de la gente piensa que el incienso es un mineral y no así una resina que se solidifica y cristaliza en la corteza de una planta. Esta planta, conocida localmente como el árbol de incienso de la familia Clusiaceae (Guttiferae), está distribuida en el bosque montano húmedo de los Yungas, en la vertiente andina oriental de Bolivia (en las áreas protegidas de Madidi, Apolobamba y Cotapata).
A pesar de que es una especie de importancia económica y cultural, probablemente usada por culturas andinas antiguas, y reportada desde 1687 por las misiones franciscanas de Apolobamba, fue recientemente descrita y formalizada por la comunidad científica como Clusia pachamamae Zenteno-Ruiz & A. Fuentes 2008, que fue patrocinada por el Herbario Nacional de Bolivia (LPB) y Missouri Botanical Garden (MO), publicada en la revista internacional NOVON, el 27 de febrero del presente año en el Vol.18: 130–134.
El epíteto específico pachamamae fue elegido en honor a la diosa andina Madre Tierra y en homenaje a las culturas andinas, que en la actualidad siguen quemando la resina de esta especie en acontecimientos religiosos y en todo tipo de celebración de la cultura andina.
El árbol de incienso se desarrolla generalmente en zonas muy particulares del bosque montano de los Yungas, en las cabeceras de cerros o serranías a una altitud de 1.700 a 2.500 metros sobre el nivel del mar (msnm), de muy difícil acceso, incluso para los animales de carga.
Para llegar a los inciensales hay que caminar dos o tres días y padecer de fatiga física, sed, frío y en ocasiones hambre y cargar consigo la pesada cosecha por caminos difíciles en el bosque, bajo el riesgo de ser picados por serpientes venenosas.
Antes de la cosecha, los recolectores deben efectuar algunos cortes sobre la corteza del incienso para provocar la secreción de la resina; después de un tiempo, ésta se cristaliza.
Su recolección actualmente es desordenada, debido a que no existen límites y es una actividad alternativa y complementaria fuente de buenos ingresos económicos comparada con los precios de la agricultura. Un inciensero recolecta de 5,5−8,18(−11,36) kilogramos de incienso en tres a cinco días de trabajo y los precios oscilan entre 44 a 66 bolivianos por kilo en los poblados cercanos. A veces, la resina es intercambiada (trueque) por comestible. Aparte de tratarse la extracción del incienso con precios especulativos, los fondos canalizados no van en beneficio directo a las comunidades que cosechan la resina, sino a contadas personas conocidas como intermediarios o “rescatistas” que la comercializan en La Paz desde 110 hasta 132 bolivianos.
Recientemente, el precio del incienso tuvo un incremento, el kilogramo llegó a los 60 dólares.
En el mercado de La Paz hay otro tipo de incienso que, según las “chifleras”, es de Perú y que es comercializado a menor precio que el boliviano, sus cristales son más grandes y el aroma es distinto, por lo que la gente prefiere el producto nacional.
Su valoración en el mercado provoca que más gente de las comunidades del Norte de La Paz se dediquen a la cosecha del material.
Pero como no existen regulaciones de la cosecha y como se hacen demasiados cortes a las cortezas, las plantas están afectadas, porque esta acción puede provocar la muerte de los árboles, lo que dificulta la preservación de esta especie.
Por ello, es obligatorio desarrollar estudios sobre la biología, ecología, distribución potencial, periodos de floración y fructificación, periodos óptimos y buenas prácticas de cosecha de esta planta. Aspectos imprescindibles para generar acciones de desarrollo sostenible para este vegetal producto.