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Cristian fue quemado por error el día que bebió por primera vez

Cristian estuvo atado a un poste de luz en una plaza durante dos horas. ‘Por qué me han hecho esto a mí, si me conocían y yo no les hice nada’.

Cristian muestra las quemaduras de sus piernas mientras relata su dolor. Foto: Miguel Rivas.

Cristian muestra las quemaduras de sus piernas mientras relata su dolor. Foto: Miguel Rivas.

La Razón / Miguel Rivas / El alto

00:00 / 23 de septiembre de 2012

Era la primera vez que Cristian había bebido. Ese día fatídico decidió ir a la casa de su abuela para no ser regañado por sus padres. Pero se equivocó de puerta. Cuando el dueño de la casa ajena salió a ver, pensó que se trataba de un delincuente.

El vecino, F. L. Nieto, asustado llamó a su esposa y ésta a los vecinos. Inmediatamente se formó una turba que pidió linchar a Cristian, quien no podía dar explicaciones por las copas demás.

Así, terminó en medio de una hoguera que encendió el grupo. No murió, pero quedó con secuelas que le impiden retornar a su vida normal, incluso después de seis meses de esa noche trágica del 10 de marzo.

El joven de 15 años aún está postrado en cama con quemaduras en el 40% de su cuerpo. Pero el dolor no sólo está en la piel, sino también en el alma. “¿Por qué me hicieron esto, si me conocían?”, dice entre lágrimas al recordar aquellas horas oscuras.

En la tarde de aquella  jornada, Cristian había salido de su casa en Villa Exaltación Primera Sección a jugar fútbol. Pero luego del partido, sus amigos y otras personas le invitaron a beber. “Compraron trago, no cerveza”. Era la primera vez que ingería bebidas alcohólicas. Sus amigos, al verlo mareado y para evitar la reprimenda, lo acompañaron no hasta la casa de sus padres, sino a la de su abuela, que vive en la misma zona, a sólo diez cuadras de su casa.

A las 22.00 de ese día, la madre y la hermana de Cristian se preocuparon porque éste no regresaba. “Nunca llegaba tarde, pensamos que había ido donde mi abuela ya que no contestaba su celular”, recuerda Alicia, su hermana mayor.

Cerca de la 01.00 del día siguiente, Cristian, acompañado de dos de sus amigos, llegó a la puerta de la casa de F. L. Nieto, pensando que era la de su abuela e intentaron ingresar.

“Salió F. L. Nieto y nos dijo ladrones. Mis amigos se escaparon, me dejaron solo. Como yo estaba borracho y además no era ladrón, me quedé en el lugar, pero luego vi que su esposa reunió a gritos y tocando puertas a otros vecinos. Todos gritaban, ¡ladrón!, ¡ratero!, ¡peruano! y me empezaron a golpear. Eso me hizo reaccionar un poco, por un momento, pero luego los mismos golpes me desvanecieron”, relató Cristian desde su lecho de convaleciente.

Inmediatamente sintió que le amarraron las manos hacia la espalda y lo arrastraron hasta el centro de la plaza Juan Evo Morales, y allí fue atado a un poste.

Uno de los vecinos, René L. P., que testificó en el caso que se sigue en contra de los instigadores y autores del intento de linchamiento, relató que la gente gritaba: “¡Hay que matarlo!, ¡hay que quemarlo!”, según el abogado de la familia, Erick Raúl Rollano.

Aquél llegó al lugar a la 01.00. Una de las vecinas le dijo que atraparon a uno de tres jóvenes ladrones que intentaron entrar a la casa de F. L. Nieto.

“Me acerqué al joven capturado, le pregunté quién era, dio una dirección que no me ubicaba. Luego, la gente venía de todo lado y le pegaba. 45 minutos después, N. Canaza presionó al señor Nieto para quemar al muchacho. Allí intervino M. A. Apaza y dijo que deberíamos ejecutarlo”.

Apaza y Canaza argumentaron que se debería hacer respetar la zona e instigaron para que le prendieran fuego.

La hoguera hizo gritar a Cristian, que aún no se recuperaba de los efectos del alcohol. “Les dije que me dejen ir, que no era ladrón...”, contó Cristian, pero detuvo su relato porque el recuerdo removió el dolor y le brotaron las lágrimas.

Al rato se recuperó y, con voz entrecortada, prosiguió: “Me han perjudicado, no podré jugar, estudiar ni trabajar nunca más”.

Unos minutos después de haberle rociado gasolina y prendido fuego, el testigo se acercó y le preguntó quién era, él dio su nombre, el de su papá y el de su tío. Entonces, René L. P. se dio cuenta de que pertenecía al barrio y alertó a los demás.

“Uno de ellos exclamó: ‘Nos hemos confundido, hemos quemado a un inocente, pero nadie debe decir nada, debemos hacer un pacto de silencio’”, explicó René en su testimonio. Entonces la gente trataba de disimular y cuando llegó la Policía indicaron que el joven había intentado robar una garrafa.

“Eran cerca de las 02.00 cuando recibí una llamada de mi tía que estaba en Santa Cruz, no sé cómo se enteró —recordó Alicia. Me contó que a Cristian le estaban pegando en la puerta de su casa de El Alto. En ese momento tocaron la puerta y unos vecinos me relataron lo que pasó. Entré corriendo y avisé a mi mamá”.

Ambas fueron al lugar del incidente, pero no hallaron a Cristian. En cambio, recibieron insultos de los vecinos, que las tacharon de delincuentes y cómplices.

Luego se enteraron de que el joven que estuvo a punto de ser linchado fue conducido a la clínica El Salvador, en la que lo encontraron con resguardo policial.

Allí estuvo tres días, y al cuarto fue conducido al Hospital de Clínicas, a la Unidad de Quemados, a insistencia de la familia.

Tres veces le pusieron injertos de piel extraída de su espalda. Aún sus músculos no pueden doblarse y debe hacer ejercicios leves para recuperar la flexibilidad. Rollano dice que el joven todavía no recibió ayuda psicológica.

El que le roció con gasolina está en prisión

El caso de Cristian llegó a los estrados judiciales. Actualmente existe un detenido en la cárcel de San Pedro, se trata de M. A. Apaza, quien fue acusado de haber rociado con gasolina al joven de 15 años.

El abogado de la familia Laura Aruquipa, Erick Rollano, informó que el juicio sigue su curso pese a las amenazas de los implicados en contra de los testigos y de la familia.

La noche del 10 de marzo y la madrugada del 11, al menos 100 vecinos fueron partícipes en el intento de linchamiento en contra de Cristian Laura Aruquipa. “Las declaraciones de los testigos son contundentes. René L. aseveró que Apaza dijo que saquen gasolina para quemarlo (a Cristian). La esposa de éste dio una botella con este líquido y luego le rociaron primero en las manos y le prendieron fuego. Apaza le volvió a echar gasolina, esta vez en los pies. Nieto le sacó las zapatillas y el primero le prendió fuego”, explicó el abogado de la familia Laura.

La esposa del testigo intentó apagar las llamas, pero fue increpada y acusada de ser cómplice, por lo que decidió apartarse del grupo. Luego, Rene L. logró acercarse al muchacho y le preguntó quiénes eran sus familiares, y éste respondió y dio nombres que el testigo conocía, por lo que alertó a Apaza y a N.Canaza. Quienes admitieron que se habían equivocado, y allí acordaron guardar silencio.

Rollano explicó que el proceso se sigue en contra de Apaza, como principal autor, pero también están inculpados Nieto, Canaza, Chila, N. Salgado, C. Ichuta y otros.

El caso se encuentra en etapa preparatoria. Pero con los elementos de prueba presentados, el fiscal Édgar Alarcón imputó a Apaza por tentativa de asesinato. “Pero no lo hace por lesiones gravísimas y encubrimiento, que también existe porque hay coautores”.

Los implicados intentaron llegar a un acuerdo con los padres del joven e indemnizarlo con 12 mil dólares, pero Rollano desechó esta posibilidad y dijo que se seguirá el caso hasta que los autores cumplan sentencia y se haga justicia por Cristian.

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