Ciudades

Ocho ministros escapan por los techos ante los dinamitazos

La firma de Evo Morales en el acta de los acuerdos con Comcipo trabó el diálogo. Tras el ataque, Álvaro García denunció un atentado contra la vida de los ministros 

Tensión. Un cachorro de dinamita hizo volar el candado de la reja del predio estatal, los mineros entraron para apedrear el edificio, rompieron 8 ventanales.

Tensión. Un cachorro de dinamita hizo volar el candado de la reja del predio estatal, los mineros entraron para apedrear el edificio, rompieron 8 ventanales. Miguel Carrasco.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe / La Paz

03:40 / 23 de julio de 2015

Entre las 13.41 y 14.11, ocho ministros de Evo Morales y cuatro viceministros vivieron una media hora angustiante, y tuvieron que salir por el techo para escapar del ataque minero al edificio ministerial, donde se realizaba un encuentro preliminar con una delegación de Comcipo para sentar las bases del diálogo.

Los afectados fueron el titular de Gobierno, Carlos Romero; de la Presidencia, Juan Ramón Quintana; de Obras Públicas, Milton Claros; de Salud, Ariana Campero; de Minería, César Navarro; de Transparencia, Lenny Valdivia; de Medio Ambiente y Agua, Alexandra Moreira; y de Desarrollo Productivo, Verónica Ramos, y cuatro viceministros.

La exigencia de que el mandatario Evo Morales suscriba los acuerdos con el Comité Cívico Potosinista (Comcipo) hizo abortar la negociación a 22 días de que estallara el conflicto regional por un pliego de 26 demandas. “No había resguardo policial, creímos en su buena fe”, dijo el vicepresidente Álvaro García, quien además denunció que hubo un atentado contra la vida de los ministros.

En la historia reciente nunca un edificio de la cartera encargada de la seguridad interior, situado en la avenida Arce de La Paz,  había sido atacado por manifestantes, quienes con cachorros de dinamita y piedras destrozaron al menos ocho ventanales. “Es un atentado personal contra los ministros, contra los periodistas, hay un funcionario herido, han dinamitado dos movilidades (...) lo que ha sucedido es muy grave”, dijo el Vicepresidente.

No habían pasado ni 20 minutos desde que el presidente cívico  Johnny Llally abandonó la sala de conferencias, cuando detonó el cachorro de dinamita que hizo temblar el edificio donde funcionan los viceministerios de Régimen Interior y Policía y el de Seguridad Ciudadana, y destruyó el candado de la reja. Un centenar de trabajadores que hacían vigilia se precipitaron dentro.

Romero había hecho uso de la palabra tras la salida de los cívicos  y Quintana lamentaba esa decisión cuando detonó el explosivo. Eran las 13.41. Las autoridades escaparon a la primera planta y junto con medio centenar de periodistas se refugiaron en una sala de cuatro por cuatro metros.

En el tumulto salió herido Saúl Panoso, funcionario administrativo de esa cartera. El pánico envolvió el ambiente y mientras unos intentaban salir por alguna puerta, camarógrafos y fotógrafos buscaban tomar imágenes del asedio.

Los ocho ministros y los cuatro viceministros salieron por un baño y treparon por una ventana, caminaron por los techos, llegaron a un balcón e ingresaron a otro ambiente del edificio y ahí esperaron media hora.  “Evidentemente, se ha salido (por un baño), hemos escapado con ayuda de algunos compañeros. Hemos salido por donde hemos podido, ha sido una situación bastante tensa”, contó unas horas después la ministra Campero.

“Hasta el momento, este fue el mayor susto que hemos vivido, porque no es normal que te cerquen a punta de dinamitazos”.   Después de casi media hora, fueron evacuados en grupos —primero las mujeres y luego los hombres— y salieron en camionetas por la calle Hermanos Manchego que se encuentra detrás.

Fue el primer atentado a un ministerio en un periodo democrático, recordó la analista política  María Teresa Zegada.  “Este tipo de medidas (ataque a un ministerio por parte de mineros) solo se veía en gobiernos dictatoriales o militares”, añadió.

Mientras eso pasaba dentro, afuera los policías que llegaron al lugar intentaban repeler a los mineros, que se parapetaron en la final Belisario Salinas, a dos cuadras del ministerio. Otros les asediaban en la avenida Arce, a metros de la Embajada de Brasil. Por 20 minutos se produjo un enfrentamiento entre los policías antimotines y los manifestantes; gases lacrimógenos y balines de goma contra los explosivos.

En estas circunstancias, una bomba molotov cayó en el jardín de la Embajada de Alemania e incendió un árbol, el hecho provocó más alarma entre los vecinos de los edificios. Finalmente, las fuerzas del orden pusieron en fuga a los mineros, quienes se escabulleron por la calle Capitán Ravelo. Otros policías llegaron en motocicletas y despejaron la avenida Arce.

Un grupo se dirigió hasta la residencia presidencial, situada en el barrio de San Jorge, seguidos por los policías que hicieron correr a los manifestantes por la calle Clavijo, que conecta con la avenida Kantutani. Antes de huir, los obreros de las minas prendieron fuego a cuatro árboles. Por ese sector fue detenido Juan Carlos Paco Veramendi, periodista de radio Líder, quien no portaba su credencial. 

¿Qué pasó para que otra vez el diálogo se frustre y se desate la violencia? A las 11.00, cuando Llally anunció que aceptaban la nueva convocatoria al diálogo, el mensaje fue claro: “iremos a rayar la cancha”, ya que —según dijo— los términos planteados por el Gobierno no eran claros respecto a la presencia de Morales y su rúbrica en los acuerdos alcanzados, La dirigencia se dirigió al punto de reunión a pie desde el coliseo universitario donde están alojados. En el camino se les unieron cooperativistas mineros y universitarios potosinos.

Una vez en la puerta del edificio, los cívicos entregaron una lista con los nombres de 36 representantes que iban a hablar con los ministros: entre ellos estaban dirigentes gremiales, del magisterio urbano y rural, transporte libre, universitarios, indígenas de Coroma, de las ferias, de beneméritos del Chaco, de Escuelas de Cristo, entre otros. 

A las 12.25, cuando ingresaron a la sala de conferencias el presidente cívico y su vicepresidente Marco Pumari, al menos 11 cachorros de dinamita habían explotado en la puerta del edificio, pese a lo cual se instaló la reunión.

La primera discrepancia se produjo porque no se había permitido el paso de todos los acreditados, pero el debate se calentó cuando Llally insistió en que el diálogo sea transmitido por el canal estatal, cuya red de fibra óptica —según explicó más tarde el Vicepresidente del Estado— fue dañada por un dinamitazo.

Cuando tocó hablar sobre el rol que iba a jugar el Presidente llegó la ruptura. Romero explicó que Morales no tenía la atribución constitucional de firmar acuerdos (citó el artículo 172 de la Constitución), lo que no satisfizo a los cívicos. Llally abandonó la mesa y fue seguido por el resto de la comitiva. Cuando quienes hacían vigilia en la calle los vieron salir, comenzó el asedio.

Tensión adentro

Dentro de las oficinas donde funcionan los Viceministerios de Régimen Interior y de Seguridad Ciudadana era imposible respirar por los gases lacrimógenos disparados por la Policía, mientras mineros potosinos arrojaban piedras a los ventanales del edificio estatal. Policías antimotines se trasladaron hacia el sector de la residencia presidencial de San Jorge para dispersar a los manifestantes.

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